miercoles 16 de abril de 2008
Otra vez Esperanza
POR TOMÁS CUESTA
HACE diez días ya que doña Esperanza Aguirre se arriesgó a tirar la piedra sin esconder la mano y el cotarro popular, por lo que cuentan los diarios, no se ha repuesto aún del estrés postraumático. Ese «No me resigno», audaz y algo chulapo, ha sido interpretado, en líneas generales, como una especie de órdago a la grande en un ecosistema, el liberal-conservador, demasiado proclive a las unanimidades. Equiparar la lealtad con la fidelidad perruna y el proyecto común con la adhesión inquebrantable es algo peor que un crimen de lesa democracia. Es un error mayúsculo que, más pronto que tarde, se termina pagando. Cuando un partido deja de ser un medio y se transforma en un fin de mes garantizado, sólo por pura inercia llegará a alguna parte. O a ninguna, que es lo más probable. La dialéctica del chollo y del carguillo, de la ambición tasada y el vuelo gallináceo, ha convertido la actividad política en una desfibrada rutina burocrática donde no medran los lúcidos sino los espabilados. Y donde, a la postre, lo único que cuenta no son las neuronas, sino la pituitaria. Ventear a distancia el rastro del poder, olerse la tostada antes que nadie, asomar la nariz en la olla adecuada. Ahí está la clave. Ni convicciones, ni principios, ni valores, ni gaitas.
Hay que ser muy ingenuo, o muy irresponsable, para no darse cuenta de que Rodríguez Zapatero quiere echar los cimientos de aquel mundo feliz que anticipó Aldous Huxley. Vampirizada la izquierda radical a través de un proceso de mimetismo a ultranza, dispuesto a darles gusto a los nacionalistas con las llaves del reino y con las de la caja, el señor Zapatero podrá cumplir su sueño de encaramarse al pedestal del Gran Hermano. Mientras, la oposición sigue sumida en el letargo, profiriendo bostezos, tentándose la ropa y midiendo los pasos. O sea, haciendo el primo: el Gran Primo, en este caso. Los optimistas se han aferrado al pesimismo y aguardan la catástrofe que apuntillará al desastre realizando un ejercicio de cálculo malsano. Los arúspices que leen el futuro en las entrañas palpitantes del mercado afirman al unísono que el terremoto financiero nos dejará un recado antes de que concluya el año y a ver quién es el guapo que le planta cara. Soplará y soplará, igual que el lobo malo, hasta que a los cerditos, pobres, se les caiga la casa (con la venia de la ministra de Igualdad, el femenino nos lo ahorramos). Sobra decir que, si se cumplen sus pronósticos, Zapatero es posible que se quede en la calle, pero nadie, hoy por hoy, podría asegurarlo. De lo que no cabe duda, sin embargo, es que los españoles del común se quedarán -de todas, todas- con el pandero al aire. Pelillos a la mar, víctimas colaterales. ¿Para qué zambullirse en un debate ideológico si tu enemigo lleva plomo en el ala?
El guante que arrojó Esperanza Aguirre al negarse a asumir una resignación beata ha conseguido hacer que la derecha se haya visto obligada a retratarse. Y la fotografía, la verdad, es poco estimulante. Más allá de la adscripción de cada cual y de la denominación de origen con la que quiera engalanarse (conservador, liberal, democristiano, centrista, equidistante... Amén, por supuesto, de los que se decantan por un socorrido no sabe / no contesta, no sea que se vaya a enterar alguien), más allá de etiquetas, matices y raigambres, lo que ha quedado meridianamente claro es que a la mayoría salirse del guión les produce urticaria. Octavio Paz dictaminó que la longevidad del PRI cabía atribuirla en buena parte a la tendencia irrefrenable de la derecha mexicana a anteponer los intereses a los ideales. Todavía en España no hay un PRI -el todavía es preciso subrayarlo- y todavía las ideas son escasas. En cuanto a los intereses, que nos echen un galgo. Lo más preocupante, sin embargo, es que el hecho de hablar de libertad sea el origen de tamaña zaragata. La libertad no se define, se ejerce y santas pascuas. «Es una posibilidad -escribió el propio Paz- que se actualiza en el momento en el que alguien fustiga con un «no» a los que mandan». Que no se resigna, vamos.
http://www.abc.es/20080416/opinion-firmas/otra-esperanza_200804160505.html
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