domingo, junio 18, 2006

Solo uno de cada tres catalanes apoya en las urnas...

lunes 19 de junio de 2006
Sólo uno de cada tres catalanes apoya en las urnas el Estatuto del Tinell
M. A. PRIETO/A. G. ABAD. BARCELONA.
Con una participación del 49,4 por ciento, una abstención histórica del 50,58 y una victoria del «sí» por el 73,9 por ciento de los votos, los catalanes refrendaron ayer el tercer Estatuto de su historia y pusieron así punto y final a un complicado proceso de dos años que ha transformado el panorama político y que ha modificado, además, el marco de relaciones entre Cataluña y el resto de España. Un dato llama la atención por encima de cualquier otro: sólo tres de cada diez catalanes votaron afirmativamente el texto, mientras que el Estatuto de Sau de 1979 recibió el apoyo de cinco de cada diez.
De los 5,3 millones de catalanes con derecho a voto, 2.563.551 acudieron a las urnas, dejando así en evidencia su malestar, o en el mejor de los casos su hartazgo, por cómo se ha desarrollado el debate sobre el texto estatutario. Los que votaron lo hicieron mayoritariamente a favor del nuevo Estatuto -que logró 1.877.499 votos-, mientras que el «no» promovido por el PP y ERC cosechó 527.383 sufragios, es decir, el 20,7 por ciento de los votos. A esta cifra hay que sumar 135.670 votos en blanco, un 5,3%, y 22.999 nulos, un 0,9 por ciento. Este resultado sólo puede interpretarse como un severo correctivo a toda la clase política catalana. No obstante, en términos relativos la apuesta de PP y ERC por el «no» fue la derrotada de la noche del referéndum y ha abierto las puertas a una gran coalición de centro entre CiU y PSC, situando a populares y republicanos en los extremos del arco parlamentario.
«Se acabó el victimismo»
El entorno del presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, ya hace semanas que barajaba unas cifras de participación por debajo del 50%. Aun así, Maragall está decidido a prescindir de ese pequeño detalle para explotar la victoria del «sí» en beneficio propio, ya que los socialistas se conformaban con un Estatuto refrendado por el 70 por ciento de los votos.
El hecho de que Maragall celebrara la victoria del «sí» en el Palau de la Generalitat -en una recepción multitunidaria a la que acudió la flor y nata de la sociedad catalana- y no en la sede del PSC, revela hasta qué punto el líder socialista ha planteado este referéndum como un plebiscito sobre su gestión al frente del tripartito y hasta qué punto se niega a compartir el «éxito» con su partido, justo en un momento en que se le cuestiona como candidato a las elecciones autonómicas que se celebrarán el próximo otoño.
No está claro, sin embargo, que Maragall esté en condiciones de echar un pulso al PSC y al presidente del Gobierno, José Luis Rodriguez Zapatero. Además de una victoria del «sí» y de una derrota contundente del «no», el presidente del Gobierno catalán necesitaba un claro respaldo en la participación ciudadana, que no se ha producido. Así, que el duelo entre Maragall y su partido está en un empate técnico.
En una solemne declaración institucional, el presidente de la Generalitat calificó de «rotunda e inapelable» la victoria del «sí» y felicitó a los catalanes «que han escrito una página de la historia expresándose con libertad» en las urnas. Maragall quiso reconocer la «legítima contribución democrática» de los ciudadanos que optaron por el «no» y, en base a este reconomiento, invitó al PP y ERC «a integrarse en el consenso». Aunque admitió que «nos habría gustado una participación más alta», se mostró satisfecho con los resultados y subrayó que «desde este momento en Cataluña se ha terminado el victimismo». «Lo que hagamos a partir de ahora dependerá exclusivamente de nosotros mismos», sentenció. El nuevo Estatuto, en opinión de Maragall, «permitirá que Cataluña se sienta más cómoda y mejor comprendida en la España plural que avanza».
Menos interés que por la OTAN
La jornada, aunque histórica, quedó pues empañada por la elevada abstención. La participación quedó muy por debajo de las cifras de referéndums como el de la Constitución Española (67,9%), la permanencia en la OTAN (62,8%) y sólo fue superior al celebrado en 2005 para refrendar la Constitución Europea, ya que en aquella jornada sólo se movilizó el 41% de los catalanes.
Ni la inclusión del término «nación» en el preámbulo del nuevo Estatuto; ni la apelación a los «derechos históricos» del pueblo catalán; ni la consecución de un sistema de financiación que otorga a la Generalitat capacidad para gestionar sus impuestos, lograron movilizar a los catalanes. Sólo hay que comparar los resultados del referéndum de ayer con los que consiguieron los dos estatutos votados con anterioridad por los catalanes. El de Núria, de 1931, fue aprobado con el 99 por ciento de los votos y una participación del 85%. En el de Sau, de 1979, la participación fue del 59%, con un 88 por ciento de votos afirmativos.
En mayor o menor medida, el castigo del electorado, en forma de indiferencia, ha afectado a todos los partidos. A los del «sí» -PSC, CiU e ICV- y a los del «no», PP y ERC. No obstante, son estos últimos los que al apenas rozar el 20 por ciento de los sufragios salen peor parados de la contienda estatutaria. Los resultados de ayer confirman que populares y republicanos no han conseguido movilizar el mismo porcentaje de votos que ambas formaciones sumaron en las últimas elecciones autonómicas, un 28,2 % -16,4% de Esquerra y 11,8% del PP-, si bien desde ERC ya se ha venido advirtiendo durante la campaña que el voto en blanco, el nulo, e incluso la abstención, puede considerarse un voto contrario al Estatuto. Si se comparan resultados absolutos, los 527.383 votos negativos a la reforma estatutaria, quedan muy lejos de los 542.045 que respaldan a ERC y los 390.650 del PP. En cualquier caso, todas las encuestas advertían de que, mientras el PP mantenía la fidelidad de su electorado, la mitad de los votantes de Esquerra estaban decididos a desoir la recomendación de voto de la cúpula republicana y se decantaban por el «sí».
CiU gana la batalla a ERC
Ante esta situación, la guerra soterrada que se vive desde hace tiempo en la dirección de la formación republicana puede salir a flote de forma inmediata con el asalto definitivo de Joan Puigcercós al sillón de Carod-Rovira. De igual forma, la batalla entre nacionaistas -CiU y ERC- quedó ayer saldada, aunque siempre en términos relativos por la baja participación, en favor de los convergentes.
Con estos resultados parece claro que PP y ERC quedan situados en los extremos de la parrilla de salida para las elecciones autonómicas del próximo otoño, que guarda las mejores opciones a CiU yPSC, que ayer capitalizaron la victoria del «sí», pese a que los votos afirmativos -1.877.499- quedan también muy lejos de los dos millones que ambas fuerzas sumaron en 2003. En cualquier caso, la batalla por el Estatuto ha terminado y empieza ahora la precampaña de las autonómicas.

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