Unas cuentas autistas
FERNANDO FERNÁNDEZ
viernes 17 de octubre de 2008
HOY sabremos si los Presupuestos le son devueltos al Gobierno. La aritmética parlamentaria le es relativamente favorable; le basta con los seis diputados del PNV pues ya cuenta con los dos del BNG, tan encantados con tocar poder en Galicia que han desaparecido del espectro político. La intensa negociación es muy reveladora de las tribulaciones de un Ejecutivo más preocupado por evitar una derrota a toda costa que con ajustar las cuentas a una realidad económica y financiera que finalmente ha tenido que reconocer en toda su crudeza. Evitada la catástrofe financiera, parece pensar el presidente, podemos volver al paraíso de unas cuentas públicas que sobrestiman el crecimiento y los ingresos públicos y minusvaloran el desempleo y el gasto. No hay política económica en los Presupuestos, pero eso parece ser irrelevante porque ya ha pasado lo peor y podemos hacer la política de todos los días.
Contrasta esta actitud con la de los mercados financieros. Éstos parecen haberse despertado a la recesión con la publicación de resultados de las primeras compañías. Quizás nos hemos librado del abismo, pero todo apunta a que los beneficios empresariales, la generación de empleo y la creación de valor para el accionista van a estar bajo mínimos durante bastante tiempo. Y por eso reajustan sus expectativas, sus ratios de valoración y sus precios objetivos en un implacable ejercicio de lógica que puede tener consecuencias desagradables para algunas compañías cuyos proyectos han dejado de ser rentables, pero que es una garantía de sensatez. La denostada mano invisible, las decisiones autónomas de millones de personas anónimas en el gran bazar de la Humanidad que son las bolsas, puede parecer un casino, tales son los cambios de sentimientos y la volatilidad que exhiben últimamente. Pero el aparente caos tiene una lógica final, hay que ajustarse a una realidad diferente, a la inevitable recesión, y eso abre inmensas oportunidades de arbitraje entre los distintos tipos de inversores, optimistas y pesimistas, enterados e ingenuos, arriesgados y conservadores.
Ese proceso de ajuste de expectativas no se observa en el Gobierno. Los mercados serán caóticos, pero reaccionan a las noticias. Las autoridades parecen sencillamente autistas. Siguen empeñadas en apostarse las cuentas públicas a una casi impensable recuperación en el segundo trimestre de 2009. Ni siquiera han revisado las estimaciones de gastos financieros para incluir el coste del rescate. No es que sean impasibles al ruido de la calle, es que ni siquiera calculan sus propias decisiones. En un país serio, el Gobierno estaría obligado a presentar al menos una enmienda parcial y ofrecer una estimación del servicio de la deuda emitida como consecuencia del salvamento financiero. Aquí basta con que la vicepresidenta De la Vega divague sobre el control democrático del mercado y nos asegure que el contribuyente puede hacer un buen negocio. En un país serio, la oposición se lo exigiría y los medios de comunicación se lo recordarían todos los días. Pero en esta España de la ampliación de derechos y libertades, el papel de la oposición es asentir a lo que decida el Gobierno, que por supuesto no tiene el gusto ni la querencia de consultar sino que se limita a sorprender a Rajoy en cada visita, ¿quién acuñó aquello del tahúr del Mississippi? Y la prensa ha olvidado que su función democrática es evitar los abusos de poder y prefiere dedicarse a marcar a la oposición bien para influir en su relevo o bien asegurarse que no gana nunca. Sólo así puede explicarse que los Presupuestos se aprueben como están, que el Gobierno no tenga a bien retirarlos para abrir una negociación seria y no unas nuevas mesas sectoriales -reformas estructurales o Pacto de Toledo-, que se pueda convalidar el uso de 150.000 millones de euros, el 15 por ciento del PIB, sin mayores discusiones o que se nos haga creer que las Comunidades Autónomas van a limitar su déficit al 1 por ciento del PIB sin explicar cómo van a reducir el gasto en sanidad, educación y prestaciones sociales dado que la recaudación fiscal está cayendo a tasas superiores al 15 por ciento anual. Pero no se preocupen, que lo único importante es conseguir el voto del PNV mediante nuevas rupturas de la unidad de mercado en temas tan irrelevantes, o quizás tan sensibles, como el desarrollo científico y tecnológico y las prestaciones por desempleo.
http://www.abc.es/20081017/opinion-firmas/unas-cuentas-autistas-20081017.html
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