jueves, julio 26, 2007

Josep Borell, De Sbrenica a Darfur

jueves 26 de julio de 2007
De Sbrenica a Darfur Josep Borrell

Darfur sigue de actualidad y mi pasado artículo sobre el tema ha producido reacciones que merecen ser consideradas. Pero mientras discutimos qué hacer en Darfur conviene recordar que se cumplen 12 años de la matanza de musulmanes bosnios en Sbrenica. Después del acuerdo de Jartum, el secretario general de la ONU espera que el Consejo de Seguridad autorice esta misma semana una fuerza de 20.000 hombres que llegue a Darfur en octubre.
Muy optimistas me parecen las previsiones de Ban Ki-Moon. Habrá que ver qué países, de preferencia africanos y asiáticos, están dispuestos a aportar tropas. La buena noticia es que China haya decidido enviar unidades de ingenieros para preparar la logística y las comunicaciones. La mala es que aumentan los ataques a las organizaciones humanitarias. Un convoy de 35 vehículos de la ONU que se dirigían al campo de refugiados de Kebkabiya, uno de los que visitamos hace pocos días, ha sido asaltado por uno de los numerosos grupos armados que en los que se han fragmentado los rebeldes y las milicias pro gubernamentales.
En Darfur la ayuda humanitaria se ha convertido en botín de guerra y la guerra en una forma de vida. Por otra parte, la presión sobre los grupos armados para que firmen los acuerdos de paz les confiere una legitimidad que incentiva su proliferación. Por ello, una fuerza de pacificación no debe ser sino el primer paso hacia nuevas negociaciones políticas que involucren a todas las partes.
También es positivo que Sarkozy y Brown hayan colocado a Darfur en la agenda de su primera reunión y se hayan declarado dispuestos a presionar, incluso con sanciones, al Gobierno sudanés.
El compromiso de la comunidad internacional con Darfur genera opiniones bien diferentes. Para algunos se trata de un conflicto entre africanos y musulmanes que deben resolver ellos. Los europeos no somos culpables de lo que allí ocurre y si la Unión Africana, la Conferencia Islámica y la Liga Árabe no quieren, o no pueden, ¿por qué tendríamos que hacerlo los europeos?
Ciertamente, Europa no es culpable de la tragedia de Darfur ni de otras muchas que ocurren en la Tierra. Pero, ¿podemos lavarnos las manos de lo que ocurre en Darfur y convertir en papel mojado la “obligación de proteger” aprobada en la Cumbre Mundial de la ONU en el 2005, por la que cuando un Gobierno no es capaz de proteger a sus ciudadanos, la comunidad internacional debe intervenir parar hacerlo?
Cierto, la responsabilidad es de la comunidad internacional y no sólo de los europeos. Pero si la UE pretende actuar en el mundo en función de sus valores, debe asumir su parte de responsabilidad y ejercer un liderazgo por el cual podría, como pedía Desmond Tutu en el PE, establecer sanciones sin esperar a que lo decida el Consejo de Seguridad, que por otra parte ya está claro que no lo hará. O financiar el despliegue de tropas de otros países, como ha hecho con las de la UA, que no serían consideradas como los “nuevos cruzados”. En realidad Darfur es un buen ejemplo de la necesidad y de las dificultades de la ayuda humanitaria. Algo parecido ocurrió en los Balcanes. En Sbrenica fueron 8.000 victimas que la comunidad internacional, toda ella, se había comprometido a defender y que fueron abandonadas a un exterminio programado.
Estos días se entierran en Sbrenica las últimas de esas víctimas que han podido ser identificadas. Pero Sbrenica ocurría poco después del trágico abandono de Ruanda por la comunidad internacional, que cerro los ojos al genocidio que causó un millón de muertos, preparado y ejecutado con la misma determinación que el holocausto judío.
La lección de todas estas experiencias es que la ayuda humanitaria sola es impotente frente a la magnitud de los conflictos a cuyas víctimas trata de socorrer. Pero cuando la ayuda humanitaria va acompañada de una intervención militar, corre el riesgo de desvirtuar su misión y aparecer como parte del conflicto. Por ello las ONG que trabajan en Darfur prefieren negociar con los grupos armados que controlan el territorio donde operan más que acogerse a la incierta protección militar de las fuerzas de la UA. Bien es cierto que esas tropas africanas, impotentes ante la actual situación de guerra de todos contra todos, tienen tendencia a no salir de sus cuarteles.
Cierto, en el Tercer Mundo se tiende a considerar a los trabajadores humanitarios como las fuerzas auxiliares de los ejércitos occidentales. Por eso las ONG en Darfur son reticentes al anunciado despliegue de tropas de la ONU, que son las únicas que podrían aportarles la seguridad que reclaman y necesitan.
Cierto, la comunidad internacional no ha hecho todo lo posible para impedir el genocidio de Darfur, como lo llama EEUU, o la catástrofe humanitaria que decimos los europeos. Pero tampoco ha estado pasiva y algunas soluciones son mas fáciles de proponer que de aplicar. Una intervención militar en contra del Gobierno de Sudan y sin la autorización de la ONU era impensable. La presión para conseguir acuerdos de paz sin involucrar a todos los contendientes ha sido contraproducente. Las “zonas de seguridad”, si realmente no se puede asegurar la seguridad, acaban siendo blancos fáciles como en Sbrenica. Y el gigantesco esfuerzo humanitario no se puede continuar indefinidamente.
Las opciones son limitadas y por eso mismo hay que ensayarlas todas. Y ahora, 12 años después, hay una oportunidad para recuperar en Darfur parte del honor perdido por la comunidad internacional en Sbrenica.
jborrell@europarl.eu.int

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