jueves, julio 26, 2007

Urbaneja, Barcelona, entre tuneles y apagones

jueves 26 de julio de 2007
Barcelona, entre túneles y apagones Fernando González Urbaneja

El alcalde de Nueva York se convirtió en una celebridad por su determinada presencia en la catástrofe del 11S; tanto que hoy disputa la candidatura republicana a la presidencia. El canciller Schröder dio la vuelta a una campaña electoral con una activa presencia en las inundaciones que padecía su país. En España la sensibilidad a las catástrofes no es tan decisiva. El Gobierno Aznar no estuvo a la altura de las circunstancias ni ante la catástrofe del Prestige (me quiten ese barco de la vista, parece que dijo una ilustre autoridad), ni ante el avión caído en Turquía con más de sesenta militares a bordo (traigan esos cadáveres cuanto antes), ni, desde luego en el 11M, cuando con tan inexplicable como innecesario tesón defendieron la tesis de que el terror etarra era autor del atentado. No habían aprendido ni asimilado que en las catástrofes hay que preocuparse esencial y primordialmente de las víctimas, de devolver el normal funcionamiento, y luego de las explicaciones.
Lo anterior sirve para el caso de los desastres ciudadanos que han caído sucesivamente sobre los barceloneses durante los últimos tres años. Situaciones de caos ante las que las autoridades no han acreditado capacidad de respuesta. Ocurrió en el barrio del Carmelo hace un par de años, también con la huelga salvaje del aeropuerto de El Prat el verano pasado y ahora con el desgraciado apagón que ha dejado sin luz durante más de dos días a un buen número de barceloneses.
El apagón ha sido catastrófico, suma de desgracias y demostración de esa ley por la que la tostada siempre cae al suelo por el lado pringado, por el de la mantequilla. Aún no sabemos por qué se cayó el cable de alta tensión sobre un elemento decisivo de la central para provocar una ruptura del suministro sin posibilidad de recuperación inmediata.
Seguramente un suceso semejante en cualquier otro punto de la red hubiera cursado con semejantes consecuencias. Pero ha ocurrido en Barcelona, para ratificar la sensación de que la ciudad no funciona, no tiene capacidad de respuesta. Y a renglón seguido cada cual tira la piedra y esconde la mano. Para Acebes el asunto está claro: Zapatero es un inútil que induce apagones. Para los nacionalistas es evidente que con más competencias esto no hubiera ocurrido; los de Red Eléctrica señalan a los de Endesa-Fecsa, éstos callan; los del Ayuntamiento claman contra las compañías; los de Gobierno catalán, contra cualquiera que pase cerca, y los del Gobierno Central reclaman un informe exhaustivo al organismo competente.
El caso es simultáneo a un agrio y tramposillo debate sobre el dichoso túnel del AVE, el que cruza la ciudad, que tiempo atrás se acordó que pasara al lado de la Sagrada Familia. El asunto del AVE a Barcelona es como la yenka, paso adelante paso atrás. Cuando no es por la impericia del Gobierno central (las vías y señalización fracasada de Cascos), son las vacilaciones de los políticos catalanes, que barajan tres trazados alternativos sin decidirse por ninguno o sin mantener una propuesta un periodo suficiente como para que las obras concluyan.
Entre túneles y apagones, los barceloneses se preguntan qué les pasa, qué maleficio sufren, que en el plazo de veinte años ha llevado a su ciudad de moderna y envidiada a una especie de “pupas” que no evita ningún charco.
FGUrbaneja@wanadoo.es

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