jueves, febrero 15, 2007

Lo esencial son las victimas, la quimica es otra cosa

Lo esencial son las víctimas, la química es otra cosa
Antonio Martín Beaumont

16 de febrero de 2007. Venimos repitiendo que el juicio por los atentados del 11 de marzo de 2004 empezó ayer, y venimos insistiendo en la importancia de lo que se va a ir viendo en la Casa de Campo. Este jueves, para no defraudar, el primer acusado, Mohamed el Egipcio. Pero la verdad es que este juicio empezó en cuanto estalló la última bomba, y que además de la sentencia que dicte la Audiencia Nacional, y después sin duda el Tribunal Supremo –ya lo verán ustedes-, estamos asistiendo a un juicio mediático y político que dura ya tres años y que no tiene de momento visos de acabar en ninguna sentencia compartida por todos.El juicio, fuera del aula del tribunal, se ha enfrascado desde hace unas semanas en un debate técnico sobre compuestos químicos, que llena portadas y páginas de todos los medios de comunicación y que nos está haciendo refrescar lejanos recuerdos de un Bachillerato que, por lo demás, dedicaba poco espacio a la Física y la Química. No importa: aquí todo el mundo se ha lanzado a opinar sobre la composición de la dinamita, como si esto fuese algo opinable y no más bien un tema que debe dejarse a los expertos y que no es nada relativo sino de sí o sí.Lo más lamentable de esta furia por opinar sobre lo que no es opinable es que estamos dejando a un lado lo esencial. Porque en el bachillerato aquél, eso sí lo recuerdo, nos dejaban bastante claras las ideas sobre Aristóteles y sobre Tomás de Aquino, y sobre las diferencias entre esencia y accidente. La química, los compuestos, los tecnicismos en suma, son cosas accidentales. Muy importantes para conocer la verdad, desde luego, pero accidentales respecto a lo esencial en este juicio, que debe ser el dolor de las víctimas.No tiene ningún sentido que media España se lance contra la otra media por razones políticas, mediáticas, personales e incluso… químicas, y que no coloquemos en el centro de la escena a quienes deben estar allí por derecho propio, los 192 asesinados, los miles de heridos, los millares de familiares y afectados. El 11-M pasaron muchas cosas y en los días siguientes también, y este juicio es, también, para que la verdad resplandezca y se reconstruya la unidad de nuestro pueblo. Pero nada ni nadie, por ninguna razón, debería olvidar que lo esencial es más que lo accidental. Ante todo, resarcir a las víctimas con la verdad y la justicia; el resto, después.

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