viernes 12 de mayo de 2006
El planeta de los simios
Miguel Ángel García Brera
N O me digan ustedes que no es acertado legislar a favor de los simios, y para equipararlos con quienes pretenden hacerlo, a la hora de echar un vistazo al panorama nacional. Que los simios, y cualquier otro animal, merecen un respeto, -que ya en el Código Penal español tienen-, no le cabe duda a ningún ser civilizado, aunque, excepcionalmente, queden gentes capaces de ahorcar al galgo que no dio, en la caza, el resultado apetecido. Pero, si los que mandan en un país se sienten hermanos de los orangutanes, ¿por qué no dar un paso más y reconocerlo? A quien crea, como yo, que la aproximación somática o genética entre la especie humana y la animal se rompe definitivamente ante la racionalidad del ser humano, tampoco le va a importar, creo yo, que haya individuos orgullosos de ser iguales a los peludos selváticos. No otra cosa que una monada me parece que los mandamases del ERC se abstengan en el Senado al votar el Estatuto catalán, y discriminen a sus bases pidiéndoles que no sigan su ejemplo, y voten no. Ningún grupo de gorilas sería capaz de considerar, como base democrática de un futuro mejor, un Estatuto de tan honda repercusión para España – incluida Cataluña - aprobado por tres sufragios de diferencia. Aunque para cosas monas, la reinserción de un señor, con tufos de recaudador que, en su juventud, puso un par de bombas en Cataluña y Maragall lo nombró Consejero. Entre él y Carod – aunque del mismo partido – hay una clara distancia. Carod, al menos pidió a otros, también aficionados al explosivo, que no lo hiciera explosionar nunca en su territorio. A diferencia de César Sinde que, en “El Foro de Intereconomía”, llama al acto “cena lésbica”, no se por qué, yo creo que ha quedado muy mono convocar a ciertas féminas a un cóctel exclusivo, para homenajear a la presidenta Bachelet. Las caravanas de mujeres que iban a buscar novio a los pueblos donde predominaban los varones, no serían de recibo en estos tiempos en que, si no hay hembras, la sodomía puede, sin temor a la ley, resolver el problema; lo mismo que si no hay hombres, nunca faltarán lesbianas respetables, como respetable se anuncia que uno se corte el pene, o lo de por cortado, y se cambie el DNI para entrar en las listas femeninas, o que las féminas, sin pareja, constituyan familias monoparentales donde los hijos no tienen padre conocido y son alumbrados por una madre inseminada por obra de la donación de esperma. Además que la cena haya sido en El Pardo puede tener muchas lecturas, porque en ese palacio habitó una linda muchacha – yo creo que sigue siendo una muchachita, y linda – ahora tachada de ninfómana por una resentida viuda de quien pudo ser rey de España, que ha equivocado el término al hablar de su nuera, ya que no hay que confundir el culo con las témporas, como lo hace la pariente del Conde Lequio, ni la reincidencia amorosa o sexual –al margen de que los valores religiosos a otros nos impongan más austeridad- con el furor uterino. Me parece que la Dampierre debería ver algún programa de TVE o de Tele5 sobre sexualidad antes de ponerse a hablar por hablar, sobre todo del prójimo; que nada importaría si lo hiciera de si misma. Monísimas me parecen también las últimas declaraciones de López Garrido y de Caldera. El primero, escudado en su bigotón de guardia civil del XIX, ha afirmado que el PP se parece a Batasuna porque cuestiona el Estado de Derecho. Lo paradójico es que, para él, se cuestiona el Estado de Derecho cuando se va a los Tribunales y, por si fuera poco, te dan la razón (Caso Bono, Opa de Endesa, etc.). López parece referirse al “Estado de Derecho” al que aludía Guerra decretando la muerte de Montesquieu; un Estado de Derecho como el protagonizado por los policías recientemente condenados, y por los anónimos – Alonso no quiere saber nada- jefes que les ordenaron las detenciones ilegales. Por su parte, el ministro Caldera, refutando al PP, que considera excesivo el influjo llamada de la Ley de Emigración socialista, replica que “los subsaharianos que llegan en las pateras, se van a Europa”, como si España no fuera Europa, y no supiéramos cómo se trae de Canarias a los pobres inmigrantes y se les abandona en las calles de Madrid, que es territorio pepero. Si el ministro sabe que se van a otros países europeos, sería más humanitario que los dejara en Irún, que les pilla más cerca de su presunto destino no español. Claro que no sabemos lo que Europa pensará de ese pretendido endoso de Caldera, a quien parece no preocuparle abrir la costa española para que entre en el resto de Europa todo aquel que lo desee. El acercamiento, que legislativamente se pretende hacer con los monos, seguramente tiene algo que ver con la sensación que, según reciente encuesta, sienten los turistas, llegados a través del turoperador Thomas Cook, que, comparando el caso con Turquía, Túnez y Grecia, consideran a los españoles el pueblo menos hospitalario. Los gorilas, ya se sabe que no se dejan acercar demasiado. Tampoco extraña que los españoles sean de difícil acercamiento, ya que, al menos el 82% de los madrileños, sienten bastante incomodidad ante el sudor de los demás. El olor de la transpiración no es ajeno a los simios que no disponen de desodorantes y tira para atrás a cualquier turista que se duche al menos una vez al día. Otra monada, ya no sólo en el planeta español, sino en numerosos países, es la controversia sobre El Código Da Vinci, libro y film. Si el autor fuera un historiador, comprendería el follón que ha armado; pero como el libro es obra de un pseudoliterato que ha publicado una obra de ficción, los cristianos deberíamos carcajearnos de semejante engendro y no darnos por aludidos; no insulta quien quiere sino quien puede. Lo que tendrían que hacer los sacerdotes, a mi modo de ver, es llevar a los púlpitos la historia de Cristo y del Cristianismo, desbrozar la parte legendaria o simbólica, aclarar los libros sagrados y sus claves, y ofrecer a los fieles realidades incontrovertibles e interpretaciones ortodoxas de los textos no dogmáticos. Así habría una mejor preparación contra el veneno que puedan destilar los iconoclastas y los arribistas buscadores de bestsellers.
jueves, mayo 11, 2006
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