¿Quién es el responsable de la crisis? Primero el Estado y después… todos nosotros
Los tres orígenes de la crisis son el dinero a un precio ridículo, la mala regulación del sistema financiero y la imprudencia de los consumidores. Los dos primeros tienen que ver directamente con el Estado, que es quien produce el dinero y quien establece las normas, y el tercero con nosotros, los que nos compramos más casas de las que podíamos pagar.
Diarioexterior.com
viernes 10 de octubre de 2008
Para resolver todas las crisis que en el mundo han sido desde 1987, la Reserva Federal ha apostado por poner el dinero muy barato para reactivar el consumo, verdadero motor de las economías desarrolladas.
Bajar el precio de los dólares puede ser una decisión inteligente en un momento determinado: bajamos el coste de todo y aprovechamos el ajuste para darle un fuerte empujón a un sistema tambaleante. De repente, las hipotecas valen menos y los consumidores se preguntan cuánto tiempo llevaban sin darse un capricho o intentar la compra de una casa.
Pero mantener esa política es una temeridad, porque engañamos al mercado y estafamos a los consumidores. Como todos creen que las cosas se mantendrán en un precio relativamente bajo, la fiebre de las compras y el optimismo inducido se convierten en el santo y seña de la nueva sociedad. Las empresas se lanzan a adquirir materiales que no necesitan y la gente, incluso los que no soportarían un simple vaivén del mercado, se animan con las hipotecas baratas.
Desde 1987 hasta hoy esta es la política monetaria que se ha seguido, a grandes rasgos, en Estados Unidos. Obviamente, la responsabilidad de este gravísimo error es del Estado.
En el año 1999, Bill Clinton aprobó la Ley Gramm-Leach-Bliley de Modernización de los Servicios Financieros, que se ha probado un fracaso a la hora de mejorar la calidad de los bancos, cajas y aseguradoras. Gracias a esa norma, se toleraron las imprudencias de muchos ejecutivos y el sistema comenzó una carrera de fondo hacia el abismo, que llegaría ocho años más tarde. Las regulaciones de la mayor parte de los países europeos siguieron con entusiasmo la estela de Washington, aunque ahora afirman si pudor que la culpa es toda los americanos.
El fallo de una ley mal hecha tampoco parece un fallo del mercado en este caso sino de unos dirigentes políticos que no comprendieron bien las peculiaridades del sistema financiero. El Estado vuelve a convertirse en el responsable de otra de las causas de la crisis.
Los consumidores y los ciudadanos en general que no supieron calibrar sus capacidades de pago o que pensaron, absurdamente, que el precio de la vivienda desafiaba a la ley de la gravedad, se han visto cruelmente entrampados en el crack de 2008. Aunque muchos no podían prever que se quedarían sin empleo o simplemente esperaban vender la vivienda que tenían para marcharse a vivir a otro lugar, lo cierto es que la mayoría de la gente o se ha enriquecido jugando con el precio de sus pisos o ha firmado una hipoteca que sabían que no podría pagar al menor golpe de viento.
La responsabilidad no es, en nuestra opinión, de los bancos que ofrecen el producto sino de quien lo adquiere sabiendo en su fuero interno que su morosidad pende de un hilo. Es verdad que hay directores de sucursal muy agresivos, pero es raro conocer a uno solo que firme una operación millonaria cuando cree que será difícil que le reembolsen el principal y los intereses.
Quien más y quien menos ha comprado, consumido, invertido más de lo que debería porque se sentía en condiciones de hacer frente a cualquier cosa menos a una crisis financiera. Pero la crisis financiera ha llegado y esto no un vaso de leche con melanina que alguién adulteró en Hebei, sino una copa de buen vino que no podemos pagar porque ya no hay dinero en nuestra cartera.
En definitiva, hemos de recordar que el Estado y nosotros mismos tenemos una importante responsabilidad en la crisis y no debemos olvidar que el mercado se ha comportado de una forma previsible con una regulación desastrosa, una pésima política monetaria y unos consumidores dedicados a vivir como si fueran a morir mañana.
http://www.eldiarioexterior.com/noticia.asp?idarticulo=22895&tema=firmas&subtema=editorial
Tienes razon, pero los mayores beneficiados de todo esto han sido los banqueros que aunque hayan quebrado algunas instituciones bancarias a ellos les han garantizado su buena porcion del pastel.
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