jueves, julio 26, 2007

Deriva etarra

Deriva etarra
26.07.2007 -

Los dos artefactos que ETA hizo estallar ayer en la localidad navarra de Belagua coincidiendo con el paso del Tour constituyen el primer atentado perpetrado por la banda desde que anunciara la ruptura de la tregua el pasado 6 de junio. Sería superfluo detenerse en consideraciones sobre el significado preciso de la doble deflagración. Se trata, sencillamente, de que por fortuna los terroristas no han podido hasta ahora perpetrar un atentado de mayor magnitud y gravedad. Pero su irrupción en la ronda gala a su paso por Navarra refleja algo más que un intento de hacerse publicidad. Refleja cuán lejos están los etarras de la realidad si creen que con sus acciones criminales, en este caso un kilo de amonal repartido a ambos lados de la carretera que une el Valle del Roncal con Francia, harán temblar las estructuras del Estado español, inquietarán a Sarkozy, amedrentarán a la sociedad vasca o demostrarán a sus bases la rectitud de su vuelta a las andadas. Sin embargo, es precisamente esa radical carencia del mínimo sentido de la realidad, esa extrema sinrazón, la que confiere mayor peligro a la amenaza de ETA. Porque de igual forma que su debilidad está llevando a la trama terrorista a demostrar lo contrario, echando mano de la improvisación y el encuadramiento forzoso de sus activistas más bisoños, el desconcierto interno al que conduce su propia deriva incrementa el riesgo de que la huida hacia delante acabe en lo peor.La acción de las fuerzas de seguridad del Estado y de la judicatura está consiguiendo desbaratar los intentos de ETA de destruir y matar. Perseverar en este esfuerzo preventivo no es sólo una obligación que emana de su propia función al servicio del Estado de Derecho. Es una necesidad especialmente acuciante ahora, cuando la mayor victoria que puede cosechar la sociedad democrática es impedir que ETA haga lo que desea hacer. Ese sería el principio de su derrota y es, por ello, el objetivo primordial que han de buscar cuantas fuerzas y cuerpos actúan bajo la dirección política del Gobierno y el mandato de los jueces. Por eso mismo resultan especialmente inconvenientes y del todo irresponsables las declaraciones que estos últimos días vienen haciendo tanto el lehendakari Ibarretxe como su consejero de Justicia Joseba Azkarraga. Porque cuando el primero se refiere al «final del ciclo de la violencia» para anunciar grandes cambios políticos, o cuando el segundo declara que «se puede retomar el proceso, porque «ETA aún no ha matado», contribuyen a alimentar aquello que la banda terrorista más anhela: la idea del trueque de la paz a cambio de concesiones políticas, auténtico combustible de la persistencia del terror.

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