jueves 17 de abril de 2008
El Gobierno rosa de Zapatero
José Meléndez
E NTRE todas las calificaciones que ha merecido estos días el nuevo gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, con mas incidencia en la chanza que en el elogio, destaca la de ese viejo zorro de la política que es Silvio Berlusconi, eufórico porque acaba de obtener su tercer mandato con mayoría absoluta. “Il cavaliere” ha felicitado a Zapatero por “su gobierno rosa”, añadiendo que puede salirle bien si es capaz de controlar a nueve mujeres, mas las secretarias de Estado. Si uno piensa en la aguerrida Magdalena Álvarez, no puede menos de convenir que el empeño es difícil y, en todo caso, no es el gobierno que necesita España cuando estamos haciendo equilibrios al borde del precipicio económico. A lo largo de sus cuatro años al frente del gobierno de España, Zapatero ha dado cumplidas pruebas de su decidida inclinación a hacer las cosas al contrario de lo que dicta el manual de la cautela política, sea por egolatría, por un deseo de originalidad o, simplemente, por llevar la contraria. En su primer gobierno de la pasada legislatura, se ciñó a uno de los que habían de ser distintivos de su gestión y observó estrictamente la paridad de sexos, que habría de santificar luego con su Ley de Igualdad que, después de cuatro años parecíó entrar en vía muerta y hasta en su propio partido la daban por fracasada, por la desastrosa gestión de algunas ministras, que tuvieron que ser relevadas y por las dificultadas para llevarla a la práctica en las empresas y centros de trabajo. Pero él no. El problema es que Zapatero ha tomado su éxito electoral como una gran victoria y se ha creído que puede gobernar a su antojo como si tuviera mayoría absoluta, permitiendose cuantas licencias quiera. La equiparación de sexos en la sociedad no es solamente un derecho constitucional y democrático, sino que es una necesidad porque desde que las mujeres cuentan con una formación similar a los hombres han demostrado que son capaces de desempeñar cualquier puesto y soportar todo género de responsabilidades. Pero siempre que las avale, como a los hombres, su actitud para el puesto que desempeñen. Y esto es lo que se echa de menos en este gobierno que Berlusconi califica de rosa. El gobierno de Zapatero presenta demasiadas incógnitas como para que pueda ser calificado de fiable a primera vista. El mejor elogio que el propio Zapatero hace de él es que es el primer gobierno de la democracia que tiene nueve ministras y el primero en el que la cartera de Defensa es ocupada por una mujer- Y se muestra orgulloso de ello. Pero hay otros aspectos más importantes que la profusión de féminas en la lista ministerial, como es el incomprensible trasvase de competencias entre ministerios, la duplicación de gestiones tan fundamentales como la economía y la creación de dos nuevos ministerios que el sentido común dicta que no tienen razón de ser, sobre todo porque quitarle a Educación las universidades para dárselas al ministerio de Ciencia e Innovación es una decisión tan incomprensible como quitarle a Sanidad la investigación clínica para entregarla al nuevo ministerio de Igualdad, dotándole así de algún contenido y poner al frente de ambas carteras a dos primerizas sin experiencia política. Cuando Bernat Soria fue nombrado ministro de Sanidad y Consumo, se llevó tal alegría que pidió el premio Nobel para Zapatero, colgó en su rostro una sonrisa que todavía no se le ha ido y ofreció convidar a vino y preservativos a todos los jóvenes. El ministerio de Sanidad está casi vacío de competencias porque la mayoría están transferidas a las comunidades autónomas. Por eso, su antecesora Elena Salgado, inquieta ella a pesar de su apariencia tranquila, emprendió una tenaz campaña contra los fumadores, los comedores de hamburguesas y los bebedores de vino, porque en algo tenía que emplear su tiempo. Por eso, Bernat Soria, que es un destacado investigador, centró sus esfuerzos en la disciplina que domina, prometiendo más investigación a los diabéticos –que es su especialidad- y a los afectados por enfermedades consideradas raras. Y ahora se queda como un conejo al que le han quitado la zanahoria. El caso de Magdalena Álvarez es clamoroso, porque es la única ministra reprobada en el Parlamento de la democracia y Zapatero dice de ella que ha realizado una gran labor, seguramente refiriéndose al caos que sus obras provocaron en Barcelona, a dejar un mes sin agua a un pueblo entero en Málaga por un error en un túnel del Ave y a los cuatro años que tiene intransitable la Puerta del Sol en Madrid. Pepiño Blanco, el eco del presidente, ha ido más lejos y ha calificado a Magdalena Álvarez como la mejor ministra de Obras Públicas de la democracia, que es como decir que él es Emilio Castelar. Lo de economía es mas serio porque afecta a todos los bolsillos y estamos inmersos en una crisis que fue negada oficialmente hasta el mismo día de las elecciones y ahora llaman “desaceleración” cuando los expertos indican que puede tener efectos devastadores si no se toman las medidas apropiadas para atajarla. Pedro Solbes, al que ha erosionado su prestigio de economista la sumisión exhibida últimamente a las políticas demagógicas del jefe, mantiene su puesto de vicepresidente económico y la cartera de Economía, pero se ha llevado un buen golpe con el nombramiento de Miguel Sebastián como ministro de Industria, Turismo y Comercio, competencias a las que ha agregado la energética que Solbes había pedido para su ministerio. El choque entre Solbes y Sebastián viene de antiguo, cuando el segundo era jefe de la Oficina Económica de la Moncloa, una especie de subministerio al que Zapatero hacía mas caso que al titular, lo que levantó no pocos celos y polémicas. El nombramiento de Miguel Sebastián es otro capricho zapateril mas peligroso que el de las ministras. Como economista, Sebastián ha mostrado desde su privilegiado puesto asesor su predilección nada socialista por la economía de los ricos y su interés en la intervención oficial en las grandes empresas, como ocurrió en el caso Endesa. Es un socialista de los que ahora llaman “metrosexual”, los bien parecidos y mejor trajeados con una ambigua aureola en la que es difícil distinguir si son pulpo o calamar, que se codean con la “•jet set” de los negocios y se gastan en una cena lo que un obrero cobra en un mes. Y como político ha sido un completo fracaso en su intento de ser alcalde de Madrid, ofreciendo proyectos tan peregrinos como traer de nuevo los tranvías a la Castellana, cosechando una estrepitosa y humillante derrota ante Ruiz Gallardón. Pero ahora, por su amistad con Zapatero, se encuentra al frente de un ministerio, que perdió brillo con Joseph Piqué y resultó calamitoso con el catalán Clos y que ahora se ha convertido en un superministerio con amplias competencias, lo que ha alarmado a Solbes hasta hacerle afirmar que el que manda en la economía es él. El forcejeo entre Sobes y Sebastián no puede traer nada bueno a la economía española en tiempos difíciles. La primera decisión del nuevo gobierno ha tenido por protagonista a Elena Espinosa, flamante ministra de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, que ha celebrado su supervivencia .ya que su antiguo ministerio de Agricultura y Pesca ha desaparecido, convidando –y va de convites- al presidente de la Generalitat de Cataluña, José Montilla, a 180 millones de euros de agua del Ebro. Como si fuera whisky, vamos. El trasvase, encubierto bajo el eufemismo de “captación temporal de agua” destroza la ruidosa campaña que desató el Plan Hidrológico Nacional del Partido Popular que Zapatero derogó nada mas subir al poder y ha producido una airada y justificada reacción de otras comunidades sedientas como Valencia, Alicante, Murcia y Almería, que se sienten marginadas y humilladas, mientras el gobierno autonómico de Aragón mantiene esta vez un borreguil silencio. Pero había que premiar la contribución de los socialistas catalanes a la victoria electoral y los esfuerzos de su catalán amontillado presidente (no solamente por su apellido, sino por su cuna cordobesa), para resolver el angustioso problema de escasez de agua que padecen Barcelona y su provincia. Y en eso estamos. Aunque los síntomas no son buenos, esperemos a ver como se desenvuelve este “gobierno rosa” en la delicada tarea de gobernar para los intereses de la nación que representa.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4564
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