jueves 22 de junio de 2006
¿Qué compromisos?
CON su último comunicado, hecho público ayer, ETA ha puesto definitivamente sus cartas sobre la mesa, colocando al Gobierno en una encrucijada a la que ha llegado por sus propios errores. La banda terrorista se presenta a sí misma con la brutal sinceridad que hizo de este «proceso de paz» un espejismo desde el primer día, proceso al que sólo el empeño del Ejecutivo en negar la realidad le dio una apariencia de verosimilitud que los etarras han disipado de forma implacable. Realmente, ETA no dice nada que no haya dicho antes -por ejemplo, en la entrevista publicada por «Gara»- o que no estuviera resumido en la bocanada criminal de «Txapote» al término del juicio por el asesinato de Miguel Ángel Blanco.
Esta vez, el Gobierno debe dar su opinión. No vale refugiarse en el tópico de que no comenta los comunicados de ETA. Éste sí tiene que ser valorado por ese Ejecutivo que anuncia todos los días su voluntad de sacar adelante el «proceso de paz», sea lo que esto sea después de conocer las condiciones y los objetivos de los etarras. No hay un paso atrás en los planteamientos de ETA. Al contrario, los terroristas parecen llamar al orden a Rodríguez Zapatero para que no se equivoque con ellos. Por eso, el comunicado recuerda que los etarras «han luchado y luchamos con las armas en la mano» y que «nuevas generaciones se sumarán a la lucha». ETA le recuerda a Zapatero que es una organización terrorista. Por supuesto, el Gobierno tiene que fijar su opinión ante este comunicado y, sobre todo, de cara a futuras decisiones, porque Zapatero se ha quedado sin argumentos, siquiera retóricos, para seguir manteniendo su intención de iniciar el diálogo con ETA. No debería consolarse con que la banda le tiente con pasar a la historia como el pacificador, ni con que reitere que «su voluntad y su deseo» es solucionar el «conflicto». Ya lo ha dicho otras veces, tantas como treguas ha revocado.
El Gobierno tiene ante sí la propuesta definitiva de ETA. El presidente tiene que rechazarla sin paliativos. Lo que la banda le propone es inaceptable, de principio a fin. No hay Estado que sobreviva a una negociación como la que plantean los etarras, que realmente no es una negociación sino un plan de rendición en el que el Estado debe desarmarse y en el que está predeterminado el resultado: la eliminación del Estado de Derecho, la anexión de Navarra y el ejercicio de la autodeterminación. ETA no acepta los límites de la Constitución, desprecia el Estado autonómico y, lo que es todavía más grave, exige al Gobierno que empiece «a adoptar y cumplir sus compromisos de alto el fuego». Si ETA miente al referirse a estos compromisos, Rodríguez Zapatero debe pronunciarse públicamente, porque al líder de la oposición, Mariano Rajoy, y a la opinión pública les dijo que no había asumido ninguno con los terroristas. Ha llegado el momento de que el jefe del Ejecutivo hable sinceramente a la sociedad española, que tiene derecho a ser informada por sus representantes legítimos y no por los terroristas. ¿Qué compromisos son ésos?
Llegado a este punto, la falsedad del «proceso de paz» se ha hecho evidente. Los terroristas se jactan de seguir con las armas en la mano, de augurar la continuidad terrorista con nuevas generaciones, de amenazar a quienes crean que esta tregua concluirá en su derrota y de advertir al Ejecutivo que «las decisiones y pasos de Euskadi Ta Askatasuna serán consecuencia de la actitud que mantenga el Gobierno español ante el proceso abierto en Euskal Herria». Es decir, la voluntad inequívoca de ETA es seguir con el terrorismo si el chantaje no surte efecto.
Es posible que la banda haya emitido este comunicado a raíz de la operación policial contra su red de extorsionadores. Pero más parece destinado a reconvenir a Rodríguez Zapatero para que no disfrace la situación y no confunda a nadie. ETA no quiere que se malinterprete su tregua. El Gobierno, sí. Por eso desacredita el discurso del Ejecutivo y recuerda que la oportunidad de la tregua no es para alcanzar la paz, sino la soberanía, la anexión de Navarra y la impunidad de sus crímenes. Los voceros que despachan estos comunicados como productos de «consumo interno» ya están amortizados. También los que espigan sus párrafos para quedarse con la frase vacua de que ETA reitera su voluntad de negociar. Ayer los terroristas dieron un ultimátum y el Gobierno debe asumir la responsabilidad que exige la situación, rechazando las condiciones de los etarras, sean cuales sean las consecuencias.
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