domingo, mayo 13, 2007

Pio Moa, El odio a la España democratica

El odio a la España democrática
13 de Mayo de 2007 - 09:16:26 - Pío Moa
"Dicho de otro modo: estos nacionalismos no aportan a sus respectivas regiones más que zarandajas en lo intelectual, rencores en lo moral y, en lo político, despotismo, divisiones absurdas, amenazas a su prosperidad, desprecio a sus propios antepasados. No los caracteriza, ciertamente, el amor a sus comunidades sino un odio inagotable a España. Nunca acabaríamos si fuéramos a reseñar las ofensas e insultos que han dedicado a todo lo español (y por tanto a sus propios padres y abuelos), decenio tras decenio, a partir de Arana y de Prat. La propaganda separatista se constituyó, como admite muy suavemente Cambó, "a base de algunas exageraciones y algunas injusticias", y desde entonces no ha cesado, si exceptuamos la ecuanimidad creciente de bastantes nacionalistas moderados, como el propio Cambó.
En plena guerra civil esa actitud les llevó a sabotear suicidamente a las izquierdas revolucionarias con las que se habían aliado, hasta el punto de provocar las conocidas quejas de Negrín a Azaña: "Aguirre no puede resistir que se hable de España. En Barcelona afectan no pronunciar siquiera su nombre. Yo no he sido nunca españolista ni patriotero. Pero ante estas cosas me indigno. Y si esas gentes van a descuartizar a España, prefiero a Franco. Con Franco ya nos las entenderemos nosotros, o nuestros hijos. Pero estos hombres son inaguantables. Acabarían por dar la razón a Franco".
Y en la actual democracia no ha dejado de crecer esa histeria, con quema de banderas, destrucción o eliminación de símbolos comunes, más el permanente rumor sordo de la literatura injuriosa, a pesar del enorme esfuerzo realizado por el conjunto del país para estabilizar una convivencia en las libertades. ¿A pesar de ese esfuerzo? ¡A causa de él, precisamente! No faltan quienes proclaman con desvergüenza no estar contra España, sino solo "contra cierta idea de España". Y no dejan de tener razón: solo detestan la España que incluye a gallegos, vascos y catalanes, etc. La España democrática opuesta a sus planes totalitarios. Porque los separatismos, debe insistirse en ello frente a sus pretensiones democráticas, siempre obraron en alianza con los movimientos revolucionarios y antidemocráticos, hasta hundir entre todos las libertades en España por dos veces y mostrarse luego totalmente incapaces de resistir a las dictaduras que de ese modo habían contribuido a traer.
("Contra la balcanización de España")
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Decía que la ciencia no puede abordar la literatura aplicándole los criterios de la física o de la biología, porque sería lo mismo que condenarse a no entender nada. La literatura, claro está, se compone de ficciones. Pero esas ficciones tienen una peculiar influencia psicológica, creemos en ellas de algún modo, a pesar de ser conscientes de que nunca ocurrieron. Y son socialmente apreciadas hasta el punto de que no solemos considerar persona culta a quien ignore las más relevantes de ellas. Los grandes caracteres y sucesos de la literatura tienen una forma de existencia --pese a no haber ocurrido--, y una influencia mayor y más permanente que multitud de personajes y sucesos de cuya existencia tenemos pruebas fehacientes.
Obviamente, una aproximación científica a la literatura no puede consistir en la tosquedad o necedad ciencista de determinar su carácter “irreal”, sino de reconocer sus condiciones y su peculiar modo de existir. A partir de ese reconocimiento es posible establecer hipótesis e investigar. De otro modo se declarará absurdo e inexistente un producto crucial de la actividad cultural humana, de la cual, insisto, ya no se entenderá nada, y que daría lugar, en buena lógica a su abolición, a la abolición de la literatura como una pérdida de tiempo o algo peor.
Tengo la impresión de que lo mismo ocurre con la aproximación ciencista a la religión. Determinada esta como un conjunto de falsedades y falacias, deberíamos concluir que, o bien la humanidad tendría que haber perecido hace ya mucho tiempo en un enorme fracaso, al haberse orientado por tales absurdos; o que en realidad las ficciones religiosas no han tenido influencia significativa en la historia y evolución humanas, cuando todo indica lo contrario; y si fuera así no valdría la pena ocuparse de ella. De antemano estaríamos rechazando la comprensión del objeto a examinar, negando su valor mediante una aplicación ridículamente simplista, acientífica, de algunos criterios de la ciencia.

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