viernes, diciembre 08, 2006

Felix Arbolí, El puente de los posteriores suspiros

viernes 8 de diciembre de 2006
El puente de los posteriores suspiros
Félix Arbolí
C UANDO se publique este articulo, gran parte de los posibles lectores del mismo se hallarán en pleno puente, aunque yo le llamaría acueducto, no ya sólo por su larga extensión, sino por la presencia del agua que mas de uno habrá tenido que soportar en su lugar elegido para pasar estos días. El aprovechar la circunstancia de alguna jornada festiva entre semana, para unirla a la que se consigue por la benevolencia del jefe o la mentira piadosa de esa repentina enfermedad o inesperado problema surgido a ultima hora, se ha convertido en una autentica epidemia nacional. No importa el que para conseguirlo tengamos que empeñarnos hasta las cejas y pasar meses un tanto estresantes, lo principal, lo único a tener en cuenta es abandonar el escenario habitual de nuestro diario acontecer y poner tierra por medio buscando ese nuevo escenario donde intentar gozar unos días de asueto y relajación, salga el sol por donde salga. Al no poder estirar nuestras exiguas pagas, hay que buscar la solución económica de nuestra escapatoria en esos prestamos tan fáciles y rápidos de conseguir que a diario nos atosigan en prensa, radio y televisión a través de los múltiples anuncios de esas empresas financieras que en poco tiempo han surgido, como por encanto, dándonos prodigiosa solución a nuestros pesares y problemas de la manera mas fácil y rápida posible. En mis lejanos tiempos de oficial administrativo en el Banco Central de San Fernando, estos negocios estaban en manos de prestamistas particulares a los que el argot popular llamaba despectivamente usureros. Eran personas de no muy noble condición moral y social, enriquecidas a costa del estraperlo en la venta de alimentos racionados y posteriormente de la penicilina, entonces solo asequible a potentes economías o desesperadas decisiones, que ofrecían su dinero a costa de abusivos intereses y bien asegurados de su cobro. Al ser mi sección bancaria la de cartera, era el encargado de llevar el asunto de las letras que las pobres victimas del infortunio habían firmado y se habían comprometido a pagar “religiosamente”, so pena de juicios, embargos y demás zarandajas que acompañan siempre al infeliz de turno. (Ya lo dice la calle: “si robas o debes que sean siempre muchos millones”. Es de la única manera que no perderás el “don”, ni el “din”. El pago de una fianza irrisoria en comparación con la cantidad que te has “chupado” y a la calle a disfrutar de la vida. Si lo haces por menos, ni encontraràs ese abogado sobresaliente que te saque las castañas del fuego, ni te libras de unos años de cárcel, aunque se trate solo de calderilla ). Me daba auténtica rabia tener que enviar esa letra o efecto impagado al notario para su protesto, pues era sabedor del calvario que se iniciaba en la vida familiar de dicho individuo por esta falta de pago, pero no tenia otra solución. El resultado ya era conocido, un legajo adjunto donde se especificaba que al no ser abonada en su fecha indicada, le letra iba recargada con una serie de gastos y una evidente amenaza judicial llegado el caso. El puente tan frecuente en nuestro calendario laboral, mas aun que en nuestro panorama geográfico, tiene también otras evidentes y nada alentadoras consecuencias con la cifra de familias que inician un inesperado luto al término de esta llamémosle etapa vacacional. Cifras que la prensa, radio y televisión informan destacadas para aleccionar y alarmar, a un tiempo, de las amenazas que el viaje nos puede deparar. De nada servirá que usted cumpla a rajatabla, con estricta meticulosidad, las normas y precauciones que todo conductor debe observar en sus traslados por carretera cuando se hacen en jornadas de lentas y enojosas caravanas. Usted podrá ir a la velocidad permitida, sin salirse un solo kilómetro de los permitidos; puede circular sin pisar el acelerador cuando las circunstancias aconsejen aminorar la marcha; puede evitar el imprudente y arriesgado adelantamiento, aunque no advierta claramente peligro alguno; puede llevar los cinco sentidos a su máximo rendimiento y estar pendiente del que le antecede, le sigue y le rodea durante todo el trayecto. Pero tales precauciones no podrán impedir que un alocado dominguero, suicida peligroso e inconsciente o bebedor en demasía inoportuno se cruce en su camino y le ocasione la mayor tragedia de su vida. Además da la puñetera casualidad de que por esas ironías de la vida, los culpables del accidente, los causantes de esa dantesca escena y sus posteriores consecuencias, suelen resultar ilesos en el trance. Pero este afán majadero de tener que poner tierra por medio a nuestro escenario habitual para disfrutar de montaña o playa, no tiene siempre la debida compensación ni alicientes, ya que a veces el clima nos hace una faena y la lluvia nos obliga a permanecer encerrado en una modesta pensión o residencia, extrañando nuestra cama durante la noche y echando de menos nuestras mejores condimentadas comidas durante el día, aparte de lamentar el gasto realizado inútilmente. Claro que no todos aprovechan este paréntesis laboral para darse un garbeo y disfrutar alejados del mundanal ruido, sino para ahorrarse unas pesetas y llenar una esquilmada despensa y frigorífico. Según nos contó una vecina en un momento de extraña confidencialidad, ellos aprovechaban estas “mini vacaciones” para ir al pueblo, donde no solo se ahorraban la comida de cada día, sino hacer el regreso cargado con embutidos, garbanzos, quesos y carnes que les servían para no tener que preocuparse del sustento familiar en unas semanas mas. Echando cuenta de lo que les costaba el autobús de ida y vuelta para ella, su marido e hijo, salían ganando y mucho, comparado con el dinero que allí no tenían que gastar y la cantidad de productos que se traían. Nada extraño ya que esta familia años atrás, cuando el frigorífico aun no era una pieza fundamental en la vida hogareña, nos dieron a guardar una pierna de cordero procedente de uno de sus viajes al pueblo y cada dos o tres días venia a casa y cortaba un trozo. La pierna, inconcebible, pero cierto, le durò en nuestro frigorífico cerca de un mes. Mis hijos pensaban irse unos a Denia y otros a Tarragona. Al final, han decidido suspender el viaje y quedarse en Madrid, de lo cual me alegro, ya que mañana, día siete, hace cuarenta y seis años que me casè con la mujer màs maravillosa del mundo y de esta forma celebraremos una comida familiar donde me vea rodeado del amor de mi mujer, el cariño de mis hijos y la feliz presencia de esos tres queridísimos nietos con los que estoy seguro volveré a sentirme el hombre mas feliz del mundo, agradeciéndole al Todopoderoso tanta generosidad un año mas . A ti amigo lector que has tenido la paciencia y amabilidad de leerme, solo desearte un feliz regreso, libre de toda bruma que ensombrezca tu futura existencia si has salido de “ parranda” carreteril y si has permanecido junto al Oso y al Madroño, aun que sea ya hipotéticamente, que la vida te sea también placentera y libre de toda contrariedad. Y, ¡ ojo con ese dinero que te ofrecen tan fácilmente, que no es oro todo lo que reluce y los meses corren muy a prisa a la hora de pagar!. Aun quedan muchas fiestas que guardar y disfrutar y muchas y mejores ocasiones donde invertir el poco dinero que la llegada del euro nos ha dejado.

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