martes, julio 06, 2010

Irwin Stelzer, Europa sabe lo que tiene que hacer

martes 6 de julio de 2010
Europa sabe lo que tiene que hacer

Irwin Stelzer

En una pequeña fiesta a principios de este siglo en Washington en honor de un alto funcionario de la Unión Europea, organizada por el embajador británico ante Estados Unidos, el funcionario preguntó a los expertos reunidos cuál creían ellos que sería el rol futuro de Europa en los asuntos mundiales. Uno de mis colegas respondió "Europa es irrelevante para el siglo XXI".

Las acaloradas respuestas que siguieron al comentario no eran creíbles entonces y lo son menos ahora. Las buenas noticias para el futuro de la Unión Europea es que sus líderes están conscientes de ello y saben lo que deben hacer.

Las malas noticias es que saber lo que se tiene que hacer es diferente a llegar a hacerlo.

El mejor, y más obvio, ejemplo es Grecia. Los encargados de diseñar políticas saben que eventualmente tendrán que permitir que Grecia reestructure su deuda, pero insisten en que no lo permitirán. Pero ese sólo es el problema actual y es trivial en comparación a los problemas más fundamentales que amenazan la relevancia futura de Europa.

La negativa europea de cargar con el peso de mantener un orden mundial sensible ha reducido su influencia en todo el mundo. Pregúntele a cualquiera en la Casa Blanca el nombre de tres presidentes de la Unión Europea y la mayoría tendrá problemas para nombrar uno. Por qué molestarse en establecer comunicaciones con un área del tamaño de Estados Unidos que no gasta lo suficiente en defensa como para controlar lo que pasa en su patio trasero o que no hace una contribución sustancial a la guerra contra el terrorismo, siendo el Reino Unido la notable excepción.

El espectáculo de ver cómo se forzó al presidente del país más grande la UE a renunciar por sugerir que el despliegue de tropas alemanas a Afganistán, la mayoría de las cuales se mantienen a gran distancia de cualquier combate, es una defensa adecuada de los intereses del país dice mucho de la confiabilidad de Europa como un aliado. Sin un gran propósito moral Europa no luchará y si hay un gran propósito moral, tal como detener el genocidio serbio, su ejército pobremente financiado no tiene los recursos para luchar.

Al momento de la fiesta en Washington era posible negar el hecho de que una unión monetaria que no incluye cierto control central o una política fiscal podría ser sostenible.

Ya no es el caso. El irresponsable gasto y déficit de los países Club Med ha generado quizás grietas fatales en el euro. Considere estos hechos: los bancos centrales del mundo están reacios a aumentar sus cuentas de euros, las agencias calificadoras son cada vez más escépticas de la calidad de la deuda soberana de la zona euro, los inversionistas vacilan a la hora de poner fondos a disposición de los bancos europeos a tasas históricas y los votantes alemanes están cansados de ser el cajero automático de la UE.

La pregunta ahora es qué hacer para conseguir la supervivencia del euro y la viabilidad política de la euro zona. Una de las cosas en las que la eurocracia concuerda es que no se debe hacer una enmienda al Tratado de Lisboa, para evitar que se le de a los votantes otra oportunidad para decirle a sus líderes lo que piensan del Proyecto Europeo y torpedearlo. Para ponerlo de una manera menos sutil, luchar contra los déficits fiscales, pero mantener el déficit democrático de la UE a toda costa.

Los líderes europeos creen que pueden hacer lo que se necesita sin una revisión al tratado. Lo primero en su lista es convertir a la esclerótica economía europea en una dinámica. Ahora es obvio que un crecimiento anual de 1% no será suficiente, especialmente en un período de austeridad. Todos menos la izquierda no conciliada concuerdan en que una reforma del mercado laboral es crucial. Incluso España y Grecia están dando los primeros pasos de bebé en esa dirección al hacer más fáciles y menos costosos los despidos para que los empleadores estén más dispuestos a contratar nuevos empleados.

Pero estas medidas deben estar acompañadas por otras en la agenda de crecimiento. Tasas marginales de impuesto a la renta más bajas, menores obstáculos regulatorios para empresarios que buscan establecer nuevos negocios, una política de competencia que haga de los carteles empresas criminales en vez de meros pagadores de multas, un fin a la protección de los campeones nacionales contra la amenaza de una adquisición y de los agricultores contra los productores más eficientes del extranjero.

Aún no está claro que incluso la amenaza de un estancamiento económico y la irrelevancia podrían generar el apoyo suficiente para medidas tan radicales en una unión en la que muchos estados ven a los mercados como el enemigo, en vez del motor de la eficiencia y mayores estándares de vida. Adam Smith y Milton Friedman no han alcanzado un estatus icónico en muchos países de la UE.

Finalmente, si Europa quiere ser tomada en serio a lo largo de este siglo, tendrá que poner su casa en orden. Un presidente con cierto peso, un Tony Blair quizás, en vez de tres burócratas luchando por protagonismo. Y lo más importante, una reparación de la relación franco-germana.

Esto no se trata de encontrar una forma en la que el hiperactivo Nikolas Sarkozy y la cauta Angela Merkel puedan coexistir. Ellos no son para siempre, sus países si lo son.

Pero por ahora lo que importa es que a Merkel no le guste la inflación, que sea reacia a premiar el derroche y esté dispuesta a ceder el control de los asuntos económicos alemanes a Bruselas. Sarkozy, mientras tanto, le gustaría implementar una gestión económica europea e imponer control político del Banco Central Europeo para suavizar su postura anti inflacionaria.

Alemania es cada vez menos reacia a imponer sus intereses nacionales, a medida que la generación de la Segunda Guerra Mundial fallece, haciendo que sea difícil para Sarkozy el continuar con el acuerdo europeo que Francia encontraba tan atractivo: Alemania el caballo, Francia el jinete; Alemania, con su fuerte economía como el financista, Francia el encargado del gasto. Hay que resolver estas diferencias o la parálisis política y la irrelevancia serán su destino.

— Irwin Stelzer es un director de estudios de política económica del Hudson Institute.

Tomado del ·Wall Street Journal

http://www.neoliberalismo.com/Europa-sabe.htm

En Palacio todo va despacio

En Palacio todo va despacio

Por: Martha Beatriz Roque Cabello

Una moneda fuerte, es por definición: “unidad monetaria intercambiable en el mercado de divisas que se enfrenta a una demanda elevada”, por lo que el peso cubano convertible (cuc) no puede considerarse como tal. Sin embargo, si se explica lo contrario, una moneda débil es la que su cotización está sujeta a fuertes oscilaciones, debido a diversos problemas, entre ellos el de su situación exterior, reflejada por un déficit de su balanza de pagos, cabría situarlo en ese grupo; pero considerando que no tiene valor alguno en el exterior, solamente es utilizable en el territorio nacional y que tampoco fluctúa, a pesar de la crisis económica por la que atraviesa el país.

El Gobierno cubano emite esta moneda y determina también su tipo de cambio, con respecto a otras monedas duras y al peso cubano (cup), conocido como “moneda nacional”. En estos momentos un peso cubano convertible es equivalente a 25 cup y así se ha mantenido durante años.

Fidel Castro decidió que el dólar estadounidense (USD), tuviera una devaluación frente al peso cubano convertible del 20%, con el fin de que se redistribuyeran los ingresos por concepto de envío de remesas, entre todos los cubanos; utilizando su cansada retórica de justicia social. De igual forma la CADECA (Casa de Cambio) es la que fija el valor de las diferentes monedas internacionales con respecto al cuc, que a pesar de no tener ningún tipo de valor frente a cualquier divisa, se le considera en algunos casos –inclusive- superior a algunas de ellas. Sin embargo, la realidad es otra, el dólar no puede utilizarse en transacciones comerciales exteriores, debido al embargo y el gobierno se ve en la necesidad de moverlo de alguna forma, pero también está la razón política de restar importancia a esta moneda, para de esa forma poder minimizar al país emisor.

Estas políticas monetarias no han sido ni siquiera revisadas por el gobierno, al cual no le interesa en absoluto fomentar una correcta circulación financiera, sólo está la premisa de ir resolviendo los problemas en la medida en que se presenten, pero cada vez se hace más difícil mantener este sistema ficticio.

En la actualidad, una de las esperanzas en el incremento de divisas está puesta en la posibilidad de eliminar la prohibición de viajar a Cuba que por el embargo les ha sido impuesta a los ciudadanos americanos. Recientemente, el Comité de Agricultura de la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos, pasó un proyecto de ley al respecto, pero todavía no se hará firme hasta que transite por otras instancias y llegue hasta el Senado.

Aunque existe esta perspectiva gubernamental, que incluye también la posibilidad de que se incrementen las importaciones de productos agrícolas, no se ha pensado en solucionar los problemas del mercado interno. Las compras se realizan en dólares, los que recibe el gobierno –en su mayor parte- sin ningún compromiso financiero, ya que los cambia por una moneda inservible y le incrementa a la mercancía adquirida -de forma desmedida- el precio de venta, obteniendo grandes ganancias. No obstante los pagos inmediatos de las compras a los suministradores americanos, son su mayor obstáculo para este comercio, por lo que necesita créditos para efectuar estas transacciones.

En general, los servicios que se prestan nacionalmente en divisas, tanto para el interior como para el exterior del país, son muy caros y carecen de la menor idea de la comercialización. Las restricciones que tiene, por ejemplo, cargar una tarjeta telefónica a un familiar dentro de la Isla, no se conjugan en lo absoluto con lo que pudiera ser un buen negocio; al igual que los elevados precios de Internet en cualquier hotel –con acceso a los cubanos- o el mal servicio que se presta cuando se adquiere un paquete de productos comestibles a una firma cubana, para hacerlo llegar a cualquier persona dentro del territorio nacional.

Pero, también hay acciones que son politizadas por el gobierno, con el fin de incrementar los ingresos, cabría explicar que si un cubano-americano, es detenido en el país, no se le tiene en cuenta su nueva ciudadanía, se considerará nacional, pero para tener derecho a abogados y a cualquier trámite judicial debe de pagarlo en divisas, lo que puede considerarse una especie de apartheid por residencia.

La lista de situaciones difíciles para la vida diaria, se hace interminable, pero desgraciadamente el cubano se ha acostumbrado a vivir con esa piedra en el zapato. Para poder aliviar un poco sus problemas económicos, se hace necesario que el peso cubano convertible coja su valor real, además de que dejen de aplicarse precios excesivos a los productos y servicios que se adquieren con esta moneda, que inclusive se están equiparando a los de moneda nacional, sentando un precedente, que pudiera pensarse es la base para la utilización de un solo tipo de efectivo, en un futuro, no de inmediato, porque en estos momentos: “En Palacio todo va despacio”.

Ciudad de La Habana, 5 de julio de 2010.

http://www.neoliberalismo.com/Palacio-despacio.htm

Felix Arbolí, Lideres y dictadores

martes 6 de julio de 2010

Líderes y dictadores

Félix Arbolí

T ODA comunidad o institución necesita su líder. Una persona a la que considere especial y les haga sentirse dispuestos a seguirle con una fe casi absoluta en la empresa que aquél intenta llevar a cabo. En muchos casos y tenemos abundantes ejemplos, puede tratarse de un simple come cocos que con habilidad, astucia, mucha labia y oportunismo saben engañar y adoctrinar a sus seguidores. Hacerse rey, siendo tuerto, en un país de ciegos. Según nuestro diccionario, al que cada vez prestamos menos atención y así nos va, líder es la persona a quien un grupo sigue y reconoce como jefe u orientador. Como es fácil deducir hay varios tipos de líderes. No obstante, quiero centrar mi artículo en el político.

El hombre, desde sus orígenes ha estado sometido o influenciado por el elemento más destacado de su tribu, congregación o comunidad, aceptado como líder. Intentar citar a los más destacados haría exhaustiva la relación, pero sí debo aclarar que no todos se han justificado demostrando ser mejores que el resto de sus conciudadanos. A veces este liderazgo se ha debido a una serie de circunstancias que ha sabido aprovechar o a no dejar pasar el momento apropiado para alzarse sobre los demás y convencerlos de que posee unas dotes especiales. A lo largo de los siglos, han existido auténticos líderes con méritos suficientes para alcanzar esa relevancia y otros que han conseguido su privilegiada situación a base de engaños y extrañas componendas entre sus seguidores. Entre los primeros debo citar a Alejandro Magno, Pericles, César, Atila, Gengis Khan, Napoleón, Cortés, Pizarro, Bolívar, San Martín, Lincoln, Washington, Bismarck, Churchill, De Gaulle, etc. Mención especial merece Mandela, artífice de la desaparición del apartheid sudafricano y tras 26 años preso, presidente de la República y premio Nóbel y Príncipe de Asturias. Existen también los tiranos, déspotas, dictadores e incluso ineptos, ésos que se mantienen en el poder sin más fundamento que una amañada y dudosa votación de conveniencia y compadreo entre sus beneficiados electores. Y no cito a nadie en particular, pues no hace falta. Estos mal llamados líderes no son acreedores de un juicio benévolo incluso por parte de sus coetáneos, ya que han utilizado su poder e influencia para avasallar, perseguir y eliminar a todos cuantos se les han opuesto o les caían mal sencillamente.

Creo, no obstante, que la mayoría de los líderes, incluso los más reprobables, han hecho algo positivo aunque no fuera éste su verdadero propósito. En muchos casos, fueron los artífices de la unificación y pacífica convivencia de sus pueblos, por medios a veces no muy ortodoxos, que habían estado enfrentados en duras y continuas contiendas o en humillante posición ante los demás países. Su sometimiento a un mando absoluto y en ocasiones despótico, que no consentía la menor discrepancia, hizo fuertes y poderosas a sus naciones y les infundió un patriotismo y orgullo nacional que hasta entonces no habían sentido. Tenemos el caso de Tito en la desaparecida Yugoslavia, hoy desmembrada y en continua confrontación las distintas repúblicas que entonces formaban un único bloque. Su figura dentro de los normales errores y posibles barbaridades cometidas en toda dictadura, sea del color que ésta sea, sirvió de base y aglutinante para constituir una nación que tuvo su relevancia en el contexto internacional. Creo que la desaparición de tan carismático líder significó la merma política y el enfrentamiento entre sus ciudadanos en una guerra tan cruenta y horrorosa como interminable. Aparecieron entonces las diferencias, odios raciales y conflictos religiosos que hasta entonces habían estado contenidos. No todos los gobernantes fueron líderes, ni todos los líderes llegaron a gobernantes.

La situación en que quedó Alemania tras la primera gran guerra fue realmente insostenible. Era muy difícil que una nación pudiera soportar las condiciones tan leoninas impuestas por los entonces vencedores. Había quedado hundida, humillada, empobrecida y fuertemente endeudada con una serie de países que se regodeaban de su victoria. No es nada extraño que cuando surgió un “iluminado” que se rebela contra esa tiranía y dependencia y les hace vibrar con mensajes de poder, revanchismo y recuperación de la dignidad nacional perdida, el pueblo se una enfervorizado a este ignorado pero electrizante líder y lo siga fielmente. Y al conjuro de su voz y de sus promesas de un futuro brillante, las masas se convirtieron en adictas a su doctrina e insensibles al desaliento y los sacrificios que ello pudiera costarle. En poco tiempo devolvió el orgullo a sus ciudadanos e hizo de Alemania una gran potencia mundial respetada y temida por todas las demás. De gallo de Morón, se convirtió en cabeza del león. Su error, incomprensible y tremendo, fue querer exterminar a los judíos, dueños de grandes fortunas, con enormes influencias mundiales y numerosos patrocinadores en las más altas esferas internacionales. Pienso, sin ánimos de justificar lo que no tiene justificación, que si en lugar de haberlo hecho con judíos hubieran sido de otras creencias o razas, no se hubiera levantado tanta polvareda, pues no hay que olvidar que fueron muchos españoles republicanos, polacos, rusos, franceses, checos y de otras naciones los que compartieron el mismo y horroroso final en esos campos de exterminio y nadie se estremeció por ellos. El Holocausto, que sí existió desgraciadamente, no fue una barbarie cometida sólo contra los hijos de Israel, aunque fueran los más señalados y perseguidos, sino contra otros muchos que no han tenido las mismas y merecidas honras y recuerdos. Ese fue el mayor pecado de Hitler y lo que el mundo no le ha perdonado por la forma tan drástica e inhumana que lo hizo. Inadmisible para cualquier ser humano. Ahí se dejó llevar por una soberbia tan estúpida como excesiva, al creerse dueño y señor de todo lo creado. Aunque los gobernantes que le juzgaron en Nüremberg no estaban exentos de culpas, ya que sus gobiernos eran responsables de auténticas masacres descubiertas en numerosas fosas y de deportaciones a Siberia, que significaban la condena a una muerte segura y horrible, así como los desproporcionados y trágicos ataques atómicos sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaky, cuyo ordenante, Harry Truman, no tuvo su merecido juicio ante la Historia. Unos crímenes imperdonables que no se airean porque fueron cometidos por los vencedores y sólo se mencionan los cometidos por el nazismo. El resultado, ya es conocido, el Führer hizo perder a Alemania nuevamente la guerra contra el mundo y dejó a su nación en peores y más penosas condiciones que al inicio de su liderazgo. Hecha una auténtica ruina. No supo conformarse con recuperar lo que habían perdido y vivir en armonía con el resto de los países. Tampoco los judíos en Israel están teniendo un trato muy humano con los palestinos, ante la indiferencia del mundo, aunque no hay que olvidar que los islamistas con su fanatismo religioso y su afán expansionista están causando igualmente excesivas muertes de inocentes, en países ajenos a su órbita religiosa y política con sus inhumanos atentados en nombre de un Dios que no creo muy conforme con ese proceder. Es decir, que como dice el vulgo, en todas partes cuecen habas. .

Mao también fue un líder y gobernante que hizo de China una nación unida, poderosa y preparada para hacer frente a los más difíciles retos internacionales, aunque este ambicioso proyecto estuviera marcado por periodos de terror, abusos intolerables y una semiesclavitud del pueblo, como suele ocurrir en las dictaduras. El despotismo iletrado. Sin Mao, posiblemente, China no hubiera alcanzado las cotas de poder y progreso que hoy disfruta, y a lo mejor o peor seguiría envuelta en luchas internas, coloniales y vecinales, como ocurre con otros países de esa zona que no tuvieron sus oportunos líderes, aunque fueron más o menos tiránicos. Sin la Revolución francesa y su baño de sangre con “madam Guillotine”, - inadmisible, por supuesto-, Francia no hubiera logrado alcanzar un privilegiado lugar en el contexto internacional, ni hubiera surgido ese desconocido líder Napoleón Bonaparte, que como Hitler llegó a dominar gran parte de Europa, aunque le ocurriera igual que a aquél y esa ambición fuera su mayor error, ya que tuvo que enfrentarse a una fuerte coalición de naciones que temerosas de su poder le vencieron. Es el mismo caso de Lenin, Stalin y demás camaradas que les sucedieron en el liderazgo ruso. Mientras éste duró se mantuvo el poder y la unificación de las repúblicas que formaban parte de ese colosal imperio comunista, pero tras la llegada de Gorvachov y la desaparición del liderazgo, se independizaron de la URSS y dispersaron. Ho Chi Minh fue igualmente un líder que tras una dura y sangrienta guerra de guerrillas contra una potencia muy superior, consiguió la victoria de su pueblo y su reunificación en un solo Vietnam, bajo su autoridad y bandera, y hoy resurge de sus cenizas feliz y orgullosa ante el desarrollo alcanzado, no exento de numerosas y nada fáciles condiciones y sacrificios. Éstos y otros casos análogos me inducen a considerar que los líderes que llegan al gobierno, garantizan la unión de sus ciudadanos, aunque no siempre de forma ortodoxa, pero si concluyente. Creo que todo pueblo necesita de un líder para alcanzar sus objetivos comunes y combatir todo intento secesionista, que a nadie beneficia. Este mando único y mayoritariamente consentido consigue en la mayoría de los casos el desarrollo y la convivencia pacífica de sus ciudadanos y su docilidad, que no siempre resulta aborregada y perniciosa si el gobernante sabe hacer buen uso de ella, ofreciéndoles un futuro que de otra manera sería como mínimo incierto. No intento, como es fácil de entender, defender ese liderazgo que al alcanzar el poder olvida sus propósitos e ideales y se convierte en dictador hasta de sus incondicionales, pero pienso que tampoco es conveniente y beneficioso para ningún país no contar con un líder capaz de marcarle su camino, proporcionarle los medios necesarios para su desarrollo y bienestar y velar porque todos ellos, sin distinción entre seguidores y discrepantes vivan en armonía. Algo que echamos de menos en España, que sólo ha sido grande cuando tuvo a un rey o gobernante de talla internacional y enraizado en el sentimiento de su pueblo. Incluso, hubo un período, durante la Regencia de María Cristina, donde liberales y conservadores se alternaban de forma civilizada y democrática en el poder a través de Sagasta y Cánovas, líderes de dichos partidos. Algo que hoy como está nuestra política resulta inconcebible.
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No todos los gobernantes son líderes, ni todos los líderes gobernantes. Franco no fue líder, sino que aprovechó el liderazgo de José Antonio y su nuevo partido de Falange Española, para crear el llamado Movimiento Nacional, que se decía inspirado en la doctrina joseantoniana, para poder continuar con el apoyo de los seguidores de ésta, que tanto le habían ayudado durante la guerra. Una colaboración que sólo precisó en los primeros y más difíciles años de su gobierno. Nada más instaurar su régimen y consolidar su autoridad, fue apartando a esos nada cómodos colaboradores del “azul mahón” y ofreciendo sus cargos e influencias a otros grupos y tendencias, según le conviniera en cada momento. La táctica de todo dictador, bueno o malo, para evitar los posibles complicaciones. Porque ya hemos visto que no toda dictadura es mala. Depende de quien sea el que ostente el mando. Sabemos por triste experiencia que un gobierno, que dicen elegido por el pueblo y se supone muy democrático, nos lo está haciendo pasar canutas, peor que en épocas anteriores, en muchos casos a base de decretazos y componendas de trastiendas que en nada benefician al sencillo ciudadano, sino al inepto que quiere conservar el poder a toda costa. En el caso español citado anteriormente, el verdadero líder hubiese sido José Antonio Primo de Rivera, al que la izquierda tuvo la poca perspicacia de eliminar y convertirlo en mártir, beneficiando con ello al que sería su peor enemigo en el futuro, pues gracias a esta inoportuna muerte, Franco quedó liberado de toda posible competencia y evidente sombra. No se si para bien o para mal, porque nadie conoce el futuro, ni puede opinar sobre un pasado si éste no se produjo.

El mayor problema que tenemos en nuestros días y causa de esta agobiante incertidumbre que estamos padeciendo es que no tenemos ningún líder ni a babor ni a estribor en nuestro panorama político. No existe esa persona capaz de aunarnos y entusiasmarnos, con una honestidad sin tacha ampliamente demostrada, una eficacia garantizada y una limpieza de miras en sus consignas y actuaciones. Esa “rara avis” capaz de hacernos seguirle en su vuelo y remontarnos por encima de miserias, egoísmos y divisiones internas, buscando ese destino en lo universal del que hablaba José Antonio, refiriéndose a esta España que tanto amaba y tan poco le gustaba, como nos pasa hoy a la mayoría de los españoles.

http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=5745

lunes, julio 05, 2010

Pio Moa, Filopederastia eclesiastica / La Tercera Reforma (I)

Filopederastia eclesiástica / La Tercera Reforma (I)

6 de Julio de 2010 - 07:59:40 - Pío Moa


Creía yo que la filopederastia era cosa de los progres, y que en la Iglesia solo se daban casos de pederastia en contra de la doctrina oficial de la Iglesia. Pero Pedro Barbadillo me envía estos sorprendentes enlaces. Existe una Iglesia tan progre como la progresía laica:



****http://infocatolica.com/blog/germinans.php/1007011234-quien-siembra-vientos-recoge#more8546



****http://infocatolica.com/blog/fidesetratio.php/1007021243-la-caida-de-la-iglesia-belga



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LA TERCERA REFORMA



El secuestro de Oriol desplazó a la reforma de la atención pública, suscitó agudo nerviosismo en los medios políticos y un alud de peticiones de escolta policial. El gobierno rechazó las exigencias terroristas, que habrían dañado seriamente la reforma, aunque prometió medidas de gracia. El GRAPO tuvo la impresión de una claudicación parcial del gobierno, y de disponer de una baza crucial para mantener en la cuerda floja a los “fascistas y su oposición domesticada”, y ello salvó la vida del propio Oriol. Por tanto, el PCE (r) dedicó su esfuerzo a movilizar a las masas, muy boicoteado por CCOO, la prensa y el resto de la oposición, que difundían bulos confusionistas sobre el origen del GRAPO. Con lo que este, siendo numéricamente insignificante, peleaba con casi todas las formaciones políticas, franquistas y antifranquistas. Sus únicos apoyos eran el gobierno argelino a través de su servicio secreto, y el MPAIAC (Movimiento para la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario), al cual facilitaba el gobierno de Argelia unas emisiones de radio muy escuchadas en España. El MPAIAC propugnaba la “lucha armada”, aunque con poca capacidad para ella.



El 23 de diciembre la situación se complicó, aparentemente, con la detención de Carrillo y siete jefes comunistas. La policía no se había lucido persiguiendo a Carrillo, y menos aún al GRAPO, que, al revés que el PCE, el PSOE y otros, no estaba entonces infiltrado. El PCE se movilizó a fondo para protestar por las detenciones y presionar en Europa por la liberación de sus líderes. Desde 1969, Carrillo no podía ser juzgado por crímenes de la guerra, como quedó indicado, y la legislación por asociación ilegal no estaba ya en vigor, de modo que a la semana, el 30 de diciembre, fue puesto en libertad.



Pero el secuestro de Oriol se prolongaba y seguían las manifestaciones pro amnistía. El PCE(r) creyó fracasada la intensa propaganda confusionista de la prensa y la oposición en torno al GRAPO, y que la situación exigía el movimiento de masas, que, según los cánones marxistas completaría la acción armada. Y así agitó en Madrid, Bilbao, Vigo, Barcelona y Sevilla, en pro de una huelga general para el 10 de enero de aquel 1977. Desde luego sobreestimaba sus fuerzas, pues si habían fracasado la huelga de CCOO y el resto de la oposición dos meses antes, no iba a tener éxito un partido mínimo y tildado de “sospechoso”. La huelga, claro, no salió, y el PCE(r) volvió a pensar en otro golpe espectacular (Debe recordarse que el GRAPO era una organización especial del PCE(r), de cuya dirección dependía, como otras llamadas “organizaciones de masas” (sindical, universitaria, de artistas o Socorro Rojo).



Se abrían algunas ligeras brechas entre los reformistas: algunos hablaban de imponer un estado de excepción (se suspendieron dos artículos del Fuero de los Españoles), otros de claudicar ante el GRAPO y liberar los presos terroristas. Lo último lo propuso Pío Cabanillas, arguyendo que de todas formas el gobierno tendría que conceder amnistía general antes o después. Gutiérrez Mellado, poco apreciado por sus compañeros de armas y consciente de ello, lo que le llevaba a agravar la tensión entre los militares, creía o fingía creer la propaganda de la izquierda que presentaba al GRAPO como manejado por la extrema derecha o la policía.



A su turno, grupos de extrema derecha parecieron imitar los métodos terroristas que tanto fruto habían rendido a la ETA y, al parecer, también al GRAPO, y habían cometido algún asesinato aprovechando las manifestaciones de izquierda. Eran acciones con una burda estrategia de tensión, que a la brutalidad añadían la estupidez, lo cual explotaban a fondo las izquierdas – de siempre tan complacientes con la ETA--, para desacreditar a la derecha en general sembrando suspicacias de su connivencia con el “fascismo”. Nació la consigna “Vosotros, fascistas, sois los terroristas”, aunque los crímenes fascistas no llegaron a la vigésima parte de los perpetrados por la izquierda.



La tensión subió al máximo el 24 de enero: ese día, por la mañana, el GRAPO secuestró al teniente general Emilio Villaescusa, presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar. La acción debía demostrar que un partido revolucionario resuelto podía atacar los puntos más sensibles del régimen y que este, en plena crisis, no sería capaz de reaccionar adecuadamente y se doblegaría a las condiciones de los terroristas.



Por otra parte una huelga del transporte en Madrid, auspiciada por la oposición, tenía soliviantados a los sindicatos oficiales. Al parecer, algún sector de ellos decidió dar un escarmiento a la dirección huelguista atacando un despacho de abogados laboralistas del PCE y CCOO. Unos pistoleros fueron al lugar, por la noche, sorprendieron a los abogados reunidos y dispararon a mansalva, asesinando a cinco e hiriendo a cuatro. La matanza y el secuestro de Villaescusa sacudieron literalmente al país.



El gobierno temía que el entierro de las víctimas causara nuevas violencias y deseaba un acto discreto, pero el PCE y la Comisión de los nueve dieron total garantía de que no habría alteración del orden. Por fin fue autorizada la salida en hombros de los féretros desde el Colegio de Abogados hasta el paseo de Recoletos, desde donde irían en coches fúnebres al cementerio. El PCE y CCOO movilizaron sus fuerzas y cumplieron su promesa: en silencio, con numerosos puños en alto, decenas de miles de personas, en su mayoría no comunistas, despidieron los cadáveres a lo largo del trayecto.



Desde esa prueba de moderación, el PCE podía darse por legalizado: de hecho, el gobierno tenía más razones para hacerlo que con el PSOE. Este persistía en rechazar la bandera de España, la monarquía y la economía de mercado, aceptadas por los comunistas, que también preparaban nuevos estatutos para superar la prohibición de partidos “con dependencia internacional y propósitos totalitarios”.



Esta conducta de los “carrillistas” la interpretó el PCE (r)-GRAPO como sumisión inconcebible a la oligarquía capitalista y fascista, por lo que decidió dar una réplica más ejemplar a los asesinatos de Atocha: el día 28 asesinaba a tres policías armados y a un guardia civil, hiriendo de gravedad a tres más. Para entender al GRAPO debe recordarse que compartía con casi toda la oposición una visceral aversión al franquismo, tachado de régimen criminal que habría aplastado al pueblo con ayuda de Hitler y suprimido cualquier libertad, por lo que la gente, explotada y oprimida, solo ansiaba liberarse del yugo. Pero, a diferencia de la “oposición domesticada”, el GRAPO actuaba en consonancia con tales ideas, mientras que, a su juicio, los otros estarían doblegándose y colaborando con el cambio de fachada fascista, por cobardía, hipocresía o traición.



La sucesión de golpes y contragolpes en aquellos días llevó al extremo la crispación militar y el nerviosismo de los políticos –la población se mantuvo serena, aun si muy inquieta--; y la reforma estuvo cerca de irse a pique.



Si bien las acciones del GRAPO habían casi paralizado la vida política durante unas semanas, a lo largo de enero se reanudaron los contactos entre el gobierno y la Comisión de los nueve, para tratar los aspectos técnicos de la reforma, la legalización de los partidos y las normas electorales.



Con la Comisión intervino un nuevo y crucial factor político: Suárez, triunfador con un referéndum y una reforma diseñados por Torcuato Fernández Miranda, se sintió con bríos para sacudirse la tutela de este, y cambió de talante. Había interiorizado cierta jerga democrática, que usaría en abundancia luego, dando a entender que siempre había pensado así. Hasta entonces, la reforma venía plenamente del franquismo, a conciencia de que solo la debilidad de la oposición haría a esta integrarse en el proyecto democrático. Pero, comenta Jordi Pujol, miembro de la Comisión de los nueve: “Suárez nos dijo: Yo, señores, tengo el poder. Ustedes tienen legitimidad. De lo que se trata en estos momentos es de unir poder y legitimidad. Suárez no dijo que nosotros tuviésemos la legitimidad en exclusiva. Nos dio a entender que él también detentaba una parte de ella, además del poder. Pero dejó muy claro que, a pesar de ser ilegales y de que aún no nos hubiera elegido nadie, sí representábamos la legitimidad del futuro, la que venía”. Una técnica muy empleada por Suárez consistía en halagar la vanidad del contrario, pero ese halago terminaba comprometiéndole. El rumbo reformista iba a cambiar .



Siendo la formación intelectual y conocimiento histórico de Suárez menores que su ambición, su actitud traspasaba insensiblemente la legitimidad a unos partidos aún pequeños y que tendían a identificarse con la república o con el Frente Popular. Torcuato habría sido muy consciente del alcance de tal cesión o claudicación, pero no es probable que Suárez lo distinguiese bien. Luego, este procuraría ofrecer imagen un tanto de izquierda o centroizquierda, disimular el origen franquista suyo y de la democracia, identificar al franquismo con la extrema derecha y congraciarse con la oposición.



Comenzaba una tercera etapa del proceso reformista, tras las de Fraga y Torcuato, en rigor una tercera reforma que en gran medida invertía el éxito de los meses precedentes y daba mayor protagonismo a la oposición. Esta había debido resignarse a la iniciativa franquista, pero pronto iba a adoptar una actitud arrogante, aceptada por Suárez.



Gran noticia para todos ellos fue la liberación de Oriol y Villaescusa, a los dos meses del primer secuestro. El GRAPO había pensado secuestrar a Fraga, a fin de perturbar las elecciones previstas y demostrar de nuevo la impotencia del fascismo frente a unos revolucionarios audaces y clarividentes. La policía había fracasado una y otra vez, pero terminó por dar con el hilo que le permitió resolver el caso. Para evitar problemas en los controles policiales, el GRAPO robaba en unos lugares coches, y en otros documentaciones de vehículos de igual marca, y falsificaba carnés de identidad y matrículas. La policía llegó a relacionar las denuncias y buscó los coches por todo Madrid. Tras localizar alguno se produjo un tiroteo y las primeras detenciones, luego la detección del jefe del grupo de acción, Enrique Cerdán, y su detención. A partir de ahí, tirando de varios hilos, la policía consiguió liberar a Villaescusa y poco después a Oriol, irrumpiendo por sorpresa en los pisos donde estaban custodiados (Como en todo lo relacionado con este asunto, remito a mi libro De un tiempo y de un país).



La noticia acababa con una pesadilla para todos los comprometidos en la reforma, y desde ese momento pudieron proseguir las medidas previstas con mucho más desembarazo. El PCE(r)-GRAPO no quedó del todo desarticulado, pues parte de la dirección y diversas organizaciones locales siguieron en pie, y a partir de ellas el grupo iba a rehacerse en pocos meses. Pero ya todos sus dirigentes eran conocidos de la policía y nunca volvería a alcanzar el mismo nivel de operatividad.


http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/

Damian Ruiz, Las ratas

Las ratas

Damián Ruiz

6 de julio de 2010

La casa era magnífica. Había costado cientos de años construirla. Tenía diferentes espacios claramente diferenciados, salones, baños y una enorme biblioteca con magníficas obras literarias y de cuyas paredes colgaban auténticas obras de arte. Dos alas distribuían las habitaciones, decoradas cada una de un modo exclusivo y original.

Sus habitantes convivían bajo unas claras normas cívicas que concedían la suficiente libertad a cada uno de ellos como para sentirse cómodos en la convivencia, y eso hacía que todos se hicieran responsables del mantenimiento y cuidado de la casa.
Era sabido que la casa alojaba algunos roedores, ratas de diferentes tamaños que, de vez en cuando, dejaban roído algún viejo mueble o alguna alfombra. Nada verdaderamente importante para sus inquilinos que a veces sin mucho entusiasmo trataban de echarlas de la casa con algún gato callejero que pronto se adaptaba al confort interno y dejaba la caza por innecesaria dada la abundante comida con la que era proveído.
Pero de pronto un día los ocupantes de la casa descubrieron sorprendidos que algunos libros y cuadros habían sido rasgados por lo que parecía ser dentadura de roedores, y eso no fue más que el inicio. Día tras día iban apareciendo señales de que el ánimo destructor era insaciable: puertas, cortinas, ventanas, sábanas, lámparas, todo empezaba a ser atacado.
Las ratas, ante la ingenuidad y tolerancia de los habitantes de la casa, se habían organizado en grupos de combate y sembraban el caos por todas las partes del habitáculo.
Un día por la mañana cuando los asustados inquilinos estaban tomando el desayuno en uno de los pocos rincones del hogar que no había sufrido ataques apareció una enorme rata, tenía aires de arrogancia y parecía insuflada de vanidad. La rata carraspeó y reclamó la atención de los acobardados residentes.
“Si queréis que dejemos de destruir vuestra, perdón, nuestra casa, tenéis que convertiros en ratas, o al menos aparentarlo, además tenéis que permitirnos dirigir la vida de este habitáculo”.
- Pero…, -contestó un inquilino-, acabaréis destruyendo lo que tanto nos costó construir y conservar.
- Nosotras llevamos, - respondió la rata-, tantos años como vosotros viviendo aquí lo que hasta ahora vuestros ancestros no habían tenido vuestra, digamos, ingenua tolerancia y no podíamos más que roer con mucha precaución algún enser de poca importancia… pero vosotros… - se echó a reír -, vosotros nos habéis dejado crecer y crecer, y ahora ya no nos queda más que acabar con los pocos cimientos que hemos dejado para que sostengan la casa.
- Pero… la acabaréis por hundir… -dijo uno de los hombres que permanecía sentado y perplejo ante las malas intenciones de aquel enorme roedor- ¿Qué queréis?
- El poder – dijo la rata- para acabar con vuestros principios, vuestros valores y vuestros estúpidos códigos de convivencia. ¡Venid todas! – gritó-
Y en eso que aparecieron miles y miles de ratas, todas salían de debajo de la casa, de los alrededores, llevaban años esperando la venganza. Era cierto que habían permanecido ocultas bajo los cimientos y en las buhardillas durante cientos de años pero ahora por primera vez se sentían fuertes para imponer el caos bajo amenaza de destrucción.
Los hombres y mujeres que vivían en la casa estaban aterrorizados, dispuestos a pactar…
Pero de repente… se dieron cuenta que el más joven de la casa, un chico de apenas veinte años hacía rato que no estaba con ellos. Se sintieron intranquilos.
Las ratas presentaron un documento con todas las normas a firmar, normas que llevarían a la completa y progresiva aniquilación de la casa. Pero cuando el representante de los inquilinos estaba tristemente dispuesto a firmarlo aparecieron cientos de jóvenes provistos de un arma invencible: su espíritu.
Las ratas acostumbradas a vivir en las tinieblas quedaron cegadas ante el brillo que emanaba de los corazones de aquellos muchachos y muchachas, que lejos de rendirse, incrementaron su coraje. Y corrieron despavoridas lanzándose por los precipicios, pozos y barrancos que había por los alrededores de la casa. No quedó ni una viva porque si alguna se salvó fue combatida con el fuego del valor.
Así fue como la casa se restauró y volvió a ocupar el lugar que le pertenecía, el de una de las más bellas casas que jamás se habían construido.
Moraleja:
1. Las ratas hacen muy bien lo que saben hacer: destruir lo construido.
2. Los humanos que actúan como tales son superiores a las ratas.


http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=3485

Hermann Tertsch, La brujula moral

La brújula moral

Cada vez está más claro que peor que la incompetencia de este

Gobierno es que no tiene brújula moral

HERMANN TERTSCH

Día 06/07/2010

¿POR qué les gustará tanto a nuestros gobernantes socialistas erigirse en abogados defensores de las peores causas? ¿Qué fallo tienen en su brújula moral todos los que desde nuestro Gobierno siempre están dispuestos a defender a tiranías frente a las exigencias de las democracias «normales»? Más aún: ¿tienen siquiera brújula moral quienes, más allá de su fracaso económico y gestor, sólo tienen en la agenda una cultura de la muerte, de exaltación del aborto y la eutanasia, la agitación del odio de unos españoles contra otros y la defensa a ultranza de las peores dictaduras de la tierra? Preguntas pertinentes. Busquemos respuestas. La cultura de la muerte quiere imponer a la sociedad un desprecio a la trascendencia del ser humano que nos despoje a todos de nuestro carácter único como personas, de nuestra percepción de nosotros mismos como criaturas sagradas a los ojos de Dios y de los hombres. Esa es la guerra fundamental, no los crucifijos aquí o allá, contra los principios religiosos y culturales del cristianismo y del judaísmo que nos quieren extirpar. Una sociedad que cree prescindible a todo ser humano que pueda causar una molestia —y lo liquida— es una sociedad de cerviz quebrada. El Estado regala derechos para matar a los más débiles, nonatos o ancianos. Y despoja a sus súbditos de la fuerza moral para exigir el respeto al individuo por su carácter único y sagrado. El aborto puede ser admisible para evitar un drama humano. No la aceptación de la muerte como método anticonceptivo.
Otros hechos dicen mucho de la brújula moral de nuestro Gobierno. El presidente del Gobierno recibía como amigo del alma al presidente de Siria, Bassar el Assad, quien hace unas semanas formó con el venezolano Hugo Chávez una alianza para combatir a EE.UU. e Israel y apoyar al radicalismo antioccidental del presidente de Irán, Ahmadineyad. Como ven, buena compañía. Ayer se quejaban nuestros servicios secretos porque Israel ha dejado de suministrar a España datos para la lucha
contra el terrorismo islámico. Cabe pensar que Israel no tiene excesivo interés en compartir los datos con los amigos de España, dictaduras enemigas declaradas de su existencia. Y el ministro Moratinos se nos fue a Cuba. En su vergonzoso papel de abogado de la dictadura ha logrado que la UE le dé tres meses de plazo antes de renovar la política de sanciones —leves— cuyo objetivo es recordar que Europa diferencia entre dictadura y democracia. Que tiene brújula moral. Zapatero y Moratinos están en contra. Moratinos ha anunciado que no visitará al preso Fariñas, que agoniza en huelga de hambre, para evitar «fotografías oportunistas». Náuseas produce la excusa. Allá va Moratinos a ver si se puede apuntar como propio un posible éxito de la Iglesia Católica en negociar la liberación de algunos presos. Más náuseas. Cada vez está más claro que peor que la incompetencia de este Gobierno es que no tiene brújula moral. Y quiere romper la de todos nosotros.

http://www.abc.es/20100706/opinion-colaboraciones/brujula-moral-20100706.html

Tomas Cuesta, Cataluña a traves del espejo

Cataluña a través del espejo

Sin el sueño de Zapatero, ¡zas!, el señor Mas se extinguiría igual que un pabilo

TOMÁS CUESTA

Día 06/07/2010
ARTUR Mas, anteayer en La Vanguardia, daba fe de cómo el zapateriano «pensamiento Alicia» del cual Gustavo Bueno hiciera mofa antaño, se ha universalizado hogaño. Su artículo se titula «El espejo roto». Y contiene hallazgos prodigiosos y volatines estilísticos notables. Por ejemplo, o sea, verbigracia: que «el TC ha roto un espejo de cristal fino y delicado… El espejo era el espíritu y la letra del pacto constitucional de 1978… Un pacto que tuvo como reto fundamental reflejar e incorporar la realidad nacional de Catalunya, Euskadi y Galicia, para lo cual se diseñó un marco constitucional abierto y flexible».
Sobre la enjundia lírica del cristal «fino y delicado» —y dando por supuesto que se refería al vidrio nuestro vidrioso licenciado—, la piedad aconseja no encelarse. Pero eso de que la Constitución de 1978 tuviera como objeto constituir a tres regiones en naciones, sobrepasa lo cursi y encalla en la humorada. El texto del 78 está al alcance de cualquiera que sepa leer; con el señor Mas delante, para que no se espante. Título Preliminar, Artículo 1.2: «La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado». Y Artículo 2: «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles». Si para el señor Mas proclamar sujeto constituyente al pueblo español y afirmar la «indisoluble unidad» de la Nación española es sentar los cimientos de las naciones catalana, gallega y vasca, allá él con sus alucinaciones, sus delirios, sus chifladuras y sus raptos. Vale la pena acompañarle a través del espejo para saborear a su costa aquel lúcido homenaje a quienes pierden la cabeza y toman no ya el sueño propio sino la pesadilla ajena por realidad incontestable: «Ahora sueña. ¿Y qué crees que está soñando?... Te sueña a ti… Y, si dejase de soñarte, ¿dónde supones que estarías…? No estarías en ninguna parte. No eres más que un cosa en su sueño. Si ese rey despertara, te apagarías, ¡zas!, como una vela». Sin el sueño de Zapatero, ¡zas!, el señor Mas se extinguiría igual que un pabilo.
Al final, las metáforas las carga el diablo. Narciso se ahoga en la fuente. «Espejo, espejito mágico…». Y a Blancanieves se la zampan los enanos. Zapatero se esfuma como el fantasma de un fantasma. Como un trasunto mínimo del minino de Cheshire que deambula desde la risa floja a la mueca pasmada: «He visto muchos gatos sin sonrisa, pero nunca vi una sonrisa sin gato». En medio de semejante gatuperio, lo que queda de España es la liturgia del «nonsense», es un tejer y destejer el manto de Penélope a beneficio de una horda de arrebatacapas. Es estar en las mismas que el aturdido personaje del reverendo Carroll: «Sabía quién era esta mañana, pero ahora, la verdad, no lo tengo muy claro. Resulta difícil conservar la identidad cuando se cambia tantas veces de tamaño». Habrá algunos, sin duda, que no se acaben de creer lo que está pasando. Pero creer en lo imposible —tal cual asegura, más allá del azogue, la gentil Reina Blanca— es sólo cuestión de práctica. «De joven yo entrenaba media hora diaria y antes de despachar el desayuno ya me había creído a pie juntillas media docena de imposibilidades».
¿Espejo roto? «Bien supo lo que se hizo / quien te echó donde te ves. /Señoras si aquesto propio / os llegare a suceder / arrojar la cara importa, / que el espejo no hay por qué», romanceaba la mujeruca quevedesca que tropezó en un muladar con el reflejo de su insignificancia. Hoy, la consigna es recoger y, en el espejismo del oasis, medran los usureros y los arrojados callan.


http://www.abc.es/20100706/opinion-colaboraciones/cataluna-traves-espejo-20100706.html

Ernesto Ladron de Guevara, Hacia el abismo en caida libre

martes 6 de julio de 2010

Hacia el abismo en caída libre

Ernesto Ladrón de Guevara

ASOMBROSA paradoja a modo de metáfora la de hoy. Huelga general de sindicatos nacionalistas y de CC.OO y paralización de los servicios esenciales por los piquetes “informativos”, caída de la bolsa en una nueva edición de precipitación al vacío, cierre de grifo del Banco Central Europeo con protesta de la banca que ve peligrar la liquidez; y como telón de fondo, para que nada falte al escenario, el golpe de Estado de los partidos catalanistas-nacionalistas hacia la independencia. Responsable de todo ello, este presidente pasmado que algunos no merecemos, que ha provocado un tsunami que nos arrastra indefectiblemente al desastre. Es decir, la historia se repite.

No voy a comentar la sentencia del Tribunal Constitucional, que me parece un parche que no trae otra cosa que más problemas a una situación que ya era insostenible antes de la misma, y que no resuelve nada. Nadie esperaba que esta sentencia sirviera para nada, pues estaba claro que se trataba de una componenda para salir como se pudiera de una situación podrida, tras más de cuarenta leyes derivadas de un Estatuto que –no lo olvidemos- tuvo una clamorosa ausencia de los catalanes en su referéndum (la mitad de ellos) y que, de los que votaron, un 25 % lo hizo en contra. Es decir obtuvo el respaldo efectivo, en definitiva, de no más del 35 % de la sociedad catalana, lo que le priva de la necesaria legitimidad democrática. Resulta insultante que se haya tardado cuatro años para decir algo tan insustancial, tan etéreo, tan escaso de contenido concreto como lo resuelto en una sentencia que deja en el limbo la mayor parte de los elementos de ruptura institucional, política y jurídica que contiene el actual Estatuto de Autonomía catalana. Pues, tal como lo proclama el propio presidente socialista de la Generalitat es un mero paso para la independencia. Ya que ni tan siquiera tienen un mínimo de contención y prudencia a la hora de expresar sus intenciones sediciosas, y se quedan tan anchos, y lo que es más grave, tan impunes.

No voy a ser yo quien defienda, hoy por hoy, la actual Constitución, que fue una chapuza cuyas consecuencias estamos recogiendo ahora. Tampoco voy a defender el orden institucional vigente, un verdadero fiasco que nos está llevando al desastre. Pero no voy a entrar en el juego, tan deseado por los nacionalistas, para conseguir sus fines, de intentar la subversión, como hacen ellos. Lo que tenemos es lo que merecemos por irresponsables. Pero hoy por hoy, la gente cívica debemos mostrar mesura y prudencia. De lo otro ya se encargan ellos.

http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=5747

Ismael Medina, El gran circo del encubrimiento, la crispación, el gregarismo y el desastre

martes 6 de julio de 2010

El gran circo del encubrimiento, la crispación, el gregarismo y el desastre

Ismael Medina

N O existían ordenadores en aquellos lejanos tiempos y los corresponsales acreditados en Roma debíamos llevar nuestras crónicas desde la sede de Stampa Estera a la cercana Radio Stampa para que los transmitieran por teletipo. El día relacionado con lo que contaré la selección de Italia había perdido un encuentro crucial, creo que del campeonato mundial. Nadie se ocupaba de los teclados cuando accedí a la sala de teletipos junto a Pepe Salas Guirior. Discutían acaloradamente como si les fuera en ello la vida o el puesto de trabajo. Pepe, un malagueño irónico, además de excelente poeta y escritor, se dirigió al jefe del servicio, un romano de planta clásica, y le dijo con socarronería: “Más bien parece que han perdido ustedes una guerra”. La respuesta nos dejó atónitos, pese que ya habíamos penetrado no poco en la peculiar mentalidad de los italianos: “Una guerra se pierde y luego se arregla. Pero si se pierde un partido de fútbol es irremediable por que no se llega a la final”.

Ha desempolvado de la memoria aquel distante recuerdo la eliminación de la “squadra azzurra”, campeona del mundo en la anterior edición. Hasta los filiados a la secesionista Liga Norte sienten como propia la que consideran una vergüenza nacional. Retórica luctuosa también en el parlamento. Echan llamas los titulares condenatorios en los periódicos, incluso aquéllos, ya casi ninguno, que tuvieron a gala la ponderación.

La eliminación del equipo francés ha herido en lo más profundo al chauvinismo galo. Los escandalosos comportamientos de algunos jugadores y la vulgaridad desplegada sobre la hierba compusieron una patética imagen de descomposición. Tan herida se ha visto la “grandeur” tras la que todavía se refugia una nación en declive, que el presidente de la Republica llamó al Eliseo a los tenidos como responsables del desaguisado. El revés futbolístico que debía ser anecdótico en términos políticos, se ha convertido en cuestión de Estado.

LOS FALSOS HÉROES DEL CIRCO FUTBOLERO

TAMBIÉN se desató en España un tremenda presión mediática a raíz de la derrota de nuestra selección nacional ante la helvética. Hasta los más sesudos columnistas y habituales de las tertulias de radio y televisión se sumaron a la decepción de las masas seducidas por el gran circo balompédico. Menos mal que se ganó el segundo encuentro, aunque la victoria, menos rotunda de lo esperado, suscitó críticas y recelos. Y asimismo el tercero, aunque tampoco dejó satisfechos a los críticos. Cuando se publique esta crónica ya se conocerá el resultado de la disputa con Portugal. Habrá estallido de euforia si se ha ganado. Y una oleada de reconvenciones y de generalizada decepción si se ha perdido. Hay quien desearía esto último en la presunción de que, faltos ya de esa droga, no enfrentaríamos a la cruda realidad en que manoteamos.

A tenor de lo que se lee, se escucha de las emisoras de radio o se ve en las pantallas, resulta evidente que el gigantesco negocio del fútbol se ha convertido en una suerte de descarga colectiva de adrenalina, hábilmente dirigida, merced a la cual encuentran desahogo en lugar equivocado el desencanto político y las muchas adversidades que atosigan a la sociedad.

Un viejo y fraternal amigo me proponía hace unos días este título sugestivo para encabezar una de mis crónicas: “Anatomía de la crispación”. Cuestión tentadora, sin duda. Pero confieso que no sé por donde abordarla. La crispación existe y son múltiples los focos de promoción, no sólo en nuestro caso el gobierno Rodríguez y sus palafreneros del PSOE. También los nacionalismos periféricos, el progresismo que se dice intelectual, los grupos radicales de izquierda cada vez más violentos, el islamismo rampante, una creciente inseguridad pública, amplios sectores de la juventud encanallados, la ruptura de principios de autoridad en cualesquiera ámbitos… Y además, una brutal recesión económica con cerca de cinco millones de parados, millones de españoles por debajo del umbral de la pobreza y unas medidas de ajuste impuestas desde el exterior, además de confusas, ambiguas e incoherentes, que cargan su peso sobre unas clases medias en trance progresivo de proletarización.

Se dan todos los supuestos para una encrespada rebeldía social. Pero el fracaso de la reciente huelga de funcionarios, convocada por las centrales sindicales como tanteo para una de carácter general, nos sitúa ante la evidencia de un clima social de conformismo o pasividad, apenas roto por manifestaciones esporádicas contra abusos concretos como pueda ser el aborto. Lo que me propone la duda de si seguir la propuesta de mi amigo o hacerlo sobre la anatomía del gregarismo.

LA ESTRATEGIA DE LA SUPLANTACIÓN

ESPAÑA se llena de banderas nacionales con el escudo oficial, sin él o la silueta del toro cuando juega nuestra bien pagada selección de fútbol. Un clamor, reflejo de lo que ocurre con los equipos de cualesquiera de las divisiones, que cada vez deriva más en atuendos carnavalescos. Y en nada infrecuentes enfrentamientos y estallidos de violencia. Un fenómeno de crispado gregarismo que se extiende por todo el mundo en que la contienda balompédica se ha convertido en remedo del tópico pan y circo de la antigua Roma. Pero que me importa sobre todo en lo que afecta a nuestro solar.

Algunos han sugerido que subyace un difuso y arraigado sentimiento patriótico en ese enardecido tremolar futbolero de banderas nacionales. Triste cosa es, sin embargo, que esa supuesta y ocasional convulsión patriótica no comparezca frente a realidades de gran calado que afectan al futuro de España y a su supervivencia como entidad histórica, política y cultural. También, es obvio, que como Estado soberano.

Resulta inquietante y hasta esperpéntico que la conciencia nacional se haya reducido a ese estrecho y circunstancial espacio del espectáculo balompédico y algún otro en que descuellan españoles aunque sea bajo etiquetas que nos son ajenas. Unos y otros jugadores profesionales se nos aparecen como los antiguos gladiadores. Sólo que aquéllos se enfrentaban a la alternativa de morir o recuperar la libertad para solaz de unas masas gregarias que, según los tiempos, adornaban con su rugir las victorias del César o soslayaban los excesos, engaños y torpezas del poder de que eran víctimas.

Los actuales gladiadores son utilizados desde el poder con parejos fines a los de hace tantos siglos. Sólo que no se juegan la vida, sino una suculenta bolsa y el añadido de privilegios fiscales. Son la ficción publicitaria, consumista y postmoderna del héroe. Existen héroes de verdad. Los que se juegan la vida en la lucha contra el terrorismo, en lejanas empresas militares que nos vienen impuestas o en defensa de valores civiles de viejo arraigo. Pero todos estos son hurtados a la exaltación popular y se les esconde como si fueran unos apestados que comprometen la turbia estabilidad de un sistema al que llaman democracia.

Al sistema le viene muy bien la sobrecarga de fútbol y otros espectáculos deportivos en los medios. La multiplicación de las competiciones apenas si deja un día sin que una masa ávida de escapar de la realidad se deje atrapar por el televisor, la radio o el periodismo en papel que les proporcionan el pasto. Un periodismo agresivo que contribuye decisivamente a provocar la crispación que luego estalla dentro y fuera de los recintos a los que llaman estadios aunque no sea polivalentes en términos deportivos. Oculta esa otra crispación de fondo que ha provocado y mantiene, aunque encauzada hacia colisiones y fracturas individualizadas y grupales de la convivencia, en una suerte de todos contra todos en cualesquiera ámbitos. Incluso en el seno familiar cuya destrucción se persigue con ahínco.

EL DRAMA VITAL DE LOS OCTOGENARIOS CON MEMORIA

LOS octogenarios, y más si lo somos avanzados, tenemos la memoria saturada de recuerdos. Desde la instauración revolucionaria de la II República al periodo actual de república coronada. Sabemos que la memoria personal no puede elevarse a categoría histórica. Pero aunque pueda tacharse de limitada y subjetiva, esa memoria personal si adquiere valor como referencia. Sobre todo si acertamos a desnudarla de lo accesorio y quedarnos con el tuétano de lo que aconteció y acontece. Y esa es la parte dramática de tan larga experiencia acumulada: que de alguna manera volvemos a vivir en lo fundamental lo que ya vivimos.

Me solivianta cada vez más el tópico machadiano, tan manoseado, de las dos Españas que han de helarnos el corazón. Los pueblos se parten cuando carecen de una empresa tentadora a realizar en común, que aleccionaba Ortega y Gasset. Le sucedió al nuestro cuando asomó las orejas el espectro de la decadencia de un gigantesco empeño universal que la leyenda negra nos ha negado y ha hecho suya nuestra necia progresía intelectual, desde la ilustrada de antaño a la desislustrada actual. Pero el fenómeno se repite en otras naciones que dejaron de ser hegemónicas si trasladamos a ellas pareja argumentación. ¿O acaso no derivó la segunda guerra mundial en guerras civiles en el interior de los países europeos que la combatieron? Confrontaciones generalmente sangrientas entre los dos frentes deterministas aliados, el totalitarismo liberalista y totalitarismo el marxista, a los que sirvieron de chivo expiatorio quienes en un momento u otro del conflicto se alinearon con los igualmente totalitarios socialismos nacionales que el III Reich encabezaba.

Uno de mis lectores, siempre muy atento a los recovecos del NOM, me llamaba la atención tiempo atrás sobre el libro “Nuevas mentiras para lo viejo”, del antiguo agente de KGB Anatolly Gollitsyn. Versión contraria a la del Padre Fox, para quien asistimos a la conversión democrática del comunismo internacional. Gollitsyn sostiene que todo el proceso mundialista en que estamos enredados responde a una estrategia diseñada por el KGB, de la que formaba parte la “perestroika” de Gorbachov. No en vano Putin, como tantos otros actuales demócratas rusos, y la mayoría de los nuevos multimillonarios, provienen del KGB y de las estructuras de mando del PCUS. Aceptada esta tesis, habríamos de convenir en que la operación dirigida en los sesenta por Bezmenov sería en buena medida su vanguardia. Pero puede abordarse el análisis desde otra perspectiva en la que más de una vez incidí.

LOS DOS BRAZOS OPERATIVOS DE UNA MISMA ESTRATEGIA MUNDIALISTA

NO se trata sólo de la común ideología determinista, o de relativismo materialista, del liberalismo capitalista y del capitalismo de Estado marxista. Uno y otro tuvieron su origen en la Orden de los Iluminados. Dos brazos de marcada condición sionista llamados a degradar y absorber a las naciones para luego abrazarse bajo el común paraguas del NOM y propiciar el golpe definitivo de la instauración del Gobierno Mundial.

Retorno en este punto a mis recuerdos. La llegada de la República rompió en furor anticatólico, traducido en profanación y quema de templos. La constitución institucionalizó un radical laicismo compartido por el socialismo y la masonería con muy fuerte penetración en aquél y en otros partidos de izquierda. El crucifico fue exiliado de los centros de enseñanza y de cualesquiera otros oficiales. Se suprimieron los desfiles procesionales de Semana Santa y otras manifestaciones religiosas públicas de arraigada tradición, aunque el gobierno hubo de dar marcha atrás ante la consistente reacción social. Se exaltaba el amor libre como una gran conquista revolucionaria frente a la familia tradicional. Los ricos eran condenados al exterminio. Se alentaban los separatismos para avanzar hacia la forma federal de Estado que fracasó con la I República. Se amenazaba de muerte a los políticos que osaran oponerse al asalto revolucionario del poder por la izquierda. Borrar cualesquiera huellas de la Dictadura de Primo de Rivera, incluidas sus positivas aportaciones al desarrollo económico y social, se convirtió en una obsesiva primacía política. Se fomentó el odio del proletariado hacia las consideradas genéricamente clases burguesas. También el Ejército era presentado como un poder represor y enemigo del pueblo. Un cuadro de agreste crispación que presagiaba lo que habría de sobrevenir en el 34 y en el 36. Y arreciaban mientras tanto los efectos de la crisis financiera mundial sobre una economía nacional en ruina. Se obturaban las necesarias acciones encaminadas a repararla con la consecuencia, entre otras muchas, de la huida de capitales y del recelo de posibles inversores extranjeros a jugarse los cuartos en España.

El cuadro anterior nos sitúa ante la evidencia de que, si dejamos a un lado las formas extremas de la crispación, los fenómenos de fondo son hoy los mismos de entonces. Pero con una variante que no puede pasarse por alto. El proceso descrito era asumido por el socialdomunismo en seguimiento de los dictados de la Unión Soviética, aunque también por otros partidos de izquierda que se decían democráticos y hasta liberalistas, así como por la intelectualidad progresista. También era panteísta el III Reich a causa de su ideología socialista.

¿Y los regímenes democráticos de genética anglosajona y bajo la guía de poderosos grupos financieros sionistas? La inminencia de la segunda guerra mundial, asumida por todos y de la que nuestra guerra se convirtió en prolegómeno, exigía fortalecer la moral y el espíritu patriótico de sus pueblos. Resulta expresivo al respecto un repaso a la cinematografía norteamericana de aquel periodo. La maquinaria de la poderosa industria con sede en Hollywood se entregó por entero a esa tarea, la cual se mantuvo hasta luego de terminada la contienda y en los primeros años de la “guerra fría”. Pero no tardaron en cambiarse las tornas.

Una vez sometida Europa y trasladado al Pacífico el eje geoestratégico mundial, el liberalismo capitalista retornó con fuerza a sus orígenes relativistas y materialistas, lo mismo en orden a la destrucción de los valores morales cristianos que a la estrategia de expansión financiera del mundialismo. La ONU, recreación de la fenecida Sociedad de Naciones, y la Declaración Universal de Derechos Humanos se convirtieron en instrumento y coartada del Nuevo Orden Mundial. Y la democracia partitocrática en el falaz ungüento mágico capaz de curar los males de las naciones destinadas a entrar en la jaula del NOM.

No insistiré en el tema de la destrucción de los valores patrióticos, históricos, morales y culturales que dieron textura singular y soberana a las naciones con largo recorrido y cuya destrucción como Estados-Nación se persigue. Lo he tratado con insistencia. Pero sí creo oportuna una mínima y esquemática referencia a la utilización de los ciclos económicos para uncirlos al yugo mundialista.

LOS CICLOS ECONÓMICOS COMO INSTRUMENTO DE PODER DEL NOM

EL NOM se vale generalmente de gobiernos corruptos, con preferencia izquierdistas, para quebrantar la economía de las naciones y generar situaciones de crispación interna. Luego se provocan cambios en el poder a los que se ofrece ayuda financiera para que remonten sus sistemas dañados, sea a través del FMI, del Banco Mundial o de grandes grupos financieros. La consecuencia es un endeudamiento que la privatización de los bienes públicos no alcanza amortizar. La inestabilidad social provocada por la regresión se aprovecha para una nueva asunción del poder por una izquierda demagógica y dócil que, además de avanzar en la destrucción de los valores morales y en la descomposición del Estado, ahonda en su hundimiento económico y lleva su deuda externa a límites extremos y difícilmente asumibles. Pero al amparo de la nueva recesión cíclica mundial se ofrecen a esos gobiernos nuevos préstamos que acarrean imposiciones correctoras que acentúan la proletarización de sus clases medias y un mayor empobrecimiento de las que ya lo eran. La desembocadura de cada ciclo recesivo fue siempre la misma: unos pocos grupos financieros mundialistas, los que manejas los hilos invisibles del NOM, acrecen su poder y se apoderan de las economías aviesamente destruidas. Una y otra vez se repite con monotonía la historia bíblica de José y Egipto.

La disputa entre Obama y Merkel sobre las medidas a adoptar, reaparecida en la reunión del G-20, no es de forma sino de fondo. Obama, servidor de la conspiración mundialista, aboga por el incremento de las ayudas financieras. La presidente del gobierno alemán defiende severas medidas de contención y recorte del gasto público adventicio para reactivar la economía nacional y garantizar su capacidad productiva y competitiva, aún consciente de la campaña de impopularidad a que se ve sometida. Practica una política de Estado y no de partido que desagradda al NOM. Lo contrario que hace el gobierno Rodríguez en la aplicación peculiar de las restricciones que se le demandan desde Europa. Su modelo y guía es Obama. Pero de poco le valdrá. Estamos condenados.

EL CLUB DE BILDEBERG CONDENA A ESPAÑA

EL Club de Bilderberg debatió en su reciente sesión de Sitges el futuro de la Unión Europea y del euro. Según declaraciones de Daniel Estulin en la presentación de su libro “Conspiración Octopus”, los reunidos decidieron que “para salvarse los países más fuertes de la UE tienen que sacrificar a los más débiles. Por eso se habló de una Europa de dos niveles, expulsando de las Unión Europea a los Estados más débiles o mantenerlos fuera hasta que sus economías se recuperen”. Esos Estados son España, Grecia, Italia y Portugal. Respecto a la intervención de Rodríguez en la ceremonia inaugural dice Estulin que “sólo habló de generalidades. Dio un discurso muy parecido al que suele brindar en León o Andalucía ante simpatizantes de su partido. Decepcionó a los miembros de Bilderberg y le despacharon como al jefe de una tribu africana”. No cabe desconocer que en la reunión de Sitges estuvieron David Rockefeller, cabeza visible y portavoz del círculo interior de la Orden de los Iluminados, junto a otros caracterizados personajes del mundialismo financiero.

Me veo forzado a cerrar esta crónica cuando todavía no se ha jugado el encuentro de fútbol entre las selecciones de España y Portugal. Sea favorable o contrario el resultado, la orgía mediática instrumentada en su torno servirá para difuminar, siquiera sea transitoriamente, la polémica derivada del pastelero fallo del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña. Acaso no sea casual la fecha elegida para hacerlo público. La Fernández de la Vega se apresuró a proclamar que la sentencia es una derrota para el PP. A primera vista y sin conocer el texto íntegro de la sentencia, de exigido y riguroso análisis, puede afirmarse que es España la que pierde. El TC ha abierto en canal el cerdo federalista. El gobierno de Valencia se ha apresurado a exigir la reforma de su Estatuto en iguales condiciones que el catalán. Y le seguirán otras taifas. Ninguna , o casi ninguna, se resignará a ser menos. Lo del café para todos de tiempos de Suárez hizo escuela.

http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=5746

Fernando Savater, El nombre de las cosas

FERNANDO SAVATER
El nombre de las cosas
FERNANDO SAVATER 06/07/2010

Creo que fue Goethe quien dijo cínicamente que el lenguaje fue dado a los hombres para que ocultasen su pensamiento. En las actuales disputas sobre el Estatut y la sentencia del TC abundan las confirmaciones de su aserto. Por ejemplo, el término "nación". Más allá de los usos técnicos en teoría política, el común de los mortales (y sobre todo de los políticos, que son los más mortales de todos) entiende "nación" bien como una comunidad cultural y afectiva o bien como una entidad política que necesita realizarse en un Estado. Según la primera acepción, las naciones pueden convivir dentro de un mismo organismo estatal (y a veces dentro de una misma ciudad, como en Nueva York) pero según la segunda exigen hegemonía institucional inequívoca en su territorio. Lo malo de ese término aplicado a Cataluña es que unas veces se toma en el primer sentido y otras en el segundo, según conviene. Me temo que la sentencia del TC no despeja la duda confinando la nación en el preámbulo del Estatut, donde no será jurídicamente efectiva pero sí significativamente problemática.

Mienten los que manejan las palabras mayores: Cataluña frente a España. No hay tal gigantomaquia
Porque se lea la Constitución a lo ancho o a lo estrecho, España puede ser plurinacional pero no pluriestatal. Como dijo el Guerra (el torero, claro), hay cosas que son imposibles y además no pueden ser. La controvertida sentencia del TC no cierra el paso a lo primero, como dicen hipócritamente algunos, sino a lo segundo, que es lo que ellos precisamente desean. Desdichadamente, este veto necesario -mero instinto político de supervivencia- está formulado con desigual claridad: sin equívocos en el terreno de la justicia, por ejemplo, pero con contradicciones en lo referente a la lengua común, sobre todo en materia de educación. Habrá problemas, ya que no faltan partidos interesados en agudizar lo ambiguo hasta hacerlo insoportable y excluyente. Lo que sin duda no es cierto es que se imposibilite el autogobierno de los catalanes, que lo tienen garantizado como el resto y con el resto de los ciudadanos españoles. Lo vedado -y solo relativamente- es autogobernarse como si fuesen ciudadanos de otro Estado.

También otros usos nominales enmascaran la verdad... reveladoramente. Por ejemplo, decir que el TC es legal pero está "deslegitimado" por la composición politizada que bloquea su renovación. No me parece factible encontrar jueces sobrenaturalmente despolitizados para sentenciar sobre algo tan fundamentalmente político como la Constitución. Ahora bien, puestos a señalar cosas legales pero de legitimidad cuestionable... ¿qué diremos del referéndum del Estatuto, en el que tomó parte solo un tercio del electorado y que sin embargo se considera la voz del "pueblo" catalán? Otro juego de palabras es la afirmación visionaria de Zapatero suponiendo que este Estatuto (o cualquier otro, tanto da) culminará la "descentralización" de España. Como bien le ha recordado Artur Mas, persistirá la descentralización y hasta el descuartizamiento a plazos del Estado mientras los nacionalistas que gestionan y se benefician del proceso sigan siendo imprescindibles, gracias a nuestra ley electoral, para formar mayorías parlamentarias.

También mienten los que manejan las palabras mayores, los nombres sagrados: Cataluña frente a España. No hay tal gigantomaquia. Quienes andan a la greña son los catalanes nacionalistas, que se nutren de antiespañolismo militante y sacan combustible tanto de lo que obtienen como de lo que se les niega, y el resto de sus conciudadanos, que también tienen su corazoncito pero saben que están como nunca y que hay cosas más serias en que pensar. Ahora toca sobreactuar porque se acercan elecciones: de modo que se invierte la fábula, el lobo feroz ocupa la frágil choza y los tres cerditos rugen: "¡Soplaremos, soplaremos y la Constitución derribaremos!". Pero ya verán cómo al final los intereses racionales prevalecen y no es para tanto. Afortunadamente, desde que Berenguer de Entenza y sus almogávares ajustaron las cuentas a los verdugos de Roger de Flor, las "venganzas catalanas" suelen ser ya incruentas...

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