miércoles, octubre 03, 2007

Blanca Alvarez, Creible

Creíble
04.10.2007 -
BLANCA ÁLVAREZ b.alvarez@diario-elcorreo.com

No basta con manifestarse a favor de algo bueno, loable y deseable; agitar banderas y mandíbulas exigiendo libertad y democracia es, sin duda, una excelente causa, pero si la petición la realiza, por ejemplo, el presidente Bush, una servidora tiende a imaginar las palabras de este individuo babeando sangre mientras prepara una nueva barbarie, una guerra organizada para lograr beneficios espurios. La Ilustración no logró triunfar a tiempo en nuestro país por múltiples razones: el secular oscurantismo de la todopoderosa Iglesia, la ineptitud, por ser benignos, de reyes incompetentes , pero también porque nos llegó a bayoneta calada, entre la barbarie de un ejército capaz de hacer gritar a todo un pueblo '¿Vivan las cadenas!'. Los monjes birmanos han salido en pacífica manifestación contra una de las peores dictaduras padecidas por este mundo nuestro; salieron, descalzos y con las manos limpias, contra una pandilla de generales agazapados en mitad de la jungla, mantenidos en el poder gracias a la mayor corrupción de sus funcionarios que cobran por el tráfico de drogas y de niñas para ejercer la prostitución en países vecinos; incapaces de más argumentos que la matanza indiscriminada, la mordaza y el terror. Estos guías espirituales respetados, admirados y queridos por la población, que llevan centurias ejerciendo a favor de los más desfavorecidos, tiñeron con el azafrán de sus túnicas la inmoralidad de una pandilla de asesinos sin escrúpulos. Los generales les temen, no porque lleven bombas en su cintura, sino porque estos monjes son incorruptibles e intachables. Y la causa está en un principio básico de su doctrina: tienen prohibido manejar dinero y jamás aceptan donaciones monetarias, tan sólo comida, tela, incienso o cualquier otra especie sin contaminar por la fiebre del dinero.¿Quién se puede creer las protestas de los obispos católicos? Por más loables que fueran sus causas, estarían teñidas por la cuestión monetaria, porque, en el fondo, todos intuimos tras sus proclamas el pavor a perder una influencia que los ha llevado a tener una de las bancas mundiales más poderosas y un patrimonio, contante y sonante, que ya quisiéramos para cubrir nuestras hipotecas. Mi sabia abuela afirmaba que allá donde entra el dinero sale por pies cualquiera de los sentimientos.A estos monjes no los ha recriminado ninguna de sus autoridades espirituales, se colocan delante de los militares armados a túnica limpia. ¿Será porque la práctica del budismo es algo así como una religión no teísta? Y lo pregunto porque allá donde el hombre pone un Dios, casi a la vez, coloca un trono, una banca o una bomba.

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