lunes 19 de junio de 2006
El tío Sam, no es un familiar agradable
Félix Arbolí
S É que este artículo que estoy iniciando, no va a ser del gusto de todos, pero soy de la opinión que cualquiera que se precie de periodista, escritor o simple comentarista, debe abordar toda clase de temas, aún sabiendo de antemano que pronto saldrá la “criada respondona” (como se dice vulgarmente y por supuesto sin sentido peyorativo), difiriendo de nuestra tesis o comentario y exponiendo el suyo totalmente en desacuerdo. Si todo cuanto escribiéramos gozara del favor unánime de nuestros lectores, sería mala señal. Supondría que estábamos informando o dirigiéndonos a una serie de robots, seres sin personalidad o masa aborregada. Por la calidad y manera de responder, veo que ninguno de los tres supuestos, afortunadamente, se da entre nuestros lectores. A lo largo de mis artículos, superados los cincuenta en algo más de cuatro meses de intervención en estas entrañables páginas, se habrán dado cuenta que el tema norteamericano, el famoso “Tio Sam”, se encuentra bastante presente en mis consideraciones y en su mayor parte, con resultados no muy positivos . Sé que es una apreciación personal que no cae bien a todo el mundo, pero lo siento, no puedo ir contra mis principios y convicciones, por agradar a los que no están de acuerdo con mi postura. Por encima de cualquier otro razonamiento, está mi lealtad y fidelidad a mis propias creencias y estimaciones. Y es un derecho y un deber que he pretendido seguir desde que publiqué la primera línea surgida de mi mente y sentimientos. No pocas veces, por cierto, esta sinceridad me ha costado algún disgusto, decepción y obstáculo para continuar ascendiendo en la cuesta profesional. Ganan más los aduladores y cobistas, los llamados trepas, que los que valoran su autenticidad y honestidad en todo momento y circunstancia. Sé que nunca voy a recibir “la Medalla de Honor del Congreso USA”, ni mucho menos el “Corazón Púrpura”, pero son cosas que no me afectan lo más mínimo. Siento más orgullo de mis dos medallas al “Mérito Naval”, con distintivo blanco, que me gané limpiamente, sin necesidad de bajarme los pantalones ante nadie, ni vivir en la falsedad y en la mentira. Y aclarados estos conceptos, voy al meollo de la cuestión, con lo que contesto, agradecido a su deferencia y cortesía, a una de mis comentaristas sobre el mundo USA, con idea de que sepa que viajamos en el mismo barco, aunque uno mire por las escotillas de babor y la otra por las de estribor. Ella como familiar muy directa de marinos distinguidos, a uno de los cuales llegué a conocer, entenderá el significado de éstos términos. En primer lugar, quiero hacer constar que no tengo nada personal contra el pueblo norteamericano en si. Bastante tiene con soportar el peso de tantas y continuas guerras, donde su juventud ofrece su vida generosamente por causas, a veces, no muy claras y justas. El cine, hecho por ellos mismos, con asesores militares en sus argumentos y rodajes, nos muestra a sus soldados y oficiales dando rienda suelta a sus decepciones, quejas y lamentaciones por verse metidos en ese infierno, mientras los autores de tan macabra idea, continúan en sus casas, coches oficiales y prebendas inherentes a sus cargos. Si algo goza de general impopularidad en los Estados Unidos es el afán belicista de su gobierno que le hace intervenir en cuantos conflictos se dan o pueden darse en el mundo, sin limitación de fronteras, continentes o causas. Da igual, la cuestión es tener la excusa adecuada para dar salida a su excedencia de armamento, probar la efectividad de nuevos y sofisticados artificios capaces de matar en mayor cantidad o demostrar ante el mundo que es el “pueblo elegido” (ignoro por qué Dios), para administrar y dominar a todo el planeta Tierra. Sin limitaciones por distancias, diferentes etnias y maneras de vivir. Para mí, y me figuro que no seré el único varón sobre la tierra que opina de igual manera, no se me olvidará, mientras tenga un aliento de vida, la mentira, vergonzosa estratagema y manifiesta alevosía, con la que nos involucraron en una guerra, donde nadie les había llamado, ni nosotros le habíamos dado motivo para ello, volando su propio barco “Maine”, con toda su dotación (¿qué más le daba unos cincuenta americanos más o menos?), para expoliarnos Cuba, Puerto Rico, las Filipinas y otras islas. Tampoco se me olvidará la “marcha verde” marroquí, donde junto a las del país origen de la misma y aprovechando la agonía de Franco, se veían las banderas americanas como señal inequívoca de que estaban bajo el patrocinio, no sólo de Alá, sino del “Tio Sam”. Tampoco el episodio de Sidi Ifni, en el que una escuadrilla de paracaidistas españoles fue ametrallada alevosamente por las fuerzas marroquíes, a las órdenes entonces del príncipe heredero, posteriormente Hassan II. Hacia escasos años que se había firmado el Acuerdo Hispano-americano de Defensa, por la que recibíamos barcos y aviones, procedentes de la Segunda Guerra Mundial, pero en evidentes mejores condiciones que los nuestros, a cambio de que España autorizara la utilización de una serie de Bases en su suelo, para que sus aviones pudieran repostar, sus hombres reponer energías y contar con enormes y bien protegidos almacenes donde guardar sus armamentos, situados todos en lugares estratégicos y de fácil entrada y salida. Pero cuando quisimos hacer uso de esas fuerzas facilitadas a través del Convenio, con las que el conflicto hispano-marroquí hubiera durado pocas fechas en solucionarse a nuestro favor, nos dicen los yanquis que esas armas y medios no podíamos utilizarlos contra Marruecos, que era también su aliado (y por lo visto más importante, ya que a ellos no les pusieron impedimento para su ataque sorpresa). Al final, hasta tuvimos que requisar un buque mercante de la Compañía Transmediterránea, para el traslado de nuestras tropas, ya que carecíamos hasta de este tipo de buques-transportes. El resultado, ya es conocido, adiós a Sidi Ifni, adiós al Sahara y no sé cómo no le dijimos también adiós a la famosa isla de Perejil. Puede que San Pancracio intercediera por nosotros en esa batalla contra el moro. Me hablan del Plan Marshall, ¿en qué benefició a España ese famoso Plan?. Entonces estábamos postergados internacionalmente. ¿O ya nadie se acuerda de ese periodo en el que los USA estuvieron de acuerdo con el boicot?. No así Argentina, Portugal y alguna otra nación hispano parlante. No se olviden tampoco del genocidio inconcebible ante la Historia de la Humanidad de las bombas atómicas sobre Japón, precisamente en las dos ciudades más pobladas, Hiroshima y Nagasaki, que habían estado aislándolas de los bombardeos a los que sometían a las demás, para que viendo la seguridad que ofrecían, se refugiaran en ellas el mayor número de personas. Stalín, fue un verdugo sin escrúpulo, Hitler un loco sin sentimientos, ni humanidad, pero Truman, no les fue a la zaga y sin embargo, su crimen de lesa humanidad, no ha sido objeto, ni de un juicio de Nuremberg, ni de una simple alusión condenatoria por estos seres que viendo esas barbaridades vuelven la cabeza hacia otro lado, para no tener que opinar. Y no olvidemos tampoco los bombardeos con NAPALM en poblaciones civiles e inocentes, las barbaridades en Vietnam y Corea, incluso con sus propios hombres, muchas veces abandonados impunemente en campo enemigo. Las ayudas y envíos de armamento a Sadam en su lucha contra Irán, y a los talibanes para expulsar de Afganistán a los rusos, para volverse posteriormente contra sus anteriores protegidos y aliados y masacrarlos en una guerra que no tiene fin, mientras los americanos estén presentes en sus calles. ¿Que pregunten al pueblo iraquí si vivían mejor con Sadam o ahora con el constante peligro de atentado y “errores tácticos” de la artillería americana?. ¿Por qué acuden prestos a defender Kuwait y a eliminar a Sadam y no hacen lo mismo y con igual diligencia en los países subsaharianos donde hay tanta necesidad de ayuda no sólo humanitaria, sino técnica y cultural?. Ya saben la respuesta, no hay petróleo, solo hambruna y eso no les interesa. ¿Por qué permiten a Israel, su gran aliado y protegido, bombardear y masacrar al pueblo palestino, a base de misiles y tanques contra sus piedras y desfasados fusiles?. Hablan de terrorismo, que lo considero imperdonable e injustificable, venga de donde venga y tenga las causas o motivos que sean, pero deben considerar que con sus alardes de superioridad y su prepotencia manifiesta, no les está dando otra opción a un pueblo que se encuentra encerrado en unos estrechos límites y continuamente amenazado. ¿Es que no se acuerdan los israelitas de lo que significa vivir en un gueto, dominado y maltratado por un enemigo superior?. ¿Ya han olvidado el odiado Holocausto y lo que tuvieron que sufrir con él?. Mis ideas son bien claras y nada tendenciosas. Hablar así, aunque algunos lo consideren un tanto partidista o un viraje a la izquierda, están equivocados. No me siento para nada cómodo ni en la izquierda revanchista y tozuda , ni en la derecha contumaz y excesivamente nostálgica. Tengo mi corazón en el centro y mi cabeza en las alturas, fuera de las miserias de este mundo envilecido, pendenciero y antipatria. Pero, para dar más solidez a mis ideas, para demostrar que no soy visceral, reconozco que me gustaban los Kennedy, por eso los mataron los que todos sabemos; me gusta Clinton, a pesar de su desliz con esa guarra oportunista, que en España no hubiera ocupado más que una serie de programas en la prensa y la tele de los llamados del corazón, aunque se trata de un órgano situado bastante más abajo; me gustaba Nixon, a pesar de su caso “Watergate”, que en España hubiera pasado como una anécdota más, ya que si por cuestiones de escuchas o sexo tuviéramos que eliminar a nuestros políticos, pocos se salvarían de la criba. No me gusta Bush, ni padre, ni hijo, “los presidentes de la guerra”. Ni me agradó ver a nuestro presidente con las botas sobre la mesa, imitando al “cowboy” americano, ni tampoco al “sonrisas” de Rodríguez Zapatero, permaneciendo sentado al paso de una bandera, en un desfile oficial, porque ya he dicho y vuelvo a repetir la Bandera es el símbolo de toda una nación, independientemente del personaje que figure en ese momento en el gobierno o al frente de la misma. Para alivio de mentes exaltadas les contaré que a don Blas Piñar, de quien nadie dudará de sus ideas políticas, le costó su puesto de Director del Instituto de Cultura Hispánica, en 1961, plena era franquista, un artículo que publicó en la tercera página, (la reservada a las grandes firmas) del diario “ABC”, en los tiempos de los Luca de Tena. Se titulaba “Hipócritas”, e iba íntegramente dedicado a desenmascarar a los Estados Unidos y su política exterior ante la opinión pública. Él regresaba de una gira oficial por diversos países hispanoamericanos e islas Filipinas. Al día siguiente salió su cese oficial del cargo y las excusas que nuestro ministro de Asuntos Exteriores le había ofrecido al Embajador USA. A pesar de este incidente que le costó el cargo, Blas Piñar continuó siendo un incondicional de Franco y ello, equivocado o no, según criterios de cada uno, le honra por su fidelidad a unos principios y unos ideales. Con ello sólo pretendo aclarar que ir contra los desmanes de algunos gobernantes norteamericanos, por desgracia mayoritariamente, no significa la identificación política con ningún color, ni una ideología. Y esta opinión, va conmigo hasta la tumba.
domingo, junio 18, 2006
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