Guerra, heroísmo y reconciliación
José Javier Esparza
21 de junio de 2006. Ayer noche se celebraba en Madrid un homenaje a Félix Schlayer, diplomático noruego que durante nuestra guerra civil salvó a no pocas personas de morir a manos de los milicianos del Frente Popular. De Schlayer acaba de editarse Matanzas en el Madrid republicano, un libro sorprendentemente silenciado durante setenta años y que, sin embargo, posee una importancia fundamental para la Historia contemporánea de España: es el primer testimonio directo de las matanzas de Paracuellos y es la primera fuente documental que apunta a la implicación en ellas del Frente Popular, con Santiago Carrillo entre otros nombres relevantes. De este libro se ha hablado ya en Elsemanaldigital.com. Ahora la editorial Áltera ha tenido la excelente idea de presentar públicamente Matanzas en el Madrid republicano con un gesto inédito: no como una convencional puesta de largo ni, menos aún, como una toma de partido en la interminable querella guerracivilista desatada por el actual Gobierno, sino como un homenaje a todos aquellos que arriesgaron su vida para salvar la de miles de perseguidos. Y también como un llamamiento expreso a la reconciliación.Efectivamente, lo más notable del acto de anoche, ante las cuatrocientas personas que abarrotaban el Salón de Actos del CEU-San Pablo, fue el llamamiento expreso a la reconciliación, esto es, a la superación de las heridas de la guerra civil. Una reconciliación que no podrá construirse sobre el olvido, porque la Historia nunca se olvida, ni tampoco sobre los silencios interesados, que sólo generan más odio, sino que debe edificarse sobre el conocimiento completo de los hechos y con la clara voluntad de circunscribirlos al pasado. Habrá, por supuesto, quien considere que este de las matanzas de Paracuellos no es el argumento adecuado para hablar de reconciliación. Pero eso nos lo dirán los mismos que aprovechan cualquier argumento para seguir ahondando en la división. Sólo devolviendo el pasado al pasado, es decir, sólo tomando distancia histórica sobre los hechos reales, es posible la reconciliación. Y al contrario: nada peor para la reconciliación que esa macabra danza de los espectros que nuestro Gobierno promueve so pretexto de "recuperación de la memoria histórica".El caso de Schlayer es una excelente palanca para apelar a la reconciliación. Porque lo que aquí tenemos es, sobre todo, la historia de un hombre de buena voluntad. Hay que decir, además, que no fue un caso aislado. Numerosas legaciones diplomáticas en Madrid acogieron a refugiados durante la guerra; con ello los salvaron de una muerte segura. Es incomprensible que apenas nada, ni el nombre de una calle, ni un monumento, ni siquiera una placa conmemorativa, recuerde a quienes por su cuenta y riesgo –y aquí la palabra "riesgo" no sobra- acometieron aquella labor humanitaria. En el acto de ayer, Ricardo de la Cierva propuso formalmente que el Ayuntamiento de Madrid dedique una calle a Félix Schlayer. Es una propuesta que merece ser escuchada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario