martes 7 de octubre de 2008
LUIS POUSA
CELTAS SIN FILTRO
La estrella de Quintana
En el cartel que cubría la parte delantera del atril desde el que Anxo Quintana se dirigió a los delegados e invitados de la asamblea del BNG, aparecía en la parte de abajo el conocido logotipo de la organización nacionalista: un barco cuyo casco son las siglas, y un velamen que se identifica con la bandera de Galicia, sobre la que está impresa una estrella roja de cinco puntas afiladas.
Probablemente sea esa estrella roja de cinco puntas el único símbolo que queda hoy en el Bloque de unos tiempos idos en los que se definía como una fuerza nacionalista, radical y de izquierdas. Un recuerdo que, quizá, ya ha sido asumido por buena parte de la militancia como un elemento estético, que ha perdido el valor semiótico y seminal que tuvo hasta fechas más relativamente recientes, más concretamente hasta la firma, en junio de 2005, del acuerdo con el PSdeG para conformar un Gobierno de coalición.
Si, como ha señalado Gurutz Jáuregui (Anagrama, 1994), pasado un período de acciones directas, rupturistas, de gran entusiasmo e intensos debates ideológicos, los movimientos -y en eso se reconvirtió el Bloque al reconstituirse como organización asamblearia en la primera mitad de la década de los 80- suavizan sus rasgos iniciales, en la medida que se afianzan y ganan tradición. En el caso que nos ocupa, ese proceso ha estado parejo a su grado de institucionalización o aceptación del marco legal del sistema, con los consiguientes cambios y transformaciones, hasta llegar a lo que hoy es el BNG liderado por Quintana: una fuerza política que opera bajo las mismas coordenadas que los partidos de poder, y como tal es homologable al PNV y a CiU en la versión nacionalista.
En ese sentido, la referencia de Quintana a su condición de bloqueiro no es tanto una manera de asumir el pasado, que también, como de identificarse con el proceso que le ha llevado a él y al Bloque al poder. Y que como todo proceso inmerso en la dinámica política no está concluido. De momento, su próximo objetivo es cosechar el mejor resultado electoral de la historia del nacionalismo gallego; ciertamente ambicioso, pues supone superar los 391.000 votos y 19 escaños cosechados en 1997 por el BNG, con Beiras como candidato a la presidencia de la Xunta.
La asamblea de Santiago ha servido para ratificar casi por aclamación el liderazgo de Anxo Quintana; y no sólo eso, también los cambios introducidos en la estructura, incluida la fórmula de sustituir la participación directa de la militancia en la asamblea por la de delegados que la representan.
La ausencia de los sectores críticos y el volumen del aval conseguido por Quintana confirman que el Bloque ha asumido con todas las consecuencias el reto de ser gobierno desde el pragmatismo de sumar el mayor número de votos posible.
Quien lidera esa nueva mayoría no es un intelectual, no escribe libros de ensayo, no toca el piano y sus discursos y gestos van dirigidos a la calle antes que a la universidad y el ateneo, porque es ahí donde se conquista el poder. Por eso lo que marca la dirección hacia donde va Quintana no es la estrella roja de cinco puntas afiladas, sino otra de cinco brazos de punta roma, situada en el cartel por encima de aquella y que, cual estrella polar, pretende guiar al barco del BNG hacia un proxecto transformador y un presidente para a nosa nación. Mas claro, imposible.
http://www.elcorreogallego.es/index.php?idMenu=13&idEdicion=1029&idNoticiaOpinion=350599
martes, octubre 07, 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario