jueves, octubre 25, 2007

Una ministra sobradamente incapaz

viernes 26 de octubre de 2007
Una ministra sobradamente incapaz
CUANDO ya no es sólo un partido el que censura con dureza la ineficacia de la ministra de Fomento, sino que es toda la oposición en bloque en el Congreso y en el Parlamento catalán la que exige a Magdalena Álvarez que dimita, ningún miembro de un Gobierno democrático debería encontrar la más mínima justificación para aferrarse al cargo un solo minuto más. El caos ferroviario en Cataluña -lamentablemente reavivado en los últimos días, pero ya con demasiados meses de trayectoria- es la simple demostración de que no hay ninguna campaña partidista, ninguna persecución o ninguna obstinación personal contra Álvarez. Por el contrario, es la enésima prueba de que la titular de Fomento reacciona tarde ante cualquier conflicto de su competencia, de que contribuye a enconarlo más que a resolverlo, y de que al final siempre se ve superada por los acontecimientos. El clamor contra su gestión hoy en Cataluña no es ficticio ni producto de una confabulación universal contra el PSOE en periodo preelectoral. Es más: incluso algunos compañeros de Magdalena Álvarez en el Gobierno se han visto obligados a admitir públicamente que, en efecto, hay motivos muy fundados para que los barceloneses estén molestos. Más allá de un triunfo político para la oposición, la dimisión de la ministra sería un alivio para el propio Gobierno y, desde luego, para millones de españoles. Cosa distinta es que la ofuscación por la gravedad de los errores cometidos, o simplemente un exceso de vanidad, impidan a Álvarez recurrir al digno ejercicio de renunciar ya al cargo.
Cataluña en general, y el cinturón industrial de Barcelona en particular, son un enclave imprescindible para la aspiración del PSOE de revalidar una mayoría suficiente en las próximas elecciones. Irritar al votante en Cataluña -una constante en la legislatura, por otro lado- es poner en riesgo decenas de miles de votos. Es lógico, por tanto, que entre los socialistas se hayan encendido las luces de alarma. Prueba de la preocupación de Zapatero es su decisión de comparecer personalmente en el Congreso para dar explicaciones. Ayer, otra jornada más, miles de barceloneses se vieron atrapados en un monumental atasco porque ni siquiera la sustitución de trenes de Cercanías por autobuses está contando con la organización necesaria. Algunas de las carreteras de acceso a Barcelona se están convirtiendo sin remedio en un embudo para el tráfico rodado. Los perjuicios para el ciudadano son muy notables y culpar en exclusiva a la empresa adjudicataria de las obras del AVE es una excusa insuficiente que demuestra el auténtico talante de la ministra y que, en realidad, sólo sirve para ocultar su reiterada negligencia y echar balones fuera de modo irresponsable. Meses atrás, y también en pleno colapso en Cataluña, Álvarez adujo que no dimitiría hasta que no se lo pidiera Zapatero. Es decir, hasta que fuera destituida. Quizás ahora, tal y como argumenta en su propio vídeo promocional de precampaña, Zapatero también aspire a resolver esta crisis con el poder de la sonrisa. Lo que ocurre es que Álvarez lleva meses borrándosela de la cara a muchos miles de catalanes hastiados de palabrería.

http://www.abc.es/20071026/opinion-editorial/ministra-sobradamente-incapaz_200710260248.html

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