jueves, diciembre 07, 2006

Carlos Luis Rodriguez, No marques las horas

viernes 8 de diciembre de 2006
CARLOS LUIS RODRÍGUEZ
a bordo
No marques las horas
Fue el horario autóctono, pero podría haber sido cualquier otra cosa. Pensemos por ejemplo en otras tres singularidades británicas, como el sentido de la circulación, el sistema de medidas o la moneda. No hubo ningún asambleísta del BNG al que se le ocurriera proponer que en Galicia se circulara por la izquierda, se desterrara el metro, o se abandonara el euro. De haberlo habido, el debate hubiese sido muy parecido al que se produce a cuenta del huso famoso.
Funcionarían los dos mecanismos que se ponen en marcha en cuanto salta la noticia de la hora galaica. Quienes asocian cualquier novedad, la que sea, con algo bueno, coparían el debate cantando las alabanzas de la ocurrencia, y los que piensan que es un dislate, guardarían silencio por miedo a ser tachados de rancios retrógrados.
Como está sucediendo con la autodeterminación horaria, la carga de la prueba se invertiría. La pregunta dominante sería por qué no, mientras que los innovadores no tendrían que explicar el por qué sí. El hecho de que la propuesta sea rara, extravagante o pintoresca, le da un plus en la línea de salida. Mucha gente la abraza, y otra queda en la duda, por si acaso.
Antes de considerar chorrada la hipótesis de una circulación por la izquierda, piénsese en la accidentalidad de las carreteras británicas, muy inferior a la que se sufre en las gallegas. Tal vez, uno de los factores que influyen sea ése. Quién sabe. Bastaría con que la idea tuviera un par de declaraciones de apoyo para que echara a rodar por nuestros foros y recibiera más de un respaldo.
Sucedería algo parecido con la recuperación de un sistema de medidas autóctono, en el que muchos de nuestros paisanos se sienten más a gusto que con el impuesto por el Estado español, o con el divorcio del euro, para volver a la peseta, o ubicarse en el área de la libra esterlina. ¿Acaso no se controlaría mejor la economía, y no sería Galicia menos dependiente de vaivenes monetarios que tienen su origen fuera?
Hace unos años, no hubiera sido extraño encontrar sugerencias como la hora menos en Galicia, en una letra de Os Resentidos, o una actuación de Cañita Brava. Ahora, uno esperaría oír algo así en un monólogo de Nancho Novo, o en el último diálogo de Os Tonechos, y sin embargo aparece en el congreso de un partido que gobierna, merece el aplauso de personas serias y sólo es atacada, con mucha precaución, por el siempre razonable conselleiro de Traballo.
Puede que sea un síntoma de una huida de la realidad. Es lo que practican cantantes, actores y humoristas, y lo que no deben hacer los políticos. Quienes lo hacen, están confesando que se agota su repertorio de soluciones para los problemas reales, y que prefieren entonces promover discusiones que tienen la misma finalidad que la canción, o la actuación: entretener al público.
Lanzar una propuesta como el reajuste de los relojes gallegos tiene una ventaja, además de ese coro de partidarios que sale automáticamente en defensa de cualquier elucubración. La ventaja es que no se pondrá a prueba. Es evidente, incluso, que muchos de los que están jaleando la revolución horaria, lo hacen con la convicción de que nunca se aplique. Quedarán así como innovadores, rebeldes contra el sistema y fustigadores del conservadurismo cronológico, sin el riesgo de ser desmentidos por la experiencia. O sea, que la chorrada compensa.
Tal vez sería bueno exigirles coherencia. Que se aplique de inmediato en los municipios que gobiernan. La Galicia que vaya con adelanto, se morirá de envidia.

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