lunes, junio 19, 2006

Miguel Angel y la peor campaña de la democracia ya esta olvidados

Miguel Ángel y la peor campaña de la democracia ya están olvidados
Ely del Valle

La memoria ha dejado de estar de moda a menos que los recuerdos reporten un puñado de votos. Si Santayana tenía razón, estamos condenados a repetir lo peor de nuestra historia reciente.

20 de junio de 2006. La memoria humana es flaca. Y seguramente debemos de estar agradecidos por ello; sin esa capacidad de pasar página o, en algunos casos, de cerrar el libro por completo, el cúmulo de rencores acabaría por gangrenarnos el ánimo y estoy de acuerdo con que no merece la pena cargar con esa clase de equipaje; no obstante, da una cierta tristeza comparar la multitud que hace nueve años acompañó en el dolor y la indignación a la familia de Miguel Ángel Blanco, con el puñado de personas que han vuelto a levantar sus palmas blancas al cielo, esta vez, en las puertas de la audiencia nacional, donde se cuecen en su propio caldo de prepotencia quienes apretaron el gatillo que nos remató a todos una buena porción de libertad. Hoy, aquellos que nos obligaron a ser peores deseándoles un final que nunca sería, sin embargo, tan terrible como el de Miguel Ángel, gallean ante la madre del muerto sin arrepentirse -me imagino, porque si lo hicieran, el remordimiento les llevaría a pegarse un tiro, el mismo que pegaron hace nueve años-, y sólo trescientas de los varios millones de personas que ofrecimos nuestra nuca en junio del 97, han desenterrado el recuerdo de aquellos días para mantener encendida la llama de aquel espíritu de Ermua que un día fue el de todos. La memoria humana es maleable. Por eso lo que hoy nos indigna, mañana sólo será un recuerdo molesto que preferiremos mantener bien tapado para que no nos perturbe el presente; sin embargo, produce un cierto desasosiego pensar que los resultados del referéndum catalán, la pelea dialéctica de patio de recreo de los políticos por dejar claro que uno siempre gana y que el perdedor es el otro, han colocado el candado del olvido, a pesar de estar tan reciente, a la campaña política más rastrera de los últimos tiempos, en la que huevos y monedas lanzadas con intención de amordazar han evidenciado que todavía no estamos a salvo de totalitarismos ni dictaduras.Los que vivimos de esto solemos decir que cualquier novedad sobre un tema convierte la noticia anterior en algo infinitamente viejo. Está visto que, por lo menos en estos dos casos, la premisa periodística ha calado en la sociedad y que todos hemos terminado respirando por los pulmones de una información que, como cualquier hijo de vecino, no ha tenido más remedio que engancharse a la política consumista del más madera, y en la que la memoria, más que cualidad, es un lastre del que hay que desprenderse, a no ser que la resurrección de los recuerdos reporte unos cuantos puñados de votos...Tenemos por delante muchas campañas y una negociación con ETA de la que muchos no terminamos de fiarnos. Esperemos que, a pesar de todo, la memoria nos aguante el tiempo suficiente como para recordar a George Santayana, ya saben, el que dijo aquello de que "el pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla" . Si no, vamos aviados.

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