lunes, octubre 13, 2008

Ignacio Camacho, Gato blanco, gato negro

Gato blanco, gato negro

IGNACIO CAMACHO

Lunes, 13-10-08
EN momentos de grave confusión como éste, en el que la realidad se comporta de modo imprevisible y ajeno a cualquier modelo de conducta razonado, los expertos en economía se dividen en dos grandes grupos, poco diferentes en el fondo a los demás mortales: los que no saben nada y los que admiten que nada saben. Resultan mucho más fiables los segundos porque al menos no aventuran diagnósticos categóricos ni recetas concluyentes; están tan perplejos como todo el mundo y tratan de aferrarse a la menguada certeza de que no es hora de dogmatismos ideológicos, sino de tratar de agarrarse a cualquier fórmula que funcione. Siquiera un poco.
El desorden de las reglas previstas ha tumbado cualquier convicción fundamentada en lo teórico. Malos tiempos para los integristas, a los que se les caen las certezas con un estrépito de escombros financieros. El liberalismo está en quiebra y la socialdemocracia, aturdida. Los liberales de toda la vida predican a voces la intervención estatal y a los antiguos intervencionistas del posmarxismo se les ha olvidado el modo de intervenir con eficacia porque andaban entregados a los placeres de la desregulación. La mano invisible del mercado hace cosas muy raras que parecen juegos de prestidigitación en los que cada vez desaparece más dinero. Las referencias clásicas -Keynes, Popper, etcétera- no funcionan, pero nadie encuentra una alternativa porque estos erráticos comportamientos no estaban estudiados; se han quedado fuera de los modelos al uso y se producen con la escalofriante sinrazón de una antiutopía.
Turbadas y estupefactas por el desbarajuste, a las autoridades políticas sólo se les ocurren salidas convencionales, como las nacionalizaciones de bancos o las inyecciones de líquido -monetario- de emergencia, pero el sistema financiero parece haberse amotinado contra las decisiones institucionales; actúa solo, por su cuenta, con una siniestra autonomía especulativa. Esto no estaba previsto, es un caos funcional que no obedece a estímulos de formulario. Si no se trata del crepúsculo de las ideologías, es algo muy, muy parecido. De momento, se han oscurecido los principios y ni siquiera brillan las responsabilidades.
En medio de este galimatías sólo se van a salvar los pragmáticos. Los que encuentren, aunque sea por casualidad, un gato capaz de cazar el ratón escurridizo de la conducta del mercado. Ahora sí que da igual que el gato sea blanco o negro, porque hasta los más fundamentalistas han aceptado que sus ideas importan menos que sus ahorros. Primum vivere, deinde philosophari. La economía internacional se ha vuelto un tiovivo desbocado que gira a velocidad de vértigo entre los gritos de pánico de los niños aferrados a sus precarios caballitos de madera. El carrusel no obedece a los mandos, y urge un héroe que halle la manera de accionar la palanca de freno; el que lo logre quizá pueda construir sobre su hazaña un liderazgo, y sobre el liderazgo una teoría. Luego acaso alguien le ponga un nombre y presuma de haber refundado un sistema.

http://www.abc.es/20081013/opinion-firmas/gato-blanco-gato-negro-20081013.html

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