Lo que dijo Zapatero: cintura y como sea
Eusebio Cedena
22 de junio de 2006. Veamos los datos simples sobre el referéndum del Estatuto de Cataluña. Según han publicado los periódicos, un total de 5.202.291 ciudadanos tenían derecho a voto en esta convocatoria, pero realmente decidieron acudir a las urnas un conjunto de 2.569.268 votantes, lo que supone que la mayoría de los que pudieron ir a votar no lo hicieron, en concreto un total de 2.630.162 personas. Fue su decisión: la mayoría de los catalanes no votaron. El 50,59% de los censados decidió no ir a votar, mientras que sí quiso hacerlo el 49,41%. De este último porcentaje minoritario y moralmente insuficiente, una abrumadora mayoría del 73,90% votó "sí" al Estatut y una espectacular minoría del 20,76% dijo "no".Sobre un censo, por tanto, de más de 5,2 millones de personas, los que dijeron "sí" al nuevo Estatuto catalán fueron tan sólo 1.881.765, es decir, aproximadamente un tercio del total. Se antoja poca cosa para algo tan importante. En algunas comunidades de vecinos exigen mayor quórum para arreglar las tuberías. Casi dos de cada tres catalanes no dieron su respaldo al texto, y por el contrario sí lo hizo algo más de uno por cada tres. O sea, el respaldo que ha tenido el nuevo Estatuto de Cataluña ha sido realmente pírrico, escaso, mínimo. Todo un éxitazo, vamos, por mucho que digan Zapatero, Mas, Maragall y todos los demás de la cuerda nacionalista.Es cierto que la victoria del "sí" entre la minoría que fue a votar ha sido rotunda y clara, pero esa baja participación debe poner en duda el proceso llevado a cabo: si bien no hay nada que objetar desde el punto de vista de la legalidad democrática y el Estatuto ha sido aprobado en las urnas con todas las de la ley, es igual de cierto que éticamente un respaldo tan minoritario para una iniciativa de tanto calado para Cataluña y para toda España no puede pasar desapercibido y debería tener consecuencias inmediatas y de gran profundidad. Me temo que no las va a tener, pero digo que debería. Asusta el silencio clamoroso en el PSOE en relación con todo esto.El propio Zapatero, siendo ya presidente del Gobierno, pensaba igual que yo cuando el 1 de febrero de 2005, en el Congreso de los Diputados, y según recogía Arcadi Espada esta semana en su columna de El Mundo, dijo textualmente: "Para construir con legitimidad un orden político, una norma institucional básica, me da igual que sea una Constitución o un Estatuto político no sirve el 51%". Es cierto, presidente: y lo que no servía el 1 de febrero de 2005 tampoco sirve el 18 de junio de 2006, tan sólo un año y unos meses después. Sin embargo, ni Zapatero ni nadie han salido ahora a defender esta tesis tan democrática, razonable, sosegada y lógica. Ya no interesa, ahora vale todo. En la España de Zapatero se impone un sistema peligroso: el de la "cintura" y el "como sea".No cerremos los ojos a todo esto.
miércoles, junio 21, 2006
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