domingo, octubre 19, 2008

Daniel Reboredo, El espejismo de Bosnia-Herzegovina

El espejismo de Bosnia-Herzegovina

20.10.2008

DANIEL REBOREDO HISTORIADOR

L a política de los agravios pasados constituye el primer y último vínculo que queda entre las diferentes comunidades de la extinta Yugoslavia, y es en Bosnia donde se manifiestan en mayor medida. Todos están resentidos porque consideran que la comunidad internacional minusvalora los sufrimientos y pérdidas que han padecido en el pasado reciente. Nadie está conforme. ¡Qué difícil resulta para los pueblos asumir y depurar su participación en una historia criminal! Aunque la crueldad fue la característica más extendida por todos los confines de la destrozada Yugoslavia, es de justicia destacar que fue en Bosnia donde llegó a sus más altas cotas. Las barbaridades allí cometidas propiciaron su nacimiento como país cuando la mencionada comunidad internacional así lo decidió en los Acuerdos de Washington y Viena (18 de marzo de 1994) y en el denominado Acuerdo-Marco General para la Paz en Bosnia y Herzegovina, conocido como los Acuerdos de Dayton o Protocolo de París (celebrados del 1 al 21 de noviembre y rubricados el 14 de diciembre de 1995 en la capital francesa).
En los primeros, firmados por Haris Silajdzic (primer ministro bosnio), Mate Granic (ministro de Exteriores croata) y Kresimir Zubak (presidente de Herzeg-Bosnia), se acordó unir los territorios controlados por los croatas y los bosnios creando la Federación de Bosnia y Herzegovina, o Federación Bosnio-Croata, que estaría formada por diez cantones autónomos (5 musulmanes, 3 croatas y 2 mixtos). Respecto a los segundos, cabe destacar que pusieron fin a la guerra en la antigua república yugoslava (1992-1995), a la par que dividían el Estado de Bosnia-Herzegovina en dos partes, la Federación Bosnia-Herzegovina (mayoría musulmano-croata y 51% del territorio) y la República Srpska (mayoría serbia y 49% del territorio). Slobodan Milosevic, Franco Tudjman, Alija Izetbegovic, Richard Holbrooke y Wesley Clark así lo acordaron. Cabe destacar que también forma parte del nuevo Estado el Distrito de Brcko, que tiene un estatuto administrativo especial.
El pasado domingo 5 de octubre se celebraron elecciones municipales en Bosnia-Herzegovina, que tendrán continuación con las generales de 2010. La importancia de las mismas es mayor de lo que pueda parecer por el hecho de ser municipales, ya que Bosnia es todavía un país atípico y quizás no lo deje de ser nunca. A pesar de la firma del Acuerdo de Estabilización y Asociación, el pasado mes de junio, la inestabilidad que lo caracteriza puede fragmentarlo en un periodo corto de tiempo. Estas elecciones suceden a las legislativas y presidenciales del 1 de octubre de 2006 que tantas esperanzas generaron en los partidarios de unificar realmente el país, que soñaban con la reforma de una Constitución diseñada para detener la guerra y para hacer viable el propio Estado. Curiosamente, el pasado abril, el Parlamento bosnio rechazó una iniciativa para reformarla, fortalecer el gobierno central y establecer una única jefatura del Estado que sustituyera a la actual presidencia tripartita. En estos momentos desempeña el cargo el bosnio Haris Silajdzic (lo comparte con el croata Zelijko Komsic y el serbio Nebojsa Radmanovic), mientras que la jefatura de gobierno recae en el serbio Nikola Spiric, desde que en febrero sustituyó al musulmán Adnan Terzic.
as fuerzas políticas de Bosnia-Herzegovina deben cambiar mucho tras estas elecciones municipales y ante el horizonte de las generales de 2010. El proceso de reforma política del país está en una fase crítica; la reforma constitucional es hoy por hoy imposible; las entidades étnicas impregnan toda la política del nuevo Estado; los recelos y las desconfianzas lastran cualquier tipo de acuerdo; las responsabilidades de la guerra y el acusado victimismo de todas las partes envenenan la posibilidad de un camino común; el monstruo nacionalista que cobró fuerza tras las elecciones de 2006 contribuye al estancamiento de las posiciones y a cuestionar permanentemente al Estado; la reconciliación entre las partes está más distante que nunca, y, finalmente, enmarcando todo ello, aparece el engendro que parió Dayton y que se sumó a la interesada y dañina política occidental respecto a Yugoslavia. Después de destrozar el muñeco se ha pretendido que cada una de sus partes secundarias (brazos, piernas, cuello, torso) funcione sin el corazón y la cabeza. No sabemos cuál de ellas puede representar a Bosnia-Herzegovina, pero sí entendemos que unir un brazo a una pierna no es operativo nunca. Y esto es lo que se pretendió en Dayton, para salir del paso, creando una especie de Estado confederal integrado por dos entidades estatales, una de las cuales es, a su vez, una federación de dos entidades políticas, cada una de las cuales integra cantones con una gran autonomía y numerosos ayuntamientos. En fin, innumerables estratos y subestratos administrativos para lo que no es ni un Estado, a pesar de que así lo creamos, y que necesitarían de unos recursos económicos y de una transparencia política y administrativa que es impensable hoy por hoy.
Los ciudadanos europeos, los de la UE, estamos siendo 'bombardeados' sistemáticamente con la información sesgada de que cada vez hay más personas y fuerzas políticas en Bosnia-Herzegovina que trabajan para conseguir una verdadera comunidad y un consenso generalizado. Curiosamente sorprenden estas informaciones con el predominio de las opciones étnicas y con unos partidos políticos que claramente las representan y que dominan todo el panorama político del supuesto país. Los recientes comicios así lo han ratificado y en la elección de concejales y alcaldes de los 149 municipios han triunfado los nacionalistas del Partido de Acción Democrática y Partido para Bosnia Herzegovina (musulmanes), la Unión de Socialdemócratas Independientes (serbio) y la Comunidad Democrática Croata.
l consenso es imposible y el tiempo lo dejará claro. Ni el pegamento de la UE consolidará a largo plazo un 'Estado frankenstein' cuyas partes se rechazan entre sí, y ello a pesar del ya citado Acuerdo de Estabilización y Asociación. Cuando se pone como ejemplo de nacionalismo extremo en el mismo a los serbios de la República Srpska, se olvida 'interesadamente' la existencia del etnicismo radical de los croatas de Herzegovina y el peso del nacionalismo bosnio-musulmán de los continuadores de la obra de Izetbegovic. El sueño de un Estado dentro de la Unión, con un alto grado de autonomía para sus partes y una consideración y respeto a sus minorías, que ni mucho menos existe en otros miembros del proyecto europeo, está lastrado además por el nacimiento de otro engendro político y remedo de país, el Kosovo que Occidente se sacó de la chistera.
Por eso cuando se habla de los esfuerzos de la comunidad internacional en Estados en crisis y en la construcción de otros nuevos no nos sorprende su limitado éxito. Bosnia-Herzegovina es un claro ejemplo de ello y la reconstrucción post-conflicto que se ha realizado sólo puede aspirar a que el enfrentamiento no vuelva a producirse, circunstancia que hasta ahora han conseguido las fuerzas de paz allí desplegadas. De ahí que no tengamos muy claro lo acertado de la decisión europea, anunciada en España por la ministra de Defensa, Carme Chacón, de retirar tropas y convertir la misión militar en una operación civil. En la dinámica de crear nuevos Estados porque sí, la comunidad internacional, tan bienintencionada ella, debería aplicar el 'criterio Kosovo' y trocear la actual Bosnia-Herzegovina en tres partes en aras de evitar enfrentamientos y conflictos, y para que 'nacieran unidades políticas estables'. ¿O quizás aquí sí cabe trabajar por consolidar un Estado multiétnico y en la Serbia que incluía Kosovo no? En fin, cuántas preguntas con una sola respuesta.

http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/prensa/20081020/opinion/espejismo-bosnia-herzegovina-20081020.html

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