martes, octubre 07, 2008

Ferrand, ¿Quien soy yo?

¿Quién soy yo?

M. MARTÍN FERRAND

Martes, 07-10-08
ES muy posible que, dentro del seno del Gobierno, sólo Pedro Solbes tenga plena certeza de la gravedad de la crisis económica que nos sacude. De ahí su manifiesta e irritante incertidumbre. La paradoja es la gran herramienta para el disimulo de quienes pueden y no quieren, de quienes quieren pero no pueden y, como le ocurre al vicepresidente, que ya se chamuscó con la crisis que acabó -más que el GAL y la corrupción- con Felipe González, ni quieren ni pueden. El problema de Solbes no es el haber perdido el predicamento frente a la opinión pública, sino el no haberlo tenido nunca junto a un José Luis Rodríguez Zapatero que, como gran herramienta, tiende a promediar sus errores: chicos con chicas, jóvenes con talludos y listos con necios. Alguien de su confianza debiera explicarle que el pluralismo no es eso; pero, ¿hay alguien de su confianza?
Disciplinadamente, como corresponde a quien nunca, en toda su vida, ha tomado el riesgo de una iniciativa, Solbes ha llevado al Congreso unos Presupuestos de los que sabe a ciencia cierta que no son los que requiere el momento. No importa. Saldrán adelante porque nuestro sistema parlamentario, más afín al zoco que al ágora, es capaz de ponerle precio a cualquier postura. Así se agravará un problema que, sobre los generales de nuestro entorno, ya se engrandece con las oportunistas y procaces actitudes de revancha y perturbación con las que las Autonomías, sin grandes diferencias entre unas y otras, tratan de enmascarar su costumbre de gasto alegre, endeudamiento temerario y aplicación caprichosa de los recursos que les corresponden.
Solbes no sabe qué hacer con la situación y, seguramente, Zapatero no sabe qué hacer con Solbes. No les queda más remedio que echarle los perros de la ira a Mariano Rajoy y su perezoso, descoordinado y contradictorio equipo económico. No ganarán nada con ello, pero se entretienen y desahogan mientras les llega una inspiración imposible. La terapia, si existe, pasa por la reducción del gasto público no social y ese es, precisamente, el oropel que compensa las amarguras del poder.
Cuando, en 1935, Juan Ignacio Luca de Tena estrenó ¿Quién soy yo? -galardonada entonces por la Academia como la mejor obra teatral del año- puso en escena, en un país imaginario, el asunto político, moral y hasta amatorio de la suplantación de personalidad. Aquí y ahora, en este país nuestro, dramáticamente cierto, Solbes es quien debe preguntarse sobre su identidad verdadera y su papel escénico. No tiene edad para mascarón de proa, ni fuerzas para el sacrificio que se espera en un chivo expiatorio, ni condiciones para el encubrimiento continuado de la gran mentira gubernamental. Tiene que resultar duro, especialmente en ciertas edades y situaciones, preguntarse ¿quién soy yo? y no estar en condiciones de responder.

http://www.abc.es/20081007/opinion-firmas/quien-20081007.html

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