jueves, julio 26, 2007

Irene Lozano, Un jueves despues

jueves 26 de julio de 2007
Un Jueves después

POR IRENE LOZANO
Podría resultar ofensivo para los Príncipes haber sido caricaturizados en una postura coital que practican miles de españoles los sábados. Lo encuentro extraño, pero admito que podría ocurrir. La ofensa es un sentimiento subjetivo y cada cual lo siente a su manera. Lo que procede en un caso así es comunicar al dibujante el disgusto causado y que éste se disculpe, no por haberla publicado, sino por haber ofendido. Apretón de manos, y a otra cosa.
El problema surge cuando se ponen los medios humanos y materiales del Estado -desde el Fiscal general hasta la policía pasando por los jueces- para impedir la difusión de esa publicación, porque con ello se está dando rango de objetividad al sentimiento subjetivo de la ofensa. Y presumiendo ese consenso, se cree que hay que proteger a los ofendidos del agravio; y a la comunidad, del viñetista.
Considero más injurioso para la Corona que, en su nombre, se haya tomado una decisión tan grave como secuestrar una publicación: una suspensión temporal de las libertades, no conviene olvidarlo. Ante esto no cabe perderse en disquisiciones sobre el mal gusto del dibujante. A los que pensamos que el humor bufonesco de El jueves carece, en general, de la imprescindible sutileza, nos basta con no leerla. Pero su zafiedad no habría inquietado a nadie de no haber mediado la portada de marras, una clara señal de que no es el talento del dibujante lo que se está ventilando.
Lo que está en discusión son los límites de la libertad de expresión. Existen, desde luego, aunque no sean expresables mediante una fórmula matemática. Por eso, porque son interpretables, han de dirimirse en los tribunales, no mediante un proceso sumario celebrado en los quioscos

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