miércoles, diciembre 13, 2006

Miguez, Doctorados"honoris causa" y memoria historica

Doctorados "honoris causa" y memoria histórica
Luis Miguez Macho

14 de diciembre de 2006. Los asuntos de actualidad pasan rápido al olvido, pero a lo mejor hay todavía algún lector que recuerda que hace poco más de un mes los medios de comunicación dieron la noticia de que la Universidad de Santiago de Compostela –mi Universidad– le retiró al general Franco el doctorado honoris causa que le había concedido en 1965. Pues bien, ayer salió publicado en la página web de la Universidad el resumen oficial de la reunión de su Consejo de Gobierno en la que se habría tomado tal decisión (puede consultarse aquí; sólo existe versión en gallego) y, como yo sospechaba, la noticia publicada en su día no se ajusta del todo a la realidad: Franco sigue siendo doctor honoris causa por Santiago, aunque, eso sí, se haya ordenado borrarlo de la lista de ilustres honoris causa de la Universidad y del libro de honores de la misma.Digo que ya sospechaba esto porque soy profesor de Derecho administrativo, y una de las cosas que les enseño a los alumnos de tercero de carrera es que los actos administrativos favorables o declarativos de derechos, como es la concesión de un honor de este tipo, son irrevocables. Pueden, sí, ser anulados por la Administración que los dictó si concurren en ellos determinadas irregularidades especialmente graves, pero para ello hay que seguir el procedimiento establecido por la ley, cosa que no ha sucedido en el presente caso, y, por lo demás, es dudoso que sea posible hacerlo transcurridos más de cuarenta años.La Universidad de Santiago, así pues, no ha anulado la concesión del doctorado honoris causa, no la ha revocado formalmente, sino que la ha "rechazado" simbólicamente. Pero esto, aunque salva la legalidad de la decisión, no la hace menos discutible. Y ya que nadie abrió la boca en aquella reunión del Consejo de Gobierno para decir ciertas cosas, lo haré yo ahora.Para empezar, la Universidad, en vez de restaurar su dignidad, como dice el acuerdo, degrada los honores que concede si sienta el precedente de que se pueden transformar en insultos y denuestos pasados muchos años, cuando el homenajeado está muerto y enterrado y ya no tiene la posibilidad de responder o revolverse, como no sea en la tumba. Así nuestro rector mereció las burlas de un conocido comentarista de actualidad, que propuso que se le otorgase una medalla al valor por este extemporáneo acto de resistencia antifranquista, producido treinta años después del fallecimiento del "jefe de un Estado fascista", como se le denomina al general Franco en el propio acuerdo, con una terminología ideologizada impropia de un órgano universitario.Es preciso recordar que no fue Franco quien solicitó o exigió el doctorado honoris causa por Santiago, sino que los antecesores en el cargo de nuestro rector y demás miembros del Consejo de Gobierno se lo ofrecieron motu proprio. Si se trató de un acto tan vergonzoso e intolerable, es a ellos a quienes habría que ajustar las cuentas retroactivamente. Y aquí viene una de las partes más lamentables, probablemente la peor, del famoso acuerdo: haciendo gala del más lamentable corporativismo universitario, se salva la evidente e innegable responsabilidad de aquellas autoridades académicas aludiendo a la falta de autonomía de la Universidad en la época y a las circunstancias políticas del momento.¿Qué se nos quiere decir con ello? ¿Que el ministro de Educación o el gobernador civil llamaron por teléfono y amenazaron con fusilar a las autoridades académicas de la Universidad de Santiago si no hacían a Franco doctor honoris causa? La realidad es que en aquel periodo histórico había muchas personas que consideraban a Franco el salvador de la patria y merecedor de ése y otros honores. En un ejercicio sincero de "memoria histórica", en vez de lanzar a deshora improperios antifascistas y tratar de restaurar dignidades supuestamente maltrechas, éste debería ser el verdadero motivo de reflexión: por qué Franco tenía tantos partidarios en 1965, en la sociedad en general y en la Universidad en particular.Al general Franco se le concedió un doctorado honoris causa sin poseer relevantes méritos científicos o académicos para ello. Pero es que en el actual periodo democrático se ha seguido haciendo lo mismo, en la Universidad de Santiago de Compostela y en todas las demás, con relevantes personalidades públicas, del Rey Don Juan Carlos (por cierto, sucesor de Franco en la Jefatura del Estado) y diversos jefes de Estado extranjeros para abajo.Si se quiere sacar alguna lección de aquello, restrínjase en el futuro la concesión de estos honores. Ahora bien, que los órganos de gobierno de la Universidad de Santiago haya tomado partido en la desgraciada polémica sobre la "memoria histórica" que ha conseguido de nuevo dividir en dos bandos a la sociedad española es una irresponsabilidad que no le hace ningún favor a una institución centenaria.

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