sabado 16 de diciembre de 2006
Opiniones
JOSÉ MARÍA ROMERA j.m.romera@diario-elcorreo.com
En la jerga del oficio lo conocen como 'canutazo'. La operación consiste en acercar el micrófono a la boca de un transeúnte y, sin encomendarse a Dios ni al diablo, pedirle que manifieste su opinión sobre un asunto cualquiera. Tanto da que se trate de un tema de actualidad o de una cuestión anecdótica, de un descubrimiento de la ciencia o del derbi de la semana. Asombra lo preparada que aparenta estar la gente a la hora de responder. Y su falta de miedo escénico. Las cámaras suelen grabar respuestas de todas clases, unas cabales y otras disparatadas. Hay quien da opiniones sensatas, coherentes, con conocimiento de causa, y quien se lanza a hablar con esa angelical osadía que otorga la ignorancia, pero en todo caso con mucho aplomo. Para que luego digan que los micrófonos imponen respeto. Yo creo que es justo lo contrario: que el micrófono posee alguna rara propiedad euforizante en virtud de la cual quienes son señalados por él se desinhiben, se vuelven locuaces y pierden el sentido del ridículo. Recatadas viejecitas que a la salida de misa responden con chistes picantes a una pregunta sobre lencería erótica. Chavales de la ESO pontificando acerca del calentamiento global. Trajeados ejecutivos de banca que echan su cuarto a espadas en el enésimo devaneo sentimental de una tonadillera. Un paso más y todos ellos se ponen a la altura de un columnista de prensa. ¿Verdaderamente es tan ilimitada nuestra capacidad de opinar? En la llamada 'sociedad del conocimiento' nada escapa ya a la opinión de cualquiera. Hemos echado a rodar tanta información, es tal el frenesí de datos, noticias, hechos y pareceres girando a nuestro alrededor, que se ha extendido la errónea idea de un conocimiento innato sobre todas las cosas, un saber infuso que flota en el ambiente y para el que no son necesarios estudios, investigaciones ni lecturas. Basta con ver una película de ficción en la que aparecen psicópatas para sentirse autorizado a dictar sentencia acerca de los últimos avances de la criminología forense. Nos pasan un documental de delfines y ya nos creemos el primer oceanógrafo. Es cierto que hoy día el acceso al saber es más sencillo. Hay más igualdad de oportunidades para estudiar y sacar títulos académicos. Pero de ahí no se deriva que el saber haya cambiado de naturaleza y se haya vuelto un producto de consumo asequible sin esfuerzo. Para opinar hay que conocer, y para conocer es preciso tomarse la molestia de aprender, de leer, de informarse. El canutazo es un golpe que la ignorancia militante asesta sobre la inteligencia. ¿Qué opina usted del régimen de Putin?¿Y del fichaje de Higuaín? ¿Y de las canciones de Los Violadores del Verso? ¿Y del anisakis? Pues ni idea, qué quiere que le diga.
No hay comentarios:
Publicar un comentario