sábado, diciembre 16, 2006

Quiñonero, Negra memoria, y solos

sabado 16 de diciembre de 2006
Negra memoria, y solos
POR JUAN PEDRO QUIÑONERO
LA sombra del fantasma de Caín cubre con su manto la agitación legislativa. La soledad internacional la hace más visible.
En París, Le Figaro afirma que la clase política española está «más dividida que nunca», contemplando los campos de tumbas y muertos sin sepultura de muy distintos bandos. Frankfurter Allgemeine Zeitung analiza la misma tragedia nacional, convertido Franco y la memoria histórica en armas políticas arrojadizas.
En Buenos Aires, Clarín enumera los puntos básicos del proyecto de ley, para concluir que «crece y crece» la lista de posibles fosas por abrir, desenterrando luctuosos sucesos. Por su parte, La Nación insiste en la gravedad de los enfrentamientos, citando las posiciones antagónicas de ERC y el PP, reflejo de visiones diferentes de la misma y trágica historia.
La discordia cainita interior coincide con el sonambulismo diplomático.
Sobre la cumbre europea, son muy visibles los piadosos paños de lágrimas hipócritas sobre las esfumadas «exigencias» españolas en materia de inmigración, Oriente próximo y Alianza de Civilizaciones. En París, La Tribune subraya, sin embargo, que Madrid ha hecho frente común con Luxemburgo para intentar «relanzar» una UE estancada institucionalmente por el «no» francés al proyecto de Tratado Constitucional europeo. Cruel, La Tribune comenta: «Será muy difícil encontrar un terreno de entendimiento con Francia, sin contar que Inglaterra no está interesada en el proyecto: Londres ha reiterado su rechazo al abandono de su derecho a veto». En la otra orilla del Mediterráneo, la visita de Zapatero a Argel ha conseguido suscitar las críticas de Argel y Rabat, al unísono.
En Rabat, Aujourd´hui Le Maroc escribe: «En Argel, Zapatero ha sido víctima de un chantaje». En Argel, El Watan escribe: «En lugar de reparar una injusticia histórica, el Gobierno español la refuerza, convirtiéndose en un actor de inestabilidad y desestabilización en el Magreb. Zapatero adopta la posición contraria de la Internacional socialista por razones mercantiles».

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