Retos innumerables
JUAN VELARDE FUERTES
Lunes, 20-10-08
«Con aquesta polvareda, perdimos a Don Beltrane», decía el romancero. Y ahora mismo lo malo de las recientes medidas financieras, para impedir un derrumbamiento de esta situación -también de la española-, lo que hubiera supuesto un cataclismo para nuestra economía, puede hacernos perder de vista que nuestra crisis exige poner remedio a males inmediatos.
Si no se alivian, la decadencia económica española surgirá, por mucho tiempo además. Conviene añadir que su aparición es ajena, totalmente, a la crisis financiera internacional que ahora mismo nos acongoja. Por eso conviene revisar algunos de los cambios esenciales, que se suman a las reformas estructurales ineludibles en el ámbito financiero.
Quizá el primero de ellos es liquidar la fragmentación del mercado español. Resulta curioso que su homogeneidad y apertura fuese siempre, como destacó desde 1935 Perpiñá Grau, la gran exigencia de Cataluña. El que precisamente un Estatuto de Cataluña sea ahora uno de los grandes impedimentos para esa homogeneidad, lleva a pensar en el mensaje implícito en el famoso ensayo del gran economista Vandellós, «Catalunya, poble decadent», que aunque se refería a la demografía, también enviaba un mensaje hacia otras cuestiones.
Si esta fragmentación del mercado interior, que se acentúa, no se resuelve -ahora lo vemos en el asunto del agua, que asombraría a un Manuel Lorenzo Pardo, elaborador de grandes planes de aprovechamiento hídrico tanto para la Dictadura como para la II República-, males continuos surgirán para nuestra productividad, para nuestra salida a los mercados exteriores, para nuestra progreso sin más.
El segundo es la obligada reestructuración del Estado del Bienestar. Las contribuciones a la Seguridad Social perturban los costes de las empresas, en tanto en cuanto suponen diferencias con los sistemas recaudatorios de otros países. Nuestra demografía, con una caída espectacular de la natalidad y un magnífico aumento de la esperanza de vida, crean unos porcentajes de ancianos, y por tanto, de pensionistas, descomunales, que en un régimen de reparto, alteran las cargas de este tipo.
El desempleo, va a subir espectacularmente de aquí en adelante. Los inmigrantes plantean problemas específicos que no pueden ser desatendidos. El Sistema Nacional de Salud, como consecuencia de la acción de las autonomías, se aproxima a un galimatías encarecedor si no se ataja con prontitud. Léase el libro de Rodríguez Vigil, «Integración o desmoronamiento. Crisis y alternativas del Sistema Nacional de Salud» (Aranzadi, 2008). La ayuda a las familias, esencial en el mundo comunitario, se ha esfumado. Es necesario algo más que un segundo Pacto de Toledo.
Finalmente, los mercados españoles, por multitud de causas institucionales -ahí está el libro dirigido por Carlos Sebastián,«Instituciones y economía española» (Fundación Ramón Areces, 2008) para puntualizarlo- han pasado a ser crecientemente rígidos. Su fruto va desde la inflación estructural a la caída en la productividad. Sin alterarlos, será imposible el progreso.
¿Y qué decir de la reforma energética? Pero, ¿la educativa? ¿Y...? Sobre todo, es preciso recordar una frase de Friedman: «El trabajo efectivo de las fuerzas básicas... como el espíritu de empresa, la invención, el duro trabajo y la sobriedad, son aun los verdaderos resortes del desarrollo económico».
http://www.abc.es/20081020/opinion-firmas/retos-innumerables-20081020.html
domingo, octubre 19, 2008
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