sabado 16 de diciembre de 2006
Lo que la vida no logró
TONIA ETXARRI
En el revés del encarnizado debate sobre el proyecto de ley de la Memoria histórica (la suya, la mía, la de aquel) que ha conseguido dividir a propios (Ramón Jáuregui sustituido como portavoz por Torres Mora) y extraños (los socios republicanos que quieren ver postrado al Rey pidiendo perdón por errores ajenos) aparece la imagen del acercamiento entre adversarios. Nada habitual. Pero lo que la vida no consiguió, la muerte de Loyola de Palacio lo ha facilitado, logrando dar la vuelta a la endemoniada inercia de la incomunicación entre el Gobierno y el Partido Popular. Que el presidente Zapatero se acercara, por un momento, al líder de la oposición Mariano Rajoy, no fue casual. Se trataba de una escena muy buscada porque el presidente de Gobierno ya había mantenido, la noche anterior una conversación telefónica con el dirigente popular para manifestarle su pésame por la pérdida de la ex ministra vizcaína. Pero seguramente querría escenificar que se trataba de la primera conversación cara a cara, en mucho tiempo y poco después de que los dos líderes hubiesen coincidido en la ceremonia de la celebración del aniversario de la Constitución, sin haberse dirigido la palabra. Lo cierto es que Rajoy, en los últimos días y después de ver la deriva que está tomando el proceso de negociación con ETA, no ocultaba, en privado, que esperaba que Zapatero le llamara para comentar tan delicada situación. Pero la muerte de Loyola ha precipitado el esperado encuentro. Como si estuvieran recogiendo, inconscientemente, el legado de una dirigente como la ex ministra que siempre abogó por el entendimiento entre los dos principales partidos de este país, en las situaciones más comprometidas. A partir de este momento, cabe esperar que la demostración de la condolencia sea el comienzo de un deshielo necesario para afrontar, con el mayor sentido común, la crisis que atraviesan las negociaciones con ETA. Las que existieron en su día, las que no se producen ahora, el cruce de guiños y el partido en tablas, necesita de una fuerza democrática con la que, hoy por hoy, no cuenta el presidente del Gobierno mientras siga empeñado en mantener alejado al principal partido de la oposición de todo este embrollo. Mientras tanto, pasan los días y la ilegalizada Batasuna está agotando sus últimos cartuchos para presionar al Gobierno. Ayer, frente a la sede de los socialistas en Bilbao, Otegi, «el interlocutor necesario», que no es capaz de frenar los brotes de terrorismo callejero, culpa a Zapatero de lo que pueda pasar a partir de ahora. Parece una actitud premonitoria. Como si el entorno de ETA necesitara ya buscar culpables del posible fracaso. Mientras, el cambio de la Fiscalía pidiendo el archivo de la causa de Egunkaria ha provocado cierto alivio en el abogado Iñigo Iruin. Siguen los gestos en tiempo de descuento.t.etxarri@diario-elcorreo.com
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