lunes 6 de octubre de 2008
JOSÉ VILAS NOGUEIRA CATEDRÁTICO DE CIENCIAS POLÍTICAS
memoria de los días
Un país de carboneros
Por lo de la fe, digo. La secta socialista-nacionalista (y sus opinadores asalariados) ha conseguido difundir entre la mayor parte de los ciudadanos un crédito hacia sus dirigentes a prueba de razonamientos. Es inútil pretender discutir con ellos. Porque, además, son ignaros y mentirosos. La primera condición les anula el sentido del ridículo; la segunda manifiesta el profundo desprecio que les merecen sus siervos, teóricamente "ciudadanos". Aunque esto es así desde hace al menos un quinquenio; no digamos ahora, en que una gran crisis económica ha subvertido los sistemas financieros de los países más poderosos. Rajoy se olió la crisis y consideró que era su gran oportunidad para ganar las elecciones. Decidió, por tanto, limitar su oposición a esta cuestión, pensando que los electores actúan como homo oeconomicus. Mal pensado, porque tal hipótesis sólo puede ser asumida cum grano salis. Total que su reduccionismo opositor no le ha aliviado de los insultos que el compañero José Blanco le dedica un día sí y otro también.
Más comedida es la vicepresidenta, envuelta en sus delicadas tenues rosas y malvas. Arrugando la boquita, ya de por sí arrugada, se lamentaba el otro día de que los "populares" no arrimasen el hombro, como acontece por doquier y, por el contrario, hablasen mal de su propio país. O sea, de ella, de su jefe Zapatero, de Solbes, vicepresidente segundo, y demás secuaces (A confesión de parte, relevación de prueba, España son ellos y sólo ellos). ¿Pero arrimar el hombro en qué? A diferencia de las administraciones de otros países, las únicas medidas adoptadas por este Gobierno son una sucesión de mentiras y disparates. Zapatero negó trescientas veces tres que hubiese crisis, y ahora presume de que "vamos" a superar a Italia. Solbes igual, hasta que despertó, considerando que la crisis era la más gorda nunca conocida. Sebastián, cuando era ya perceptible que la crisis iba a afectar a la producción de automóviles, y por tanto al empleo en este sector, dijo muy serio que cada vez que se cogía un transporte público, en vez del automóvil privado, se estaba creando un puesto de trabajo (¿Qué idea de la transferencia de puestos de trabajo entre sectores productivos tendrá este caballero, profesor universitario de economía?).
Pero los carboneros no abandonan su fe. "La culpa de la crisis la tiene el presidente Bush y sus asesores neoconservadores y neoliberales". El primer inciso es verdad, pero el segundo es imposible por contradictorio, ya que las políticas económicas de los neoconservadores y de los neoliberales son enteramente diferentes, y aun opuestas. Por otro lado, las informaciones relativas al "plan de salvación" de Bush revelan no sólo la abisal ignorancia de la política norteamericana, sino lo que es más grave, la miserable degradación de la democracia española. La democracia no quiere decir que el líder del partido que preside el Gobierno pueda decidir qué haya de votar el Congreso de Diputados, quién ha de presidir el Consejo del Poder Judicial y el Tribunal Supremo y qué leyes autonómicas son conformes o no a la Constitución. Esto pasa en España porque no es una democracia. La contaminación de esta perversión ha producido informaciones surrealistas. Como Bush es republicano, nuestros opinadores daban por supuesto que los miembros de la Cámara de Representantes que se oponían a su plan habían de ser demócratas. Pues, no, eran mayormente republicanos. En cambio, han sido demócratas los principales valedores del plan de Bush (y finalmente han conseguido su aprobación). Así que, menos lobos, queridos progres.
http://www.elcorreogallego.es/index.php?idMenu=13&idEdicion=1028&idNoticiaOpinion=350176
domingo, octubre 05, 2008
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