martes 20 de febrero de 2007
Buenos días, buenas prácticas
POR DELFÍN RODRÍGUEZ
La reciente y aplaudida aprobación del Documento de Buenas Prácticas en Museos y Centros de Arte Contemporáneo es un acontecimiento feliz y lleno de buenas intenciones, tantas que no sé de casi nadie que pueda dudar del carácter de ideario que posee. Después de leerlo, le embarga a uno un sentimiento de dicha y dignidad, de sosiego y confianza, en verdad inesperados en el panorama de las artes (contemporáneas, en este caso) en nuestro país que, por otra parte, había sido, hasta este momento inaugural y luminoso, un sencillo y lacónico correlato del desencuentro cotidiano de nuestra vida política, social, cultural, ética y moral. Pero ya no va a ser así y este documento es mucho más que algo que tenga que ver sólo con las artes (contemporáneas), porque acabará afectando benéficamente a todos los ámbitos de nuestra vida, ya lo verán.
En primer lugar, cabe decir que el documento ha sido consensuado y aprobado no sólo por el Ministerio de Cultura, sino por las asociaciones más importantes y representativas de directores de museos y centros de arte, de galeristas, de críticos y artistas, de comisarios independientes. Y esto es, sin duda, una excepcional noticia. Es verdad que en esas asociaciones no están todos los pudieran o debieran estar, por diferentes motivos, aunque tal vez no menores, pero están buena parte de los más prestigiosos. Así que, hasta aquí, todo es bueno, muy bueno, y de verdad que comparto las cosas fundamentales del documento, las que habrán de cambiarnos a todos, aunque algún detalle, por eso de llevar la contraria, me inquiete. Pero no seré yo quien estropee la fiesta, ni mucho menos.
Al margen de esos detalles, sí me ha llamado la atención que el documento no tenga rango legal, jurídico o normativo alguno y que su aplicación vaya a depender de la buena voluntad de los implicados (directores, artistas, galeristas, críticos), de las instituciones y de los políticos que gestionan los museos y las artes en ámbitos locales, autonómicos y del Estado. Yo diría: papel mojado, pero no debo, ni quiero.
Glosarlo todo obviamente no puedo hacerlo en este brevísimo comentario, pero los análisis, el diagnóstico, las conclusiones, el subrayado de la especificidad del arte contemporáneo y las propuestas son encomiables, claras, precisas, nobles y bienintencionadas. Establecen no sólo un hito, sino que, después de leerlo, no he podido menos que recordar aromas de viejas sacristías, incluidos los retorcidos y graciosos comentarios de los sacristanes. Y los imagino preguntando aviesamente: ahora, ¿quién da el primer paso? ¿quién da el primer ejemplo?, ya que todo depende de la buena voluntad. Y los sacristanes sonríen a escondidas, con gracejo.
Parece lógico que los primeros en dar ejemplo sean los firmantes del documento, empezando por el Ministerio de Cultura, que así se ha comprometido, pero también el resto de los firmantes del mismo, ya que muchos de ellos son directores de centros y museos, miembros de patronatos, etc., y de los que no se sabe qué harán, aunque intuyo lo mejor. Para dar ejemplo, también ellos debieran, siguiendo las «buenas prácticas» que han aprobado, defender en sus distintos centros la aceptación de aquéllas y, en primer lugar, poniendo sus cargos a disposición para comenzar así una nueva era en nuestras vidas y en el mundo del arte contemporáneo. Sería una forma ejemplar de aunar voluntades, que es lo único que puede garantizar el éxito de tan sensato documento, pero carente de valor normativo alguno.
Y luego queda, si se asume el documento, incluso por los que no han participado en su elaboración y firma, ponerlo en ejecución. Porque, ¿quién examina a los directores que ya existen y valora su adecuación al cargo? ¿Querrán hacerlo? ¿Podrán? En fin, demasiadas cosas. Por eso hace un tiempo que defiendo el modelo perfecto, que aúna voluntades y contenta felizmente a todos, de museo regido directamente por un político y que es mi imaginario museo preferido: pero todavía es sólo un punto en el mapa. Un amigo, que no me cree ni comparte mi propuesta, me ha dicho que incluso a mi museo le han salido sacristanes. Yo le he dicho que se trata de milagros, pero me mira como si hubiera enloquecido. Ya veremos. Mientras, contamos al menos con un documento de buenas prácticas, noble, ético y bienintencionado, consensuado y lleno de buena voluntad, que debe ilusionarnos.
lunes, febrero 19, 2007
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