jueves, abril 17, 2008

Ignacio San Miguel, La derecha en el laberinto

jueves 17 de abril de 2008
La derecha en el laberinto
Ignacio San Miguel
P ARECE imposible que la derecha española se libre del complejo de ser la derecha. Y esto hay que referirlo al Partido Popular y, sobre todo, a sus dirigentes. Porque la base de sus votantes es inequívocamente conservadora en su mayoría, y no creo que tenga mucho reparo en reconocerse así. Pero es muy distinto con los miembros del Partido. Habrá quien se haya sorprendido con las declaraciones de Soraya Sáenz de Santamaría sobre su no asistencia a misa y su matrimonio celebrado por lo civil. Algo de sorprendente tienen, pues ¿a quién le importan estos extremos? Sin embargo, están en coherencia con alguien que desea destruir el sambenito de conservadora. Yo soy tan progre como la que más, ha querido dejar bien sentado. Es una situación complicada y la vuelven enrevesada las luchas internas de los diversos clanes. Desde hace tiempo ha habido entre los analistas un acuerdo en considerar que en el PP había dos bloques ideológicos diferenciados que la figura de Mariano Rajoy conseguía aglutinar: uno, netamente conservador, y otro, centrista. La figura más destacada del primero, Esperanza Aguirre, y la del segundo, Ruiz-Gallardón. Sin embargo, las cosas no son tan simples, y esto se ha puesto de manifiesto en el discurso de Aguirre en el Foro de ABC. En efecto, sus proclamas de no resignación ante una serie de circunstancias la apartan de la imagen conservadora que posiblemente sus adversarios con intenciones aviesas le habían adjudicado. En efecto, ella misma lo deja bien evidente cuando dice: “No me resigno a que me etiqueten de conservadora, cuando ser liberal es justamente lo contrario”. No podía haber hablado más claro. De forma que cuando declara: “No me resigno a que mi partido no dé las batallas ideológicas para ganárselas a los socialistas” resulta igualmente paladino que esas batallas ha de darlas no con ideas conservadoras, sino todo lo contrario. Es decir, ganando a los socialistas por la izquierda; o por el progresismo, si se quiere. Lo que aclara cuando añade que “no se resigna a que el PP tenga que aparentar una modernidad que está en la base de nuestros principios.” “No me resigno a que nos hagan aparecer como enemigos de los homosexuales”, añade también. Esto concuerda con su oposición hace pocos años a que se presentase una recusación a la ley de matrimonio de homosexuales dictada por el Gobierno. Cuando entonces le preguntaron en televisión por qué se oponía, dijo que posiblemente la ley era anticonstitucional, pero no le parecía pertinente presentar la recusación, porque “ahora dirán de nosotros que somos anticuados, retrógrados, ultramontanos, etc.” Se reveló entonces como una persona centrada exclusivamente en el “qué dirán”. Desdeñando la moralidad o inmoralidad de la ley, se fijaba únicamente en los votos que se podían perder por la mala imagen que iban a dar ante el electorado progre. Fue una manifestación contundente y sin tapujos de acomplejamiento e impotencia ante la victoriosa posición ideológica de la izquierda. Y la reciente declaración de principios en el Foro ABC ha sido exactamente lo mismo. El recurso al liberalismo de esta derecha no es más que la salida que tiene para intentar hacer frente en el campo progresista a los socialistas. Y sin embargo, como digo, el electorado del PP es mayoritariamente conservador. Pero como los políticos en lo único en que piensan es en los votos y en ganar las elecciones, y creen que con el único voto conservador no lo conseguirán (lo cual es probablemente cierto), recurren al liberalismo e intentan colocarse en el terreno del contrario con la intención de no perder la partida, lo cual es muy poco probable. Pero deben tener cuidado, porque su electorado puede cansarse e inclinarse por la abstención. Un partido que únicamente se distinga de sus adversarios en aplicar una fiscalidad más suave, que es la baza del liberalismo, no parece que pueda llegar a enardecer a las masas; máxime cuando los socialistas ya han declarado que rebajar los impuestos es política de izquierdas, lo que amortigua los tradicionales temores. Algo que revelan las palabras de Aguirre es que las presuntas diferencias ideológicas con Ruiz-Gallardón prácticamente son inexistentes. Tan progre es la una como el otro. Las diferencias son personales y de clan. Si a veces se han adornado de ideología ha sido de forma oportunista. Simple cosmética. Lo que no parece caber en la cabeza de todos estos políticos es que lo importante, lo único importante, es creer en algo, creer inflexiblemente en un conjunto de valores irrenunciables. Entonces se lucha por esos valores sin descanso, sin tener como exclusiva meta ganar las elecciones, sino la extensión y consolidación de la verdad en que se cree. Su electorado así lo piensa, y ha sido capaz de congregarse en manifestaciones monstruo (no organizadas por el PP) en defensa de los ideales que merecen la pena y no en defensa del neoliberalismo, ni de la rebaja de impuesto, ni del equilibrio en la balanza de pagos. Sin embargo, los políticos del PP acostumbran a hablar con frecuencia de “sus valores”, lo cual comienza a resultar un poco ridículo. Andan de puntillas con temores de que les acusen de esto o lo otro. Si de la memoria histórica se trata, optan por el silencio, por temor de que les acusen de franquistas. Si de la unidad territorial, temen la acusación de anticatalanes y centralistas. Si de cuestiones morales, la acusación de nacionalcatolicismo les aterra. Todos estos temores les han conducido a un callejón sin salida. O, en el mejor de los casos, a un laberinto, a un embrollo de ideas y tendencias. Y algunos piensan que el hilo de Ariadna consiste en el liberalismo. Pero, en realidad, se trata de una cobertura falsa y escapista que les aleja de los verdaderos valores.


http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4560

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