viernes 8 de septiembre de 2006
LAS ESQUELAS MORTUORIAS
Félix Arbolí
A causa del invento ese de “La Memoria Histórica”, (como si esa clase de Historia fuera conveniente y necesaria recordarse), nos machacan de continuo sobre los sufrimientos padecidos por uno de los dos bandos enfrentados, el de los vencidos en el frente y vencedores en los mítines. Pero insisten y avivan unos sucesos, que nunca debieron haberse producido, a los setenta años de transcurrir esa hecatombe, empeñados y empecinados en que los que los vivieron, los que se los oyeron a sus mayores y los que no tenían ni la más “pastelera” idea sobre el conflicto, se dediquen a tratar de recordar, enquistar y envenenar la hasta ahora pacífica convivencia de los españoles. Ante este despliegue de mensajes revolucionarios y falseados, partidistas y solapados, haciendo mártires a los que antes fueron feroces verdugos y se vieron posteriormente, al terminar la contienda, en la desesperada situación de sufrir incluso menores torturas de las que ellos habían infringidos a sus adversarios o pacíficos opositores, las víctimas del frente populismo se han sentido aludidas y ofendidas. Y ante esta reacción injustificada y fuera de tono y tiempo, los familiares de los hoy vilipendiados, se han visto obligados a recordar y honrar a sus mártires, aunque a costa de gastarse las pesetas (nunca me acostumbro al chabacano euro), en esa deuda de homenaje a los suyos. No cuentan con el gobierno de España para ese testimonio de admiración y gratitud, ya que los jerifaltes de la política actual no los estiman con el mismo derecho a ser recordados ellos también. Para contrarrestar este ataque generalizado y oficial a los que vencieron en las trincheras en una lucha cuerpo a cuerpo, (que mal me sabe tener que escribir “una lucha cuerpo a cuerpo entre españoles”, pero no soy yo el que se afana en mantener vida la llama del odio, el revanchismo y el rencor de los vencidos), las familias, viudas, hijos y nietos especialmente, junto a algunas, muchas madres también, se ha dedicado a publicar en la prensa no contaminada, ni comprometida, una serie de esquelas mortuorias. Encargos, previo pago, de familiares que perdieron a un ser querido en los prolegómenos e inicios de nuestra guerra civil “vilmente asesinado” (así consta en el texto), por las “hordas marxistas” al salir de su casa, en su trabajo, ante las tapias del cementerio tal o cual, en unión de equis compañeros o sacado de su casa en unión de algún familiar, no importa que fuera un menor, por los milicianos del Frente Popular. Añaden la ya conocida frase de que “dieron su vida por Dios y por España”. Del otro bando no hay esquelas privadas, (dinero que se ahorran), porque, (creo yo), no “dieron su vida por Dios y por España”, ya que eso iba contra su ideología, por lo visto, oído y aún latente. También porque no las necesitan. Cuentan con el recordatorio enorme, constante y promocionadísimo entre los representantes políticos de su ideología, con su Comandante en Jefe a la cabeza, para airearlo a los cuatro vientos y al mayor numero de medios de comunicación, y encima totalmente gratis. Hasta en la televisión que pagamos todos, mis descuentos mensuales también, para que un señor con aire profético y solemne, como si fuera el mismo Bossuet, en este caso más bien, mi ilustre paisano Emilio Castelar, le iría mejor, cerrase el ciclo haciendo un panegírico sobre los caídos en esa barbarie franquista de la posguerra. Nada de los que cayeron antes de esa lucha, en los años de sadismo y crueldad protagonizados por los verdugos del tristemente famoso Frente Popular. Estos, eran una especie de “James Bond”, con licencia para matar, pero con bula para no ser atacados en su lucha feroz contra todos los que no comulgaran con sus ideas y si lo hicieran en las iglesias. Eran los grandes patriotas, los defensores de la libertad (pero que no se te ocurriera llevarle la contraria), los salvadores de la Patria que si llegan a dominarla unos años más, no dejan en pié ni el monolito a Colón. Se veía y oía en el documental, como un locutor emocionado y solemne hablando en “off”, retransmitía los detalles de una vida donde hombres y mujeres trabajaban como bestias, sin percibir dinero alguno. Solo recibían unos bonos que podían cambiar por ropa y comida. Los anarquistas en el gobierno, habían prohibido y eliminado el dinero. ¡Se puede pretender mayor locura!. Todo estaba colectivizado, hombres y máquinas pertenecían y formaban parte de unas comunas, cuyos jefes eran los encargados de distribuir los bonos según el rendimiento personal de cada uno. Yo estaba alucinado, pues me hacía dudar si estaba viendo un documental sobre los años anteriores a nuestra guerra civil, durante el dominio del patriótico y enaltecido Frente Popular o una película de las llamada de ciencia ficción que, por cierto, han perdido el lógico interés que gozaban durante mi juventud. Como signo inequívoco de esa ansia de revancha que domina al ser humano cuando se siente explotado, presentaban también, como un logro de esa nueva España proletaria, social y revolucionaria, unas comidas en el Hotel Ritz de Barcelona, abierto su restaurante para el público de escasos recursos, basta que tuvieran los consabidos bonos, en las que se inspiraría Buñuel para su célebre y dantesca escena de “Viridiana”, donde figuraban centenares de comensales ocupando sus decorados salones centrales. Sus mesas se presentaban abigarradas y llenas de familias, milicianos y seres desarraigados, que mostraban sus caras sonrientes a la cámara, levantando sus cerrados puños y enarbolando los platos y cubiertos como si fueran pendones de una ciudad reconquistada. Daba vergüenza y pena contemplar a esos pobres y equivocados seres demostrar su felicidad y poderío, amparados por sus exhibidas pistolas y mosquetones, como si con ella dieran a entender que fueran los amos del mundo. Los camareros no descansaban un solo instante para servir a tan gentil y pacífica clientela. Ignoro quién le serviría la comida posteriormente a estos camareros y personal de cocina. Me figuro que siendo trabajadores como ellos, tendrían derecho a las mismas reglas y oportunidades. ¿Cómo pueden pretender que un documental de ese estilo pueda hacer añorar a alguien esa España desconocida ?. ¿A dónde hubiéramos ido a parar si no se pone remedio a esa caótica situación que imperaba en toda España?. Hasta los mismos jefazos de la República que cesaban, dimitían y cambiaban, como yo de camisa veraniega, estaban atemorizados y sorprendidos de esa imprevista y nada recomendable situación política, donde los anarquistas iban por un lado, los comunistas por otro, socialistas a sus anchas y hasta sindicatos y tantas otras extrañas asociaciones tenían sus propios jefes, ejército, (si así podría considerársele) y consignas a cumplir, no siempre afines a las restantes agrupaciones políticas y en más de una ocasión, enfrentadas entre sí a muerte. ¿Qué se lo pregunten a los supervivientes del POUM (Partido Obrero Unificado Marxista) a cuyo dirigente Andrés Nin le costó el secuestro, tortura y muerte en Alcalá de Henares, por orden de Negrín?. ¡Cómo no iba a estallar un alzamiento contra esta marabunta dividida y tan peligrosa, aparte de perjudicial para la vida normal de la nación!. ¿Es que no lo comprenden los que se aferran a ese periodo como arquetipo de legitimidad, armonía y respeto a los derechos humanos?. ¡Déjense de monsergas baratas para cines de barrios y cafetuchos morunos!. Hoy los españoles no somos analfabetos, como en esos gloriosos tiempos, ni necesitamos blandir cucharas y tenedores en restaurantes públicos, por mucha categoría que tengan, como signo de poder y confort. No obstante, en mi incuestionable deseo de hermandad y pacífica tolerancia, me gustaría que la prensa nacional, por propia iniciativa, sin encargos de particulares, ni aviesas intenciones, publicase una enorme esquela mortuoria que ocupara toda la página en la que se pudiera leer, más o menos, el siguiente texto: --------------------------------------------------------------------------------------------- “Descasen en paz, sin que a sus familiares nos sigan dominando rencores, ni vengativas intenciones, todos los caídos en España, durante el largo y terrible periodo que duró nuestro enfrentamiento antes, durante y posterior a la guerra civil, que nunca debió producirse y ahora debemos olvidar. Que la etapa de conciliación y fraternidad que se inició con nuestra pacífica transición política, siga siendo nuestro orgullo y el ejemplo ante el mundo y ante nuestros hijos y nietos para los que queremos una España mejor que la que tuvimos nosotros. Que sea vilipendiado y maldecido en el presente y el futuro, ante el tribunal de la Historia, quién intente sembrar nuevamente las cizañas del odio y la venganza entre los que nacieron en la paz y no conocieron nuestros errores, ni desean contemplar nuestra deshonra.” ¡Descansen en paz los que murieron en ambos bandos y que sólo continúen vivos en nuestros más íntimos recuerdos!. ¡Dios los tenga en su gloria, aunque muchos no quisieran reconocerlo!.
jueves, septiembre 07, 2006
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