lunes 19 de junio de 2006
Atraco a las tres
Juan Urrutia
C OMO seguramente sabrán, la presunción de inocencia es llevada al extremo por los celosos magistrados patrios. Es lógico, a mi modo de ver, que si cinco señores que, puntualizo, no estaban atracando cierta sucursal madrileña de la Caixa, son encontrados en el interior del conducto de ventilación de la misma, quepa la duda razonable de si sus intenciones eran las de desvalijar a la entidad bancaria o si simplemente deseaban aliviar el terrible calor que estos días asola España por culpa del PP. Estaban armados hasta los dientes, dirán ustedes. Sí, pero bien sabido es que por esos extraños túneles ventosos pululan ratas muy gordas y no es cosa de que, mientras se toma el fresco, un orondo roedor le muerda a uno los ijares con brutalidad manifiesta. Claro que si fueran culpables, habría que hacer uso de la empatía. Sí, la capacidad para ponerse en el lugar del otro. Cuántos divorcios, cuántas guerras, cuántos duelos al amanecer se evitarían con un poco de empatía. Respondan sin mentir, pillines: si ustedes atracasen un banco… ¿no les gustaría que, en caso de verse presos, un juez piadoso o sin ganas de trabajar les dejase libres cual verderón silvestre? Veamos, seguro que más de uno, en un bonito ejercicio de mentira gorda, ha pensado que jamás robaría un banco. Señores, un banco es en su propia esencia un ente ladrón y como dice ese viejo refrán español “quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón.” Voy a hacer de abogado del diablo y rizando el rizo recordaré el pasado delictivo de los cinco acusados. Quince atracos, varios de ellos a mano armada, golpizas, follones varios, tenencia ilícita de armas, agresiones a empleados de banca, asociación de malhechores con fines delictivos… (Esto hay que aclararlo porque nada impide a un grupo de malhechores asociarse para formar una peña de fútbol o un grupo de montaña) Además los antecedentes penales de algunos de ellos ocupaban inundaciones de folios. ¿Y qué? ¿No tiene el ser humano derecho a equivocarse y seguir su camino? ¿Nunca le pidieron a los diecisiete años una segunda oportunidad a Pepita después de ser pillados in fraganti con su hermana? Sí, a mi tampoco me la dio. ¿No merecen una segunda oportunidad aquellos cuyo único crimen es haberse querido forrar de tela marinera a costa de los demás? ¿No deberían encerrar a cualquier directivo de multinacional, queridos lectores, por la misma causa? Otra cosa muy distinta son esos malhechores que asaltan a honrados ciudadanos, estafándoles y robándoles el pan de sus hijos, a veces con violencia, como por ejemplo, los inmobiliarios, los vendedores de tarjetas de crédito o los dueños de muchos bares ¡qué desembolso por una ración de rabas, caramba! Esos sí que deberían ser encerrados a cal y canto. Creo que se habrán dado cuenta de que nuestra legislación, en cuestiones de robos, estafas, asaltos y otras actividades lúdicas está tan mal que ya sólo queda tomársela a broma.
domingo, junio 18, 2006
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