miércoles, diciembre 06, 2006

Kepa Aulestia, Romper

jueves 7 de diciembre de 2006
Romper
KEPA AULESTIA

La opacidad con la que tiende a gestionarse todo proceso de paz se confunde, en el caso que nos ocupa, con el desconocimiento que sus propios protagonistas reflejan sobre la situación en que se encuentran realmente. Parece claro que el principal artífice de esto que nadie ve cuándo y cómo podría convertirse en un proceso de paz, el presidente Rodríguez Zapatero, albergaba pronósticos más optimistas. Sin embargo los hechos han desembocado en un atolladero sin nombre; o idóneo para que se le apliquen cualquiera de los apelativos al uso: en impasse, bloqueado, suspendido, congelado. El problema no es que la opinión pública se muestre desconcertada. El problema es que, con la excepción de Jonan Fernández, que ha declarado a 'La Vanguardia' estar informado de «las negociaciones» , lo que le permite asegurar que «el proceso avanza y no hay marcha atrás», nadie parece en condiciones de iluminar este extraño túnel de la ignorancia. El momento actual puede ser descrito en negativo. Pero resulta imposible definirlo en positivo. Sabemos qué es lo que no es, o qué es lo que no ocurre. Pero no tenemos ni idea de lo que pasa y, sobre todo, de lo que pasará mañana mismo. Alguien concluirá que en eso consiste el acierto del presidente: para romper algo ha de existir previamente y con nombre propio. Y esto no existe. Además, si existiera no habría razón alguna para romperlo. Pero el acierto, de serlo, lo compartirían también ETA y Batasuna. Sus mensajes tampoco se refieren a nada existente con nombre propio. Llevan cuatro meses sin siquiera mencionar el «alto el fuego». Y han dejado de hablar del proceso como si estuviésemos instalados en él, al modo que lo hacían antes. Optan por evocaciones menos comprometidas. Hasta el punto de que los suyos, sobre todo los que se emplean en la kale borroka, serían hoy incapaces de explicar dónde nos encontramos y qué podría ocurrir la semana que viene. Serían incapaces de romper lo que no existe o ha dejado de existir.De repente, después de años recreando un conflicto a base de palabras, nadie parece interesado en decidirse por un nombre para bautizar el momento. Tras toneladas de esquemas convencionales sobre la resolución de conflictos y de entrenar mentes capaces de aplicar modelos de exactitud para nuestra identificación como pueblo problemático, de pronto no sabemos dónde estamos. Lo que permite pensar que, a base de confundir los fines con los medios, hemos acabado instalándonos en el mientras tanto. De manera que si en su día descubrimos en el proceso -y no en su fundamento ni en su necesidad- lo que nos permitía avanzar y sentir que éramos algo, es probable que estemos a punto de rizar el rizo de nuestros hallazgos. Quizá nuestra verdadera identidad sea innombrable, y así nos sentimos más enteros e irrompibles. k.aulestia@diario-elcorreo.com

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