ENVENENADO... ¿Y ASESINADO?
De las cuatro hipótesis sobre Litvinenko, ¿cuál intranquiliza más?
Ángel Maestro
Lo sencillo es relacionar este caso con el de Anna Politkovskaia, y acusar de ambos a Vladimir Putin. Pero los nueve detectives británicos tienen otras opciones encima de la mesa.
8 de diciembre de 2006. El presunto envenenamiento del antiguo agente del KGB Alexander Litvinenko ha desatado una oleada casi sin precedente de acusaciones contra el gobierno ruso. Muy inferior, por cierto, a la que en tiempos despertaron atentados mortales, perfectamente comprobados, de los servicios soviéticos desde la época estalinista hasta el final de la guerra fría. Del KGB a la estructura actualDesde el fin de la Unión Soviética , los "órganos especiales" experimentaron cambios muy significativos. Desapareció el poderosísimo Comité para la Seguridad del Estado (KGB), y aunque sus funciones fueron asumidas y divididas a grandes rasgos entre el FSB (interior: información política) y el SVR (exterior: contraespionaje y protección), con otras agencias menores, algunas de sus misiones de castigo, entre ellos el Departamento V, fueron radicalmente suprimidas. Otro organismo muy eficaz, la Dirección General de Información del Estado Mayor General (GRU, para acciones de fuerza), sigue existiendo con el mismo nombre e idénticas misiones, entre las cuales no figuran la eliminación física de los oponentes al gobierno ruso. La lucha contra el terrorismoMediante una resolución del Consejo de la Federación de Rusia, el presidente Vladimir Putin ha recibido no hace mucho la autorización para que los servicios especiales y las unidades del GRU fuesen afectados a la lucha contra el terrorismo internacional. Asimismo el presidente puede disponer de unidades especializadas del FSB para actuar en el extranjero "contra los terroristas o bases terroristas situadas fuera de la Federación de Rusia, destinadas a eliminar una amenaza contra la seguridad de esta última", como fue el asesinato de diplomáticos rusos en Irak. Las "residencias " del GRU en el extranjero disponen de menos efectivos que las "residencias" del SVR en términos de efectivos y de financiación, pero su labor ha sido, y es, tradicionalmente muy eficaz. Sus logros históricos desde su creación el 5 de noviembre de 1918 han sido extraordinarios, desarrollando un papel de suma importancia en los éxitos del espionaje soviético en la obtención de la información atómica para la Unión Soviética. Las acciones desarrolladas por el GRU en los Estados Unidos y en Gran Bretaña le permitieron obtener 286 documentos científicos secretos relacionados con el arma nuclear. Entre sus fuentes de información figuraron físicos tan celebres como Albert Einstein, Jacob Robert Oppenheimer, Enrico Fermi, Bruno Pontecorvo, Leó Szilard o Niels Bohr. En 1945 la "residencia" del GRU en los Estados Unidos consiguió transmitir una descripción de la estructura de la bomba atómica, y en marzo de ese año el grupo S, que actuaba bajo la dirección del legendario Pavel Sudoplatov, dirigió a Beria un fundamental informe sobre los ultrasecretos trabajos de puesta a punto de la bomba atómica. En los años actuales, en efecto el GRU jugó un papel decisivo en la eliminación del dirigente saudí Abu Al- Salid, que según los informes del SVR, había organizado el sangriento atentado del Metro de Moscú. A un estilo similar al de los israelíes, no resulta aventurado afirmar que cualquier acto terrorista contra ciudadanos rusos, bien en Rusia o en el extranjero, recibirá una respuesta similar. De Politkovskaia a Litvinenko, y la "hipótesis Berezovski"Una hipotética eliminación de Anna Politkovskaia por parte de los servicios rusos no traería sino quebraderos de cabeza sin justificación por los resultados que se obtendrían, dada la muy relativa importancia de la periodista asesinada, desde luego sin peligro ninguno ni para Putin, ni para el sistema. En el caso de Litvinenko, de quien ya se conoce la entrevista que mantuvo con un guardaespaldas del multimillonario Boris Berezovski, y que había recibido su pasaporte británico sólo dos días antes del envenenamiento, su eliminación física no justificaría el riesgo a correr por el gobierno Putin, absolutamente desmesurado en relación con los datos que podía facilitar el ex espía. Es bien conocido el hecho de que cuando Berezovski formaba parte del equivalente al consejo de seguridad nacional de Yeltsin, no sólo mantenía conversaciones, sino que enviaba fondos al lider checheno Basaiev. Por tanto no sería nada irreal una jugada de Berezovski para una vez agotados los servicios de Litvinenko, arrojar sobre Putin una colosal campaña de descrédito. ¿Se ha "privatizado" el KGB?Se ha especulado sobre si el envenenamiento de Litvinenko, así como otras acciones, podrían ser imputables a antiguos agentes de los servicios soviéticos, lo que se ha dado en llamar "privatización del KGB". Contra ello pueden aducirse aspectos discrepantes. Al liquidarse la antigua Unión Soviética, no se produjo una disolución casi total de los "órganos especiales", al estilo de la que si se produjo en los países de la órbita del Pacto de Varsovia. Al desaparecer el KGB se produjo un número considerable de retiradas, pero ni mucho menos una disolución de los servicios. Ni tampoco de sus misiones. Un ejemplo bien significativo de la continuidad soviética transformada en los intereses rusos lo constituyó el caso de Aldrich Ames, el directivo de la CIA más importante de los últimos años que trabajó primero para el KGB, y posteriormente para el SVR. Y no por ideología, como los Philby, Burgess, McLean, Craincross, Blunt… sino con una traición exclusivamente económica, recompensada hasta el momento de su detención por el FBI con unos 4 millones de dólares. Si el ruso hubiera sido un servicio descompuesto no habría podido continuar con medidas del más alto interés en su especialidad. Donde sí se produjo la descomposición total, y un aluvión de lo que podría calificarse de candidatos al "paro", fue en los servicios de Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Rumanía, Bulgaria, etc. No en un grado absoluto en los de la República Democrática Alemana, ya que a pesar de la crisis económica rusa, los rusos salvaron a algunos, aunque muy pocos, de los componentes de los que fueron los más perfectos servicios de información y represión del Pacto de Varsovia, exceptuando los de la URSS. Por tanto sí ha existido, y en una gran medida, una "privatización" de los servicios satélites, y entre sus miembros "en paro forzoso" sí existen técnicos formados en diferentes especialidades, entre ellos la toxicología. Entra en juego la contrainteligencia británicaNueve detectives británicos recibieron visados rusos para desplazarse a Moscú e interrogar a quienes fueron los últimos en contactar con el ex agente del FSB Litvinenko aún vivo. Hace poco los representantes de la Fiscalía General rusa han firmado un memorándum de cooperación con los colegas británicos y el caso Litvinenko brinda una de las primeras ocasiones para unir experiencias, ideas y esfuerzos. Los tres testigos de interés para Scotland Yard son los empresarios Andrei Lugovoi, Dmitri Kovtun y Viacheslav Sokolov, que el 1 de noviembre pasaron un par de horas con Litvinenko en el londinense hotel Millenium, precisamente aquel día fatal, cuando empezaron problemas con su salud. Al parecer, de los tres el mayor interés para los detectives ingleses podría representar Lugovoi, también ex agente del FSB, quien el pasado mes realizó cuatro visitas a Londres entrevistándose con la futura víctima del polonio 210. A veces a Lugovoi le falla la memoria: ora dice al rotativo Kommersant que "no presenta huellas algunas de contaminación", ora confiesa al Sunday Times británico que hay indicios de envenenamiento radiactivo en su cuerpo. Y es que de improviso se despejó la memoria y comenzó a hacer milagros con muchos habitantes de diversos confines del orbe. Dicen que en Washington un ex agente del KGB, Yuri Shvets, reveló el secreto de la muerte de Litvinenko a los detectives británicos. "Parece que conozco el nombre del autor del asesinato de mi amigo y los móviles del mismo", manifestó Shvets dejando con los ojos abiertos al reportero de la agencia AP. También podría saber algo Mario Scaramella, italiano que hace negocios como consultor en materia de los servicios secretos. Y una señora rusa, Svetlana, residente en Londres, quien dice que por razones desconocidas, Litvinenko no le hizo declaraciones amorosas, sino que de inmediato confesó la intención de ganarse muchos miles de libras esterlinas chantajeando a altos cargos del FSB.Según todas las evidencias, los detectives británicos tropiezan con quienes por diversos motivos ansían publicidad y emprendieron el baile de la muerte ante el cadáver de Litvinenko sin esperar a que lo sepultaran, lo que no sucedió hasta este jueves en Londres, paradójicamente a escasos metros de la tumba de Karl Marx. Cuatro versiones dignas de estudioEn Moscú los agentes británicos se arriesgan a caer en la telaraña de versiones tendida por la prensa. A decir verdad, entre éstas hay cuatro dignas de un estudio más atento. Versión nº 1. Litvinenko adquirió polonio de contrabando y quiso, como de costumbre, obtener pingües beneficios. A favor de esa suposición milita el hecho de que el 1 de noviembre dejó indicios de radiación en todos los lugares que visitó, comenzando por la oficina de Boris Berezovski, pero ninguno de sus interlocutores sufrió daño. Además, Scaramella confirma: a su amigo Litvinenko le gustaba hacer juegos malabares con el contrabando de isótopos. La futura víctima de polonio subsistía en Londres gracias a escasas limosnas de Berezovski y, por consiguiente, buscaba ganancias complementarias. Quisiera agregar a ello la información no comprobada respecto a los resultados de la autopsia que se filtró en la prensa británica. Dicen que la dosis superpotente de radiación que recibió Litvinenko, podía proporcionarla una cantidad de polonio 210 que costaría no menos de 30 millones de euros. Es un poco caro para perpetrar un asesinato. Version nº 2. Litvinenko quería poner fin a sus relaciones con Berezovski, buscaba caminos de repliegue y comenzó a representar peligro para el oligarca fugitivo. En realidad, últimamente en torno a Berezovski comenzaron a aglomerarse los nubarrones. El memorándum de cooperación firmado hace poco entre el fiscal general adjunto de Rusia, Alexander Zviáguintsev, y sus colegas británicos no prometía nada bueno al magnate exiliado en Londres. Pero Litvinenko sabía demasiado, podía perder el control de sí mismo y en una charla eventual dejar escapar algo respecto a sus problemas íntimos. Versión nº 3. Litvinenko contactó con un primitivo laboratorio clandestino, donde se hacía la bomba nuclear "sucia" para los terroristas chechenos. Tal suposición fue hecha por expertos duchos en materia de energía nuclear. En efecto, vale la pena mencionar dos hechos. Uno de los amigos íntimos de Litvinenko era Ahmed Zakáev, ex cabecilla de un grupo de extremistas chechenos, a quien la Fiscalía General quería ver en Moscú acusado de asesinatos y torturas en Chechenia. El segundo hecho es que hace dos años aproximadamente, Berezovski anunció al mundo que los separatistas chechenos ya tenían el maletín nuclear. En opinión de expertos, el polonio 210 puede ser utilizado como detonador de la bomba nuclear "sucia". ¿Tal vez Litvinenko transportaba ese componente del detonador al laboratorio secreto londinense, lo que le costó la vida? Versión nº 4. Fue la venganza de un conocido ex agente del FSB entregado por él a los servicios secretos británicos. Pero existe un argumento de peso contra esa versión: como blanco, Litvinenko es una figura microscópica. Es la mosca en comparación con los elefantes de la deserción en Londres: Gordievski y Rezún alias Suvórov. El primero era el "residente" al adjunto en Gran Bretaña que denunció a decenas de agentes, en uno de los mayores golpes contra los servicios soviéticos; y el segundo, en su opúsculo Acuario, informó sobre decenas de agentes activos. Al desembrollar esta maraña de versiones, los detectives británicos deberían guiarse por la afirmación de John Reid, ministro del Interior. Al responder a la pregunta relativa a la versión nº 5: "¿Está implicado el Kremlin en la muerte de Litvinenko?", el titular del Foreign Office dijo: "La peor hipótesis son las suposiciones. No vaya a ser que tengamos que avergonzarnos después".
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