lunes 14 de mayo de 2007
Un Irak factible
Los encuentros y desencuentros protagonizados por la Administración Bush y la mayoría demócrata en Washington a propósito de Irak, por un lado, y el anuncio de Gordon Brown de que 'revisará' la estrategia de Tony Blair en este conflicto, por otro, han sido un elocuente reflejo de que las intenciones de los principales protagonistas sobre el futuro de aquel país están moviéndose del terreno de lo deseable al de lo factible, de lo improbable a lo posible. No resulta fácil hallar alguna voz que reitere hoy los objetivos que, a modo de misión, sostuvieron la intervención de EE UU y de sus aliados. La propia sociedad norteamericana sabe que un Irak socialmente integrado, en paz interna, próspero, con una democracia asentada y en disposición de atender lealmente los intereses occidentales en la región no es viable a corto. Por ello, el horizonte que en el mejor de los casos podría dibujarse a medio plazo sería el de un país cuyas instituciones representativas funcionen medianamente, en el que el orden y la seguridad vayan ganando terreno, con fuerzas armadas y policiales capaces de reducir paulatinamente la actividad de Al-Qaida y disuadir a los grupos insurgentes, y mecanismos de compensación justos y eficaces para asegurar la convivencia entre suníes, chiíes y kurdos bajo las garantías de un mismo Estado. En realidad, este 'Irak factible' se ha convertido también en el deseable para la comunidad internacional y, muy probablemente, para la mayoría de los iraquíes, extenuados de sufrir las consecuencias de la matanza diaria y la incertidumbre extrema.El horizonte posible representa el punto de encuentro en el que pueden coincidir republicanos y demócratas de EE UU y el futuro primer ministro británico para asegurar -y asegurarse--que una futura retirada de tropas de suelo iraquí no agudice aún más el dramático caos que padece ya aquel país. Reconociendo los republicanos que se trata de transferir a los propios iraquíes la responsabilidad sobre el destino de su país, aunque ello sitúe al Gobierno de Bagdad lejos de donde lo desearía ver el inquilino de la Casa Blanca, y asumiendo los demócratas que la presencia norteamericana deberá continuar, aunque sea limitada al efectivo asesoramiento y preparación del ejército iraquí y de sus cuerpos policiales. Pero resulta muy difícil que lo factible pueda hacerse realidad si los países vecinos, y en especial Siria e Irán, no asumen como interés propio la pacificación de Irak. De ahí que cobre importancia el esfuerzo de la comunidad internacional para persuadir a los gobiernos de la región y disuadir a los regímenes de Teherán y Damasco de favorecer directa o indirectamente la violencia.
lunes, mayo 14, 2007
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