domingo, junio 18, 2006

Del modelo de consenso nacional al model de secta partidista

Del modelo de consenso nacional al modelo de secta partidista
Santiago Abascal

El fracaso del primer paso del proyecto de Zapatero no impedirá su extensión. Los resultados del 18-J muestran el divorcio entre la clase dirigente socialista y la mayoría de los españoles.

19 de junio de 2006. Habían empezado por Cataluña. Teníamos que responder -nos decían- a las incontenibles ansias de autogobierno, al parecer más fuertes en Cataluña que en cualquier otro lugar conocido. Bien; hoy hemos cuantificado exactamente esas ansias, esos ánimos disgregadores. Hoy hemos sabido exactamente cuántos catalanes han querido definir a Cataluña como nación. Visto el resultado catalán y las verdaderas ansias de los catalanes -han preferido la playa al Estatuto- imagínense ustedes lo disparatado de extender el experimento de Zapatero por toda la geografía española. ¿A cuántos andaluces conseguirá sacar de la playa la "realidad nacional" andaluza? ¿Superará Galicia la participación del 30% de su actual Estatuto? ¿Más vascos votarán el cambio que se avecina que los que apoyaron el vigente Estatuto de Guernica? Visto lo visto, parece que no. Parece que el modelo sectario y disgregador de Zapatero no recibirá apoyos masivos, sino indiferencia mayoritaria y rechazo significativo. Porque lo visto ayer en Cataluña es que se ha sustituido el Estatuto vigente -apoyado por el 88% de los catalanes en un referéndum con participación del 60% del censo- por el Estatuto de ZP, apoyado por el 74% de los que no fueron a la playa, y con una bajísima participación del 49%. Tales resultados tienen una lectura, además numérica: sólo el 36% de los catalanes con derecho a voto apoyan este Estatuto. Sólo el 36% de los catalanes apoyan las tesis de Zapatero, Maragall y Mas. Sólo 1 de cada 3 catalanes definen, de forma "ampliamente minoritaria", a Cataluña como nación. El modo orgiástico con el que los socialistas han recibido tan negativos resultados para sus intereses no augura nada bueno. Al contrario, negros nubarrones se avistan en el horizonte. El fracaso de Cataluña se extenderá a toda España –fracasando en toda ella- y será presentado sistemáticamente como una gran victoria. Del modelo de consenso, del modelo de la transición, estamos pasando –vertiginosamente, casi sin darnos cuenta- al modelo de secta traído por Zapatero. Y no sólo servirá el modelo para los estatutos venideros, sino para la Constitución venidera, que será una Constitución de parte, sectaria, a imagen y semejanza de ZP, en la que quedará excluida la mitad del pueblo español, en la que se recuperarán las dos Españas. Lo ocurrido en Cataluña es una autentica acta notarial del divorcio absoluto de los dirigentes socialistas con el pueblo español y con los ciudadanos de cada comunidad autónoma. Pero esa evidencia, esos resultados ominosos, no harán mella en quienes sólo oyen los aplausos de la secta. Y los Estatutos anticonstitucionales y antinacionales se extenderán como una imparable mancha de aceite certificando la locura, el aislamiento y la falta de patriotismo de Zapatero. En cualquier caso, no olvidemos que el Estatuto aprobado no sólo carece de legitimidad porque lo hayan apoyado minoritariamente los catalanes sino porque no lo hemos apoyado, no lo hemos votado, -porque nos han usurpado la soberanía nacional-, el conjunto de los españoles. Ese modelo de secta y de usurpación es el que, de la mano de ETA y de ZP, viene ahora, derrotado y triunfante, a atacar el País Vasco y a desbaratar España.

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