jueves 7 de diciembre de 2006
Alianza de odios
LA peregrina o dramática historia de los etarras refugiados en Venezuela da una imagen muy pintoresca del puesto de España en las Américas.
En Venezuela, Tal Cual comienza por recordar la excelencia de las relaciones entre Zapatero y Chávez, ya que «el presidente venezolano, el primer defensor de Fidel Castro y su régimen dictatorial, también fue el primero en adherirse rápidamente a la propuesta de Zapatero sobre la Alianza de Civilizaciones».
En Caracas, igualmente, el Diario 2001 da una razón inquietante del funcionamiento burocrático y militar de Venezuela, donde un funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores ha podido evitar la extradición e indemnizar a los etarras «sin consentimiento» (¡!) de un gobierno que pretende representar «el socialismo del siglo XXI»: «Es alarmante en todo el país el incremento de la corrupción, los homicidios, secuestros asaltos, robos y sicariado, el asesinato a sueldo». 2001 se pregunta: «¿Quo vadis, Venezuela?». Y concluye: «Los hospitales del Estado, la vivienda, las comunicaciones, los servicios, también esperan una atención urgente».
En Europa, tales encuentros y desencuentros hispano-venezolanos despiertan una perplejidad apreciable. En París, Le Monde habla de una «primera escaramuza», en un tono muy colorista. Por su parte, Frankfurter Allgemeine Zeitung no consigue ir tan rápido como la evolución de la crisis, cuando todavía titula: «Asilo y dinero para ETA».
En un terreno estrictamente nacional, en París, el International Herald Tribune (IHT) publica un largo análisis, entre positivo y ácido. La nota más favorable a Zapatero la da Emilio Lamo de Espinosa, que declara: «Incluso si los españoles no están contentos con Zapatero, eso no significa que prefieran a la oposición». Lamo de Espinosa añade: «Zapatero gobierna contra media España, con el apoyo de la otra media». Ignacio Astarloa saca para el IHT esta consecuencia de tal comportamiento gubernamental: «Zapatero ha destruido el consenso que se había construido durante la transición democrática».
Juan Pedro Quiñonero
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