Carlos Floriano, ante el reto de demostrar que el problema era Ibarra
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CARLOS FLORIANO
El presidente del PP extremeño tiene ante sí una gran oportunidad: retirado Juan Carlos Rodríguez Ibarra y con la gestión del poder municipal como activo, la Junta deja de ser un imposible.
GUILLERMO FDEZ. VARA
El perfil tranquilo y gestor del candidato socialista, actual consejero de Sanidad, no tiene nada que ver con el del atrabiliario y carismático presidente de la Junta.
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El PP extremeño va a intentar revalidar además su mayoría de gobierno en las cinco grandes ciudades. Enfrente, en la lucha por la Junta, el socialista Guillermo Fernández Vara, un ex de AP.
18 de febrero de 2007. Extremadura, con el 12,94%, es la comunidad de España con mayor tasa de paro, casi cuatro puntos por encima de la media nacional. Y en las perspectivas financieras hasta 2013 de la Unión Europea, es la única región de nuestro país cuyo PIB por habitante está por debajo del 75% de la media de la UE-25, y nada menos que a diez puntos de quien la antecede, Andalucía.Y, sin embargo, es muy probable que si el hombre que durante un cuarto de siglo ha gobernado Extremadura sin conseguir sacarla de la cola, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, volviera a presentarse, el PSOE tendría el triunfo asegurado. Pero el 7 de noviembre de 2005 el presidente de la Junta sufrió un infarto agudo de miocardio, y en septiembre de 2006 anunció que no volvería a ser candidato, al confesar sentirse "como cuando a uno le enseñan una tarjeta amarilla".La hora del relevoCasi de inmediato se conoció quién intentaría sucederle: Guillermo Fernández Vara, su consejero de Sanidad desde 1999 y el miembro más conocido de su gobierno. De 48 años, casado y con dos hijos, médico forense y profesor universitario de su especialidad, entró en el ejecutivo de Ibarra en 1995 como director general de Salud Pública, y un año después ya era consejero de Bienestar Social, puesto que cambió tres años después por la que ahora ocupa. Su labor en el SES (Servicio Extremeño de Salud) constituye para el PSOE su principal activo como gestor y el gran aval de su candidatura: Fernández Vara es, al fin y al cabo, quien lo ha montado desde que en 2001 la Junta recibiese el traspaso de las competencias del Insalud.El aspirante socialista tiene fama de "buena persona" (una de las primeras características que citan de él quienes le conocen), pertenece a ese sector del PSOE que no oculta sus convicciones católicas, es –como José Luis Rodríguez Zapatero- un fiel seguidor del Barça y presenta una peculiaridad en su biografía: fue militante de Alianza Popular durante un año, allá por los años 80, de resultas de su amistad con Antonio Hernández Mancha, a quien conoció durante su estancia en Córdoba; antes declara haber votado dos veces a la UCD.Ese dato de su militancia popular lo esgrimen ahora sus opositores para sugerir que lo que busca es sólo poder, y que cambió de bando cuando pudo pisar moqueta. Con todo, no van a ir por ahí los tiros de la campaña de su rival, Carlos Floriano, con 40 años recién cumplidos, casado, con una hija, doctor en Derecho y profesor de Economía, y diputado autonómico desde 1995. Es su segundo intento de asalto a la Junta. Hace cuatro años el PP quedó a una distancia de lograrlo que con Rodríguez Ibarra enfrente seguiría pareciendo excesiva: 26 escaños, por 36 del PSOE y 3 de IU.Pero ahora las cosas han cambiado. Los populares tienen encuestas que dan a los socialistas un descenso de entre 1 y 5 diputados, y un ascenso al PP de entre 3 y 5. En el mejor de los casos, pues, habrían logrado enjugar la diferencia, y estarían peleando ya por la victoria. A lo que añadir el factor Extremadura Unida (EU), una veterana formación, fundada en 1980 por Pedro Cañada, que obtuvo representación en la Asamblea de Extremadura en los 80 y que en los últimos años parece despuntar otra vez. Ha suscrito un acuerdo con el PP para presentar listas conjuntas el 27-M, y los populares recuerdan que EU obtuvo el 1,6% de los sufragios en 2003, una ayuda que ahora puede ser imprescindible para "el cambio", palabra talismán con la que Floriano quiere simbolizar la esperanza de la región de salir del lugar en el que está.El poder municipalComo en Andalucía, el PP extremeño tiene una fuerte implantación en las principales ciudades, y es por las zonas rurales donde se le escapan las elecciones. Gobierna en Cáceres y Badajoz desde 1995, con dos alcaldes, José María Saponi y Miguel Celdrán, respectivamente, que han pospuesto la idea de retirarse para asegurar de nuevo la victoria. Que está más complicada en la capital cacereña, desde que el concejal Felipe Vela abandonase el grupo popular, dejando al alcalde en minoría (en 2003 el PP obtuvo 13 ediles, por 11 el PSOE y uno IU). También tienen los populares posibilidades de arrancar la alcaldía de Plasencia a Elia María Blanco, que se hizo con ella en 2003 con el voto de una concejal de Compromiso por Plasencia, grupo escindido del PP que finalmente ha vuelto al redil. En Don Benito ganaron los de Floriano hace cuatro años con un 54% de los votos. Y en Mérida se dará uno de los grandes duelos del 27-M, que se resolvió en 2003 a favor de los populares por una diferencia de 109 votos, que hicieron alcalde a Pedro Acedo, cuyas relaciones con el candidato de su partido a la Junta son manifiestamente mejorables, pero que repite como valor seguro del partido en la histórica ciudad pacense, capital además de la región.El factor refineríaUna de las grandes incógnitas del 27-M en Extremadura será el impacto electoral de la construcción de una refinería en Tierra de Barros, que ha centrado la polémica política en los últimos meses, despertando asimismo un fuerte debate social. Fernández Vara la ha respaldado, exigiendo, eso sí, el cumplimiento de la legalidad medioambiental. En su opinión, hay que respaldar la industrialización de la comunidad, y si no se implantan en ella refinerías ni parques eólicos que sí lo hacen en otras regiones de España, "habrá que declarar a los jóvenes especies en peligro de extinción porque no tendrán empleo ni futuro".Por su parte, Floriano se ha decantado frontalmente por el no: "En mi modelo no cabe la refinería", asegura, y ha prometido retirar cualquier ayuda financiera de la Junta y utilizar "todos los medios legales" contra su implantación. El desarrollo extremeño, sostuvo en una reciente entrevista, "tiene que basarse en nuestras producciones, en los recursos turísticos, en los recursos monumentales y naturales".¿Podrá ser esa refinería la que incline la balanza? En los mítines del PP extremeño se respira el optimismo, y suelen sonar gritos que proclaman "¡Ahora sí!" para jalear a Floriano. Quien lo tiene complicado, pero, por primera vez en un cuarto de siglo, no imposible. Y Mariano Rajoy va a cuidar esa región durante la precampaña y la campaña, porque sabe que un vuelco de tal magnitud en Extremadura (o en la Castilla-La Mancha post-José Bono, caso análogo, aunque no idéntico, al post-Ibarra) sería un hito tan importante en su camino a La Moncloa como conservar Madrid o la Comunidad Valenciana.
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