viernes 8 de diciembre de 2006
POR XAVIER NAVAZA
CORRESPONSAL EN GALICIA
Los celos del actor secundario Quin
El premier galaico le ha dicho a sus señorías que se dejen de vodeviles y se atengan a los acuerdos que, poco a poco, a pesar de los aspavientos de algunos, se van trenzando en la Casona del Hórreo para la modificación del Estatuto de Autonomía. "El trabajo en sede parlamentaria marcha adecuadamente", sostiene Emilio Pérez Touriño. Y a continuación indica que, todo cuanto se salga del guión establecido en la Cámara, está condenado a enturbiar un proceso que debiera ser el paradigma de la claridad: "Para crear un acuerdo hay que crear luces, no sombras", ha dicho.
En el vodevil, como ustedes saben bien, la fuerza dramática de los actores se encuentra en las puertas, gracias a las cuales -con la entrada y salida de personajes- se crean situaciones que sorprenden al espectador y le hacen cómplice de cuanto acontece sobre las tablas. Aclarado esto, la pregunta es de cajón: ¿Quién es el último que ha abierto la puerta de la escena política en nuestro país? Si la respuesta correcta es Anxo Quintana, y lo es, no queda más remedio que suponer que el cordial rapapolvo que ayer administró urbi et orbi el presidente de la Xunta de Galicia, iba directamente dirigido hacia su vicepresidente.
Admitido esto, la oferta que el alaricano le ha hecho al líder del PPdeG, Alberto Núñez Feijóo, para reunirse al margen de don Emilio y discutir una vez más sobre si Galicia es nación, nacionalidad histórica o, burla burlando, la mismísima nazón de Breogán... sólo prueba que el joven Quin -al que sin duda le falta un hervor- no ha asimilado que el protagonismo estelar de la pieza le corresponde al presidente del Gobierno. Su lugar, a cambio, debe ser el de un prestigioso actor secundario que le proporciona enjundia a la acción.
La magnífica y reveladora reunión que Touriño y Feijóo realizaron hace tres semanas en Monte Pío sigue escociéndole, es evidente. Tanto que por un momento ha perdido el papel y le hemos visto abriendo una puerta que no estaba prevista en el guión. Lo peor no es eso, sino que ha trasladado a la opinión pública y publicada la imagen de un político que, representando al poder, se ha visto en la necesidad de pedir audiencia al líder de la oposición.
Feijóo, con su silencio, no ha hecho otra cosa que ponerle un puñadito de sal en la herida, enviando a su segundo de a bordo en el PPdeG (Alfonso Rueda) para que éste le diese el no. Así, la escena se ha tornado patética y en cierto modo enternecedora. La pequeña bronca que don Emilio le ha dedicado ha menguado un poco más la figura política del joven Quin; es decir, el actor secundario Quin.
LA REFORMA SIN FIN
Una semana al gusto de los augures
Alfonso Rueda, a fin de cuentas, le ha dado un puyazo a Anxo Quintana: "Un nuevo encuentro" entre Alberto Núñez Feijóo y Quintana, afirma, "sería un paso atrás" en las posiciones fijadas el mes pasado entre el líder de los populares galaicos y el presidente Emilio Pérez Touriño. No ha sido una buena semana para el vicepresidente, pero deberá tener paciencia. Su escueta flota en la Cámara no da para más y posiblemente debería estar prevenido para admitir, llegado el caso, la posibilidad de un acuerdo entre socialistas y populares que tal vez no fuese del agrado de las bases asamblearias del Benegá. La intervención, el otro día, de la vicepresidenta del Gobierno central, es todo un indicio: "Si ustedes se pasan en Compostela, nosotros arreglaremos el entuerto en Madrid", vino a decir Teresa Fernández de la Vega. Tal vez debió callar, pero sus palabras son toda una premonición .
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