Cospedal entra con fuerza, pero ¿inquieta a Barreda?
Eusebio Cedena Gallardo
7 de julio de 2006. No se puede negar que María Dolores de Cospedal ha entrado con fuerza en la política en Castilla-La Mancha. Además de asumir la difícil responsabilidad de encabezar la candidatura del PP a la Presidencia de la Junta, Cospedal ha demostrado una impactante valentía personal al hacerlo en una circunstancias personales poco cómodas para lanzarse a una campaña electoral y dejando el Gobierno de Esperanza Aguirre en Madrid para irse a la oposición en Castilla-La Mancha y meterse en una aventura completamente incierta.Por si esto fuera poco, Cospedal ha asumido la presidencia regional del PP y ha empezado a dar los primeros pasos para la reorganización interna del partido, tocado de los muchos vicios propios de una formación política que lleva un cuarto de siglo en la oposición. Ha sorprendido, y mucho, el nombramiento de Vicente Tirado como número dos del partido en la región, sustituyendo a María de los Ángeles García al frente de la secretaría general. Aunque Tirado es un político batallador y experimentado, que además se ocupará ahora del escaño del Congreso que acaba de abandonar Ana Palacio, pocos apostaban por él para convertirse en el principal soporte de Cospedal en su nueva estructura interna.En todo caso, la nueva presidenta regional del PP está demostrando autonomía y capacidad para tomar decisiones propias, equivocadas o no, y eso en política es un valor apreciable. La fuerza con la que Cospedal ha llegado a la política en Castilla-La Mancha ha llevado al PSOE de José María Barreda a desplegar todo su arsenal mediático y político contra ella, con todo tipo de recursos y zancandillas, como la de retrasar su nombramiento como senadora hasta después del verano, pero esta actitud socialista no es un síntoma de ninguna preocupación, tan sólo el resorte automático que salta y se pone en marcha en la perfecta maquinaria de la izquierda castellano-manchega cuando se avista al adversario.Una cosa es clara: Dolores de Cospedal es una buena candidata y algún daño puede hacer a Barreda. Hasta el propio Bono lo comenta en círculos cerrados, pero eso no significa que pueda ganar las elecciones autonómicas en mayo de 2007. Un cuarto de siglo de gobierno socialista ininterrumpido no se finiquita a bote pronto nombrando un buen líder un año antes de las elecciones. Falta un tiempo de transición y alguien que aguante hasta 2011. Si Cospedal es esa persona, tal vez alcance dentro de cinco años la Presidencia de Castilla-La Mancha. Sólo tiene que organizarse, consolidar su liderazgo interno y externo y tener algo de suerte. Al día de hoy, echarse otras cuentas es sólo una ilusión, salvo convulsión política que no está prevista.Por eso, en el PSOE no ha inquietado mucho la llegada de Cospedal. El arranque socialista contra ella no es más que parte del juego político que vive la región, pero Barreda está tranquilo. Lleva dos años en campaña electoral y su agenda es imparable. En eso aprendió bien de Bono. En el entorno del Gobierno regional, generalmente muy bien informado, manejan datos muy jugosos sobre encuestas que hablan de una nueva y amplia mayoría absoluta del PSOE en la región. Personalmente, me los creo. Incluso no descartan ganar ayuntamientos tan difíciles como el de Toledo, circunstancia que, si se confirmara, dejaría completamente fuera de juego a José Manuel Molina, ya muy tocado con Acebes tras la cantada histórica que ha protagonizado en el PP regional.Así las cosas, Cospedal debe tener claro que lo suyo es una carrera de fondo, no los cien metros libres. Ya sabrá aquello que tanto le gustaba al Nobel Camilo José Cela: en España el que resiste gana. En Castilla-La Mancha a lo mejor también. Ahí estará tal vez la fuerza de la nueva líder del PP.
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