jueves, julio 26, 2007

Luis Pousa, Cabe mucha mas gente

jueves 26 de julio de 2007
LUIS POUSA
CELTAS SIN FILTRO
Cabe mucha más gente
La sociedad civil gallega tiene que convertirse en la gran protagonista de la modernización de Galicia, de la convergencia de ésta con las zonas más ricas de España y de Europa, pero sin perder sus referentes más señeros como, por ejemplo, el paisaje desde una visión medioambientalista y una estética del equilibrio ecológico. En manos de esa sociedad está también el afrontar una de las cuestiones más preocupantes: el estancamiento y envejecimiento de la población.
La situación demográfica que vive Galicia lleva a que los activos sean menos que los pasivos, y el peso de esa carga pueda resultar insoportable de no buscarle remedio a tiempo. El remedio tiene dos fórmulas. Una fomentar la natalidad mediante políticas activas que no se queden en subvención por hijo nacido, sino que toquen las cuestiones que determinan que las parejas, responsablemente, se lo piensen mucho antes de tener descendencia, porque a los hijos hay que garantizarles una vida digna. La otra, incentivar la entrada de inmigrantes y su integración en la sociedad gallega.
A corto plazo, la segunda opción es necesaria, pero su éxito depende en gran medida de cómo actúe la sociedad anfitriona. Por eso mismo es tan importante que la sociedad civil gallega asuma el protagonismo de la modernización, consciente de que lo que se juega no sólo es el presente, también el futuro entra en juego.
Luego están las políticas que puedan hacer las distintas administraciones, pero magro será su éxito si sus actores no consiguen movilizar a la ciudadanía, establecer una relación de empatía con ella en aquellos retos de gran trascendencia social.
Al margen de otras consideraciones, no por ello menores, la cuestión demográfica debería tener un sitio en la reflexión de qué Galicia quieren los gallegos y hacia dónde ha de ir. En fecha tan señalada como el 25 de julio esas y otras preguntas son pertinentes y no tienen por qué entrar en colisión con otros intereses políticos, económicos, culturales y religiosos que legítimamente se manifiestan ese día. Otra cosa es cómo se expresen, y aquí se abre un foso entre quienes tienen un comportamiento respetuoso con la reglas cívicas de la democracia y quienes por el contrario echan mano de la violencia, prostituyendo la ideas que dicen defender.
Esa Galicia civil, a la que aludimos desde el principio de este texto, tiene un eximio representante en Isaac Díaz Pardo. Por cierto, algo sabe Isaac de lo que es la inmigración, pues no en vano vivió una temporada en Argentina, donde se reencontró con el exilio. Por cierto otra vez, algo sabe Isaac del paisaje gallego, pues éste está inscrito en los trazos de sus obras: sean las de las pinturas de los cuadros o las grabadas a fuego y arena en las cerámicas de Sargadelos y O Castro.
Aunque a él no le guste reconocerlo, Díaz Pardo es un símbolo vivo de esa Galicia que ha conseguido sobreponerse al cuerpo cansado del atraso y mirar de frente al futuro, en buena parte ya liberada de algunos de sus complejos más tristes y lacerantes. Este hombre enjuto, con cara de traviesa perplejidad y una punta de mal genio, que mueve su frágil figura a paso vivo, es uno de los artífices de esta Galicia moderna, en la que cabe mucha más gente de la que registran el censo y el padrón. No hay Medalla de Oro de Galicia que haga más justicia a una trayectoria.

No hay comentarios:

Publicar un comentario