lunes 23 de julio de 2007
El temor del ladrillo - Primo González -
Los inversores tienen motivos para extraer una cierta sensación de desconcierto por lo sucedido esta última semana en las bolsas, con altibajos bastante bruscos, entre ellos el del viernes. Siempre bajo la batuta de la crisis inmobiliaria de Estados Unidos. Los datos ofrecidos el jueves por el presidente de la Reserva Federal, cuantificando por encima de los 70.000 millones de euros el volumen de los quebrantos financieros causados por la morosidad hipotecaria del país, han tenido un efecto bastante demoledor sobre los mercados, en unos momentos en los que se esperaba que la principal influencia sobre el ánimo de los inversores fuera la derivada de los resultados empresariales. No ha sido así y el temor a las consecuencias y al efecto dominó que pueda tener la crisis inmobiliaria de Estados Unidos ha sentado las bases para una reacción negativa en los mercados de renta variable.
La semana entrante puede prolongar el riesgo a no ser que los resultados empresariales ofrezcan perspectivas novedosas y de peso. Lo que se está viendo en estas primeras semanas del ciclo de presentación de balances empresariales es claramente positivo. En España, los resultados se están prodigando por encima de las previsiones, lo que unido a la persistencia de algunas operaciones corporativas todavía sin resolver puede ofrecer un panorama positivo para los inversores y para los mercados, al calor de los cuales las bolsas intenten de nuevo asaltar los máximos históricos.
Las inversiones bursátiles siguen ofreciendo para los gestores de fondos de inversión las mejores expectativas de beneficio, ya que la renta fija aparece anclada en esa ruleta sin fin que empieza en los temores a la inflación y termina en las advertencia de próximas subidas de tipos, a las que el mercado presta oídos desiguales, según los casos. Despedimos la semana, en todo caso, con los precios del petróleo en máximos históricos, lo que constituye un serio motivo de inquietud.
lunes, julio 23, 2007
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