lunes, febrero 19, 2007

Pronografia con dinero de todos

lunes 19 de febrero de 2007
Pornografía con dinero de todos
LOS gastos derivados de la exhibición de tres películas en un festival «porno» dirigido a mujeres, el pasado mes de octubre, merecieron una subvención oficial de 5.000 euros de la Generalitat de Cataluña. Dejando al margen el debate sobre el orden de prioridades con el que debe regirse un Gobierno autonómico en la concesión de ayudas públicas, por mínima que sea su cuantía, y dejando a un lado también el dudoso gusto demostrado por la Generalitat en este caso, lo más sorprendente es que la emisora de la subvención fue la Secretaría de Política Lingüística del Gobierno presidido por José Montilla. Como en los puzles, basta ir uniendo piezas con cierto criterio para que la imagen definitiva se aparezca ante los ojos: el responsable de esa secretaría es el «número dos» de la Generalitat, Josep Lluis Carod Rovira, que en este episodio reúne la triple condición de reconocido admirador del cine del autor beneficiado por su Gobierno; de líder de ERC, partido del que se declara simpatizante el director de las películas, lo cual no deja de ser relevante a los efectos de merecer una subvención; y de auténtico censor del castellano en Cataluña.
Es evidente que la obsesión demostrada por el tripartito para imponer una férrea política de inmersión lingüística no alcanza sólo a recurrir ante el Tribunal Constitucional la enseñanza de una tercera hora en castellano en los colegios. Va mucho más allá. Llega a tal extremo que permite a Carod creer que para coadyuvar a su desenfocada y exótica defensa del catalán vale incluso la frívola excusa de financiar con el dinero del contribuyente la difusión de películas pornográficas de un conocido suyo. Pero no debe ser así. La clase política catalana ya ha sido la causante en los últimos años de infaustos episodios que certifican su indolencia y su lejanía de las prioridades de la ciudadanía. Destinar fondos públicos a exhibir contenidos pornográficos cuando en Cataluña, como en el resto de España, viven personas en pésimas condiciones, incluso por debajo del umbral de pobreza, es un error rayano en la malversación de caudales públicos. Incluso, habría que preguntarse acerca del criterio de los interventores y los supervisores del dinero de todos en Cataluña para la autorización oficial de este gasto y si la motivación real de la subvención responde a criterios sólidos de interés público que trascienden el favoritismo o el mero capricho de un político. Desde luego, no parece que sea así. El hecho de que «una lengua normal debe estar presente en todos los ámbitos» -alegación de Carod para decidir su arbitraria ayuda- no parece suficiente razón de peso para pagar y hacer propaganda de la obra «porno» de un simpatizante. Carod no sólo demuestra amiguismo, sino una irreflexiva e indecente forma de entender la política. Otra vez.

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