martes 24 de julio de 2007
Un secuestro judicial cuando menos cuestionable
Editorial de 'El semanal digital'
E S difícil negar que a través de la portada del semanario El Jueves, secuestrado por orden judicial el viernes pasado, se ha cometido un delito. Como bien ha recordado el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Francisco José Hernando, "no se puede teorizar" sobre algo que está "en el ordenamiento jurídico", y cualquiera puede leer en los artículos 490.3 y 491.1 del Código Penal que las calumnias y las injurias contra cualquiera de los miembros de la Familia Real constituyen delito perseguible de oficio, distinguiéndose según los hechos se produjesen o no en el ejercicio de las funciones de aquéllos o con motivo u ocasión de ese ejercicio, a los efectos de graduar la pena. Aun en el caso dudoso de que una viñeta como la realizada por el dibujante Guillermo no se pudiese considerar injuriosa, sería aplicable el artículo 491.2 del Código Penal, que castiga "al que utilizare la imagen del Rey o de cualquiera de sus ascendientes o descendientes, o de la Reina consorte o del consorte de la Reina, o del Regente o de algún miembro de la Regencia, o del Príncipe heredero, de cualquier forma que pueda dañar el prestigio de la Corona". Sin embargo, aquí no se está discutiendo sobre calificaciones jurídico-penales, sino acerca de los límites de la libertad de expresión y de las intervenciones de las autoridades públicas sobre ella. Y desde esta perspectiva, el secuestro judicial de una publicación no deja de ser una forma de censura cuando menos cuestionable. La viñeta que ha desencadenado esta reacción ilustraba un chiste de Manel Fontdevila que constituye una crítica perfectamente legítima a la institución monárquica. Por eso desde el principio la Fiscalía tendría que haber dejado muy clara la diferencia entre la manera de expresar la crítica, a través de un dibujo ciertamente incalificable (y lo sería también si los representados no fuesen los Príncipes de Asturias), y el contenido de aquélla, que se ve cubierto por la libertad de expresión. En una democracia es mejor dejar que sea la propia opinión pública la que reaccione en este tipo de supuestos. Por muchos motivos: porque se evita dar notoriedad a quien ha sobrepasado los límites, porque así no se le transforma en un mártir de la libertad de expresión, y porque la reacción social es siempre mucho más eficaz a la hora de apuntalar a la institución atacada, en este caso la Corona, que la actuación desmedida de las autoridades. En definitiva, mejor habría sido no secuestrar El Jueves. Ello no habría impedido el ejercicio de la acción penal contra el o los responsables de la viñeta, y habría evitado la sensación de que en España la Corona ha de defenderse por medios extraordinarios debido a que no puede confiar suficientemente en el apoyo espontáneo de los ciudadanos.
martes, julio 24, 2007
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