jueves, septiembre 07, 2006

Más que un sueño

viernes 8 de septiembre de 2006
Más que un sueño
Javier del Valle
C UANDO el pasado lunes nos despertamos los aficionados al baloncesto todo parecía demasiado perfecto para ser un sueño. Mientras dormimos nuestra mente se suele sumergir en situaciones absurdas y sin sentido que suelen reflejar nuestras obsesiones, a veces curiosas y divertidas y en otras ocasiones pesadillas. Como no vislumbramos situaciones ideales nuestra mente sigue trabajando y cuando estamos despiertos seguimos “soñando”, esta vez para alimentar nuestra ilusiones personales, profesionales o sentimentales. La mayoría de los aficionados a algún deporte tenemos nuestros propios sueños de hincha apasionado que esta vez han sido colmados si no superados por los jugadores de baloncesto de la selección española. Se trata de un grupo de 12 jóvenes que rebosan talento y que se pasaron el verano trabajando por un objetivo común, tutelados por un sabio entrenador que les lideró y estimuló para llegar al éxito. El equipo contaba con dos estrellas de la NBA (Gasol y Calderón) y dos futuros miembros de la Liga Profesional más prestigiosa del mundo (Garbajosa y Sergio Rodríguez). A ellos no les importó trabajar duro durante casi dos meses, sin importarles el sacrificio personal pues tenían la recompensa de representar a su país en el Mundial de Japón. Se esperaba mucho de los internacionales por su calidad y competitividad acreditada (en sus clubes, en las competiciones europeas y en la ACB, así como en su trayectoria en la selección desde que eran juveniles). No se escondieron y desde los primeros entrenamientos se mostraron ambiciosos, aunque esa ansia de victoria estaba barnizada por una capa de humildad necesaria para esquivar la prepotencia (que aprendan los futbolistas). Trataron a la prensa con sencillez, sinceridad y profesionalidad y esa imagen se propagó entre la afición que les admira por su calidad humana. Todos acataron la autoridad de su técnico, el discreto Pepu Hernández, al que respetaron y obedecieron desde el primer entrenamiento hasta el sonido de la última bocina del torneo. Pau Gasol sumió su papel de líder con la suficiente inteligencia como para no convertirse en un divo dentro de la plantilla. Casi todos eran amigos pues anteriormente habían congeniado en otras concentraciones. Los nuevos en el grupo fueron acogidos de forma cálida. De esta forma la convivencia fue armoniosa, lo que repercutió en un rendimiento deportivo óptimo desde los amistosos previos al Mundial. Asimismo todos tuvieron su cuota de protagonismo. Los jugadores asumieron su papel (estelar o secundario) por el bien del colectivo. Esa actitud les llevó a ganar todos los partidos, los de preparación y los de competición y todos los miembros del equipo se sintieron importantes, tuvieron sus minutos de gloria. Ningún jugador fue discriminado ni tuvo la dura condena del banquillo perpetuo. Por si fuera poco ganaron la mayoría de los encuentros del torneo de forma cómoda, incluidos los choques ante Serbia (ex campeona del Mundo), Lituania y la final ante Grecia, la vigente campeona de Europa. Sólo sufrieron ante Argentina, selección vencedora en los últimos Juegos Olímpicos con grandes estrellas, pero hasta en el momento más difícil del Mundial el coraje de los jugadores españoles les llevó al éxito.

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