martes, marzo 02, 2010

Adolfo Rivero Caro, La rebelion del té

martes 2 de marzo de 2010
ESTADOS UNIDOS
La rebelión del té
Por Adolfo Rivero Caro
Algunos lectores se sienten intrigados por estas tea parties que están revolucionando el panorama político de Estados Unidos. ¿Qué tiene que ver el té con las luchas políticas? No es raro que les extrañe; por eso me parece conveniente hacer un poco de historia.

Los americanos de 1770 se quejaban de que la Corona británica les cobrara impuestos pero no les concediera representación en el Parlamento. El lema "¡No a los impuestos sin representación!" se hizo enormemente popular. En un esfuerzo de reconciliación, la Corona canceló todos los impuestos menos el del té; éste lo mantuvo, simplemente, para mantener el principio.

En noviembre de 1773, tres barcos cargados de té llegaron a la bahía de Boston. En medio de una gran irritación popular, Hutchinson, el gobernador inglés, dijo que la carga sería desembarcada, y el impuesto cobrado. El activista Samuel Adams organizó un grupo que asaltó los barcos y arrojó la mercancía al agua. Puesto que una de las acepciones de party es, simplemente, "reunión social", una tea party no es más que una reunión para tomar té. Samuel Adams y sus partidarios dijeron que su desafío a la Corona no era más que la forma de tomar el té en Boston. Este fue, prácticamente, el inicio de la guerra de la independencia americana.

Desde entonces, en Estados Unidos muchos desafíos espontáneos al gobierno son denominados tea parties, reuniones o, quizá mejor, rebeliones del té. Todos los países tienen expresiones similares. En Cuba, por ejemplo, cuando una situación es particularmente difícil se dice: "La caña está a tres trozos''. Por cierto, enm Cuba, ahora sin duda que la caña está a tres trozos.

Ahora bien, ¿qué significan actualmente estas rebeliones del té en la política de Estados Unidos? En realidad, no son más que un violento rechazo a la política del gobierno de Barack Obama. Un año atrás, mucha gente me criticaba ácidamente porque calificaba a Obama de socialista. Poco después, sin embargo, una portada de la revista Newsweek proclamaba: "Ahora todos somos socialistas''. Al parecer, no estaba tan despistado. La rebelión del té es un gran movimiento popular contra la avasallante intervención estatal, exacerbado por la política general y los extraordinarios gastos deficitarios del gobierno.

Aunque la rebelión del té sea furiosamente anti-Obama, se trata de un movimiento independiente, no republicano. No es por gusto. La última vez que los republicanos tuvieron el control del Congreso, gastaron tanto o más que los demócratas, en una evidente traición a sus supuestos principios conservadores.

Los grandes partidos americanos son dos grandes tiendas que albergan tendencias muy distintas unas de otras. Por consiguiente, la militancia ideológica, aunque real, tiende a ser mínima. Ambas formaciones operan bajo un sistema definido por la Constitución de EEUU. Obviamente, ese sistema es capitalista. Ahora bien, enprincipio, los republicanos son conservadores, partidarios del sistema e interesados en fortalecer la empresa privada, mientras que los demócratas son progresistas, críticos del sistema, interesados en reformarlo y fortalecer al Estado. Los republicanos defienden los principios morales que sustentaron la creación y desarrollo de esta nación, mientras que los demócratas se muestran mucho más críticos. Sea como fuere, ni todos los demócratas actúan como progresistas ni todos los republicanos se comportan como conservadores.

La rebelión del té es, sin duda, un movimiento profundamente conservador. Por eso, es un movimiento que simpatiza con republicanos como Marco Rubio o Mitt Romney pero es hostil a otros, como Charlie Crist o John McCain. Hace un año, prácticamente no existía; hoy, posiblemente sea la fuerza más poderosa de la política americana. Representa una profunda reacción, en la base, contra la orientación socialista del gobierno de Barack Obama. En su primera convención, celebrada el 4 de febrero en Nashville (Tennessee), la principal figura fue la carismática Sarah Palin. Se trata de un movimiento descentralizado, profundamente independiente y que mira con suspicacia a ciertos supuestos líderes. Sus miembros se ven como revolucionarios, muchos de ellos son hombres y mujeres sin antecedentes de activismo político y ansiosos por rescatar los valores tradicionales de la nación. Mucha gente, entre la que me cuento, lo contempla con profunda simpatía y lo considera una gran esperanza para la política norteamericana.


© AIPE

ADOLFO RIVERO CARO, analista político y editor de En Defensa del Neoliberalismo.


http://exteriores.libertaddigital.com/la-rebelion-del-te-1276237529.html

Jose Maria Carrascal, El rapto de Europa

El rapto de Europa

JOSÉ MARÍA CARRASCAL

Martes , 02-03-10
Obsesionados como estamos por el paro y la política, no se concede la debida importancia a un hecho tan significativo como que la inmigración aparece en todas las encuestas europeas como el tercer gran problema tras los económicos. Esto es, como una de las principales amenazas para el ciudadano corriente, mientras las elites apenas le prestan atención. al vivir en la burbuja del poder y de la fama, mientras el ciudadano corriente convive con los inmigrantes en la calle, en su edificio, en el ambulatorio, en la escuela de sus hijos. Y siente miedo. Cada vez son más y más distintos. La inmigración es el cadáver en el armario europeo. Un cadáver que empieza a abrir la puerta.
En algunos países se han tomado medidas frente a ella: la prohibición de los minaretes en Suiza, el rechazo del burka en Francia, los exámenes de «ciudadanía» en Alemania, Italia y Reino Unido. Pero se trata de medidas tangenciales, que no abordan el problema en su conjunto, causa de la aparición de partidos radicales en la mayoría de los países. Se los quiere minimizar calificándoseles de «extrema derecha». Que no se trata de pequeños grupos lo demuestra que han llegado al poder en Austria y empiezan a resultar decisivos para formar gobierno en Italia. Puede que pronto lo sean en otros países.
¿A qué se debe? En primer lugar, a la imprevisión de los gobiernos europeos, que para la reconstrucción de sus países tras la Segunda Guerra Mundial, promovieron la llegada masiva de trabajadores extranjeros. Con italianos, españoles, griegos, portugueses no hubo problema -«Ustedes son cristianos, beben vino, tienen sólo una esposa,» me decía medio en broma un directivo de Volkswagen-, por integrarse fácilmente o regresar a sus países al cabo de algún tiempo. Pero como la curva demográfica de los países huéspedes seguía sin ofrecer suficiente mano de obra, sus gobiernos empezaron a buscarla en países extraeuropeos, Turquía, el Norte de África, con religión y costumbres muy distintas al de acogida. Es más, enemigos durante buena parte de la historia. Los turcos estuvieron a punto de tomar Viena. Hoy, están tomando Berlín pacíficamente, París tiene un cinturón musulmán, Zurich varios barrios, y otro tanto ocurre a las principales ciudades europeas.
La culpa, como digo, está en la imprevisión de unos políticos que creyeron que un buen contrato y unas buenas condiciones laborales, eran suficientes para esos trabajadores, desinteresándose de sus costumbres, cultura, valores. En parte, por comodidad, en parte, por arrogancia, al pensar que la superioridad de la civilización occidental se impondría a la de los procedentes de otras. Tremendo error. El Islam no es sólo una religión. Es también un Código Civil, un Código Penal y un código de vida. Que no debe ser tan malo lo demuestran las escasísimas conversiones del islamismo al cristianismo. ¿Por qué? Pues porque el islamismo es una religión muy simple, muy cómoda. Te indica qué tienes que comer, vestir, practicar para mantener tu salud física y psíquica, mientras las demás religiones dejan que el creyente se las arregle como pueda, para concentrarse en asuntos espirituales. De ahí el éxito del islamismo en las sociedades más elementales, donde no existe siquiera Estado, al que viene a sustituir.
Aunque el principal atractivo del Islam es que ofrece a los varones más ventajas que ninguna otra ley divina o humana. Los musulmanes gozan de un poder casi omnímodo sobre sus mujeres e hijos. Poder al que tendrían que renunciar en caso de convertirse no ya en cristianos, sino simplemente en occidentales. De ahí su resistencia a integrarse. Sus mujeres, no. Sus mujeres saldrían ganando. Pero sus mujeres tienen muy poco que decir, metidas en sus habitaciones. Y Occidente, con su «respeto a la pluralidad de las culturas», apenas ha hecho nada para sacarlas. Algunas lo han hecho por su cuenta y riesgo -costándoles muy caro-, pero la mayoría siguen allí, educando a sus hijos en la norma que las aprisiona con la excusa de defenderlas. Es más, Occidente ha permitido que los imanes, los más interesados en que se perpetúe un modo de vida que les da poderes no sólo religiosos sino también civiles, continúen su labor, que a veces viola las leyes locales, como ocurrió con aquel imán de la Costa del Sol, que enseñaba a los maridos dónde pegar a sus esposas sin dejar huella. Continuarán haciéndolo por puro interés personal. El Islam sabe que es incompatible con Occidente. En el momento que acepte sus valores, se desmorona. Toma de él sólo lo que le interesa -como los iraníes, la tecnología nuclear-, pero rechaza totalmente el resto. Es como la población musulmana que en Europa crece sin europeizarse, mientras la población europea disminuye.
¿Tiene solución? ¿O es ya demasiado tarde? Nunca es demasiado tarde para evitar lo peor. Pero para ello es necesario que adoptemos una estrategia completamente distinta a la seguida hasta ahora. De entrada, aceptar que el Islam nos considera enemigos. Y que a los enemigos no hay que darles facilidades. Quien quiera vivir en Occidente tiene que aceptar sus normas. Quien no se sienta cómodo con ellas, ya sabe, con volver a su país, lo soluciona. Aquí no se retiene a nadie. El segundo frente de batalla es la escuela. Las aulas tienen que ser no sólo lugares de estudio, sino también centros para el aprendizaje de valores. A las niñas musulmanas tiene que inculcárseles su valor como personas, no como mero apéndice de un hombre. O de varios, pues crecen como inferiores a su padre, marido y hermanos. Por último, tolerancia cero para quienes predican el odio a Occidente o sus principios. La religión no es una excusa para violar las normas de convivencia. Y no hablemos de las prácticas claramente delictivas, como la ablación, o de los mensajes subliminales de la «guerra santa» o el terrorismo.
Pero hay también que aceptar un hecho: no hay vuelta atrás. Un amplio contingente de musulmanes se quedará en Europa, por muchos extremistas que se expulsen. La mayor parte de ellos, como ciudadanos respetuosos con la ley, aunque sigan con sus costumbres. Lo que significa que debemos reducir al mínimo nuestros prejuicios, pero mantener al máximo las alertas. Haciendo lo posible para transformar el extremismo de su fe en una versión más liberal de misma. Muy posiblemente no se consiga en las primeras generaciones, pero es posible, aunque no seguro, que en las siguientes surja una Reforma, un Lutero. ¿Lo será Hassem Chalghoumi, el imán parisino que aboga por la prohibición del burka, por considerarlo «una cárcel para las mujeres y un instrumento de dominación sexista?» Ojalá, pero me temo que, hasta ello, se necesiten muchos Chalghoumi, por cierto, amenazado de muerte.
Lo que no pueden esperarse son soluciones rápidas y completas. Europa debe prepararse para una etapa de tensiones religioso-culturales, salpicadas con brotes de violencia, como los ocurridos en París durante el verano, e incluso de atentados contra personas e instituciones, como los que costaron la vida al holandés Pim Fortuny o las amenazas contra el diario danés Jyllands-Posten por sus chistes sobre Mahoma. Esto significa que la vida en el Viejo Continente se hará bastante menos agradable y que su sueño de convertirse en un lugar de encuentro de religiones y culturas se desvanece.
Pero es también el único camino para que en un futuro más o menos lejano, no pase a llamarse Euroarabia.

http://www.abc.es/20100302/opinion-tercera/rapto-europa-20100302.html

lunes, marzo 01, 2010

La brigada etarra del chavismo

La brigada etarra del chavismo

Martes , 02-03-10

EL juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco ha puesto negro sobre blanco los principales vínculos del régimen de Hugo Chávez con la trama terrorista formada por las FARC y ETA. En un detallado auto hecho público ayer, el juez Velasco describe el largo historial de colaboración entra ambas organizaciones terroristas, acreditado con documentos oficiales, testimonio de terroristas arrepentidos y, sobre todo, archivos informáticos hallados en el ordenador del dirigente de las FARC Raúl Reyes, muerto en la operación antiterrorista lanzada por las fuerzas colombianas contra su campamento en la frontera con Ecuador, en marzo de 2008. Estos datos permiten al juez Velasco dar por acreditada «la cooperación gubernamental venezolana en la ilícita colaboración entre las FARC y ETA». Son numerosas las referencias a los campamentos de las FARC en suelo venezolano, donde entrenaron terroristas de ETA, así como la colaboración de militares y miembros del servicio de inteligencia militar de Venezuela en un traslado de terroristas de ambas organizaciones por el país centroamericano. En particular, el auto destaca el amparo y la promoción que dio el Gobierno de Hugo Chávez al etarra Arturo Cubillas Fontán, quien simultaneó un alto cargo en el Ministerio de Agricultura con su condición de responsable de ETA en la región. Fruto de esa colaboración ETA-FARC habría sido la conspiración para asesinar en España a diversas personalidades colombianas.
El procesamiento de Cubillas, entre otros, y la petición al Gobierno español para que inste su extradición desde Venezuela, ponen al Ejecutivo en la obligación de adoptar una posición de firmeza frente al Hugo Chávez cómplice de ETA, olvidando los tiempos de compadreo con el Hugo Chávez bolivariano y progresista, icono de esa irremediable izquierda europea. Esta es la única opción que le queda al Gobierno para ser coherente con su encomiable política contra ETA y con el respeto a las decisiones jurisdiccionales. Pero, además, la respuesta no debe quedar sólo en la genérica petición de explicaciones que ayer ordenó Zapatero a Moratinos: debe alcanzar a una revisión profunda de las relaciones diplomáticas con el Gobierno de Chávez, porque no es posible tener discursos contradictorios sobre la lucha contra el terrorismo y el compromiso internacional -sea de España o de terceros países- para acabar con las organizaciones terroristas, sean ETA, las FARC o los talibanes afganos. Si Chávez se quita la careta y se muestra como padrino de alianzas terroristas, el Gobierno español no puede permanecer indiferente.

http://www.abc.es/20100302/opinion-editorial/brigada-etarra-chavismo-20100302.html

GEES, ¿Asesinatod o ejecuciones selectivas?

martes 2 de marzo de 2010
Israel
¿Asesinatos o ejecuciones selectivas?
GEES
Un terrorista palestino cuyo objetivo vital es acabar con el Estado de Israel y está directamente comprometido con esa causa, no es un civil inocente. Se acerca peligrosamente a la figura de combatiente.

Con la muerte del dirigente terrorista palestino Mahmud Al Mabhub en su habitación del hotel de Dubai donde paraba, y dando por sentado que sus ejecutores fueron agentes del Mossad, han vuelto a arreciar las críticas contra la política israelí de ejecuciones discriminadas. El jefe de la policía dubaití ha llegado a decir que espera poder perseguir al mismísimo primer ministro Benjamin Netanyahu como responsable último de lo que considera un crimen.

Pero hay algo que hay que dejar bien claro: aunque la prensa suele definir las acciones de Israel en este terreno como "asesinatos discriminados", en realidad no se trata de asesinatos, sino de ejecuciones. Es más, ejecuciones amparadas tanto por la legalidad israelí, como por la ley internacional, a pesar de las diferencias de opinión sobre este último punto, más motivadas por las consideraciones políticas que por las legales.

Las ejecuciones de terroristas reconocidos por parte de Israel se deciden no extrajudicialmente, sino a través de una cadena de mando claramente establecida, por lo que cumple con el principio de la autoridad responsable; en segundo lugar, cumplen tres requisitos establecidos por el asesor jurídico de las fuerzas armadas, a saber: que la Autoridad Palestina no haya hecho nada para capturar al terrorista; que Israel sea incapaz de detenerle; y que la ejecución se realice para impedir un ataque futuro, no motivada por la venganza o la represalia; tercero, la ejecución debe utilizar una fuerza no desproporcionada que afecte a civiles e inocentes; y cuarto, que la identidad del objetivo debe ser cuidadosamente contrastada a fin de impedir errores. Por cumplir todos estos requisitos las operaciones de los agentes secretos israelíes, su Corte Suprema ha dictado en sucesivas ocasiones sobre la legalidad de esta política que se lleva a cabo caso por caso y no de manera indiscriminada.

Desde el punto de vista de la legalidad internacional, es verdad que el asesinato ordenado por gobiernos es una violación de las normas al uso. Pero la cuestión a recordar aquí es que no estamos hablando de asesinatos de personajes políticos (lo que se tenía en mente en la convención de 1937), ni tan siquiera de civiles. Desde septiembre de 2001 sabemos muy bien que entre las categorías de combatientes y la de civiles ha surgido una nueva, la de "combatientes alegales", esto es, aquellos enemigos que no se comportan ni visten como soldados y que, además, no sólo no respetan las leyes de la guerra sino que la eficacia de su actuación se basa en no respetarlas.

Hasta septiembre de 2001 la distinción entre las dos categorías del derecho internacional, guerra y paz, estaban más o menos claras. Hoy sabemos que hay una zona gris, ni guerra tradicional, ni paz al uso, en donde se mueve con soltura el conflicto moderno. Y si no, que se lo digan al responsable del mayor número de ejecuciones discriminadas conocido: el presidente americano Barack Hussein Obama quien, gracias a sus Predator y similares, elimina tranquilamente a miembros de Al Qaeda en Yemen o talibanes y terroristas en Pakistán. O donde haga falta.

Un terrorista no es un civil cualquiera. Un terrorista palestino cuyo objetivo vital es acabar con el Estado de Israel y está directamente comprometido con esa causa, no es un civil inocente. Se acerca peligrosamente a la figura de combatiente y, por tanto, susceptible de ser eliminado con todas las de la ley. Es posible, si finalmente se descubre que han sido los israelíes, que eso haya sido lo que haya pasado. ¿Debe ser juzgada un primer ministro por ejercer su responsabilidad de proteger a sus ciudadanos? Sería una completa locura.

No nos extrañaría que el antisemitismo patente de muchos en España motive a algún juez a iniciar una causa contra Netanyahu. No sería la primera vez que nuestros jueces estrellas de izquierda se arrancan contra oficiales israelíes. Pero muchos nos tememos que jamás emprenderán acciones contra Walid el guantanamero, al que la jurisdicción universal que abanderan muchos de nuestros magistrados les permitiría juzgarle y condenarle por asociación a banda armada y grupo terrorista. Pero ya se sabe, por complacer a Obama, el Gobierno nos fuerza a poner a un terrorista en la mesa.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

http://libertaddigital.com/opinion/gees/asesinatos-o-ejecuciones-selectivas-53558/

David Jimenez Torres, Los lados de la Historia

martes 2 de marzo de 2010
Nacionalismos
Los lados de la Historia
David Jiménez Torres
Cuando las generaciones venideras alaben a los millares de ciudadanos anónimos que contribuyeron a la derrota de la ETA, no lo harán porque ayudaron a cumplir con el desarrollo de la Historia, sino porque hicieron lo correcto.

A los americanos les gusta emplear una expresión algo abstrusa pero llena de interés: "el lado equivocado de la Historia". Fue moneda de cambio retórico entre articulistas, comentaristas y tertulianos durante los últimos años de Bush júnior, cuando la frase del día era "Bush nos ha llevado al lado equivocado de la Historia"; lo cual daría a entender que el "lado correcto" queda a siniestra. Pero la expresión da tanto para un roto como para un descosido. Hasta Barack Obama la utilizó en su discurso de investidura, cuando dijo eso de: "los que os aferráis al poder a través de la corrupción, la mentira y el silenciamiento de los que se os oponen, debéis saber que os encontráis en el lado equivocado de la Historia".

En España no somos ni tan grandilocuentes ni tan providencialistas, pero parecemos igual de vulnerables al salto más o menos mortal que implica la expresión de marras: que lo inevitable y lo correcto van de la mano, que la Historia progresa ineluctablemente hacia un fin positivo. Es una idea de largo recorrido filosófico (y autoritario, dicho sea de paso), y que cuenta entre sus muchas cristalizaciones esa concepción del mundo implícita o articulada de gran parte de la izquierda, que traza una línea divisoria entre "progresistas" y "reaccionarios". Escuchando a algunos, uno pensaría que esta división no se aplica a una serie de temas concretos sino al avance en sí de la Tierra: el globo terráqueo gira cuando gobiernan las izquierdas, y se queda detenido, triste en su cósmica inactividad, cuando lo hacen las derechas. Los "progresistas" están en el lado correcto de la Historia, ayudan a realizarla, y los "reaccionarios" están en el lado equivocado, la bloquean.

Ni que decir tiene que esto es una tontería: la Historia no es una categoría ética, no tiene lados "correctos" ni "equivocados", no es un proceso autorregulado que siempre progrese hacia un fin; la inevitabilidad de sus sucesos no supone la realización de lo correcto. Y esto lo estamos viendo en dos de los procesos históricos más importantes que vivimos ahora mismo en España: la derrota del terrorismo etarra y el triunfo del nacionalismo catalán. Uno de ellos sería correcto, pero nunca inevitable; el otro habría sido, posiblemente, llegados a este punto, inevitable, pero nunca correcto.

Estos dos procesos deberían hacernos reflexionar sobre nuestra propia actitud con respecto al mundo que nos rodea, a la Historia que nos está sucediendo: porque, más allá del plano ideológico, es una tentación humana universal pensar que posicionarse al lado de lo inevitable es, por definición, lo correcto; que apoyando, o al menos no estorbando, los procesos que creemos que ya no tienen marcha atrás, la Historia (en la forma, digamos, de unos nebulosos nietos de ojos brillantes) nos reconocerá como uno de los "buenos". Y no es así. Cuando las generaciones venideras alaben a los millares de ciudadanos anónimos que contribuyeron a la derrota de la ETA, no lo harán porque ayudaron a cumplir con el desarrollo de la Historia, sino porque hicieron lo correcto, incluso cuando parecía que el viento del futuro les venía tan de cara que amenazaba con doblegarlos. Y si, dentro de veinte o treinta años, los nacionalistas catalanes tienen su propio Estado, todo el peso de los hechos y de lo pasado no borrará que ellos fueron de esos que se aferran al poder a través de la corrupción, la mentira y el silenciamiento de los que se les oponían. Y que lo correcto fue denunciar todo eso, aunque la Historia acabara la noche yéndose a casa con ellos. Porque a veces la mayor virtud es oponerse a lo inevitable.

http://libertaddigital.com/opinion/david-jimenez-torres/los-lados-de-la-historia-53556/

Gloria Lago, Los heroes del cambio

martes 2 de marzo de 2010
Galicia
Los héroes del cambio
Gloria Lago
Es difícil aventurar si un engaño como el de Feijóo tendrá repercusiones negativas en las urnas, pero la incertidumbre de esa posibilidad pesará como una losa en su mandato.

Éste era el lema del acto de homenaje con el que el Partido Popular de Galicia planeaba celebrar el primer año de Gobierno de Feijóo hasta que la llegada de la tormenta Xynthia aconsejó su cancelación. Al leer el titular de los periódicos el día del anuncio de la celebración, probablemente muchos gallegos se preguntaron a quién iba dirigido el homenaje. Habrán pensado si tal vez se trataba de un público reconocimiento a la sociedad civil que votó contra pronóstico a un candidato que todas las encuestas daban como perdedor; un candidato que comenzó paulatinamente a despertar interés al introducir en su discurso un ingrediente nuevo, una promesa de libertad.

Muchos se habrán acordado de los ciudadanos que habían puesto sobre la mesa el problema de esa libertad robada de la que hasta entonces ningún político se había atrevido a hablar: los padres y abuelos que en número creciente dedicaron el poco tiempo libre que tenían a recorrer las ciudades de Galicia pidiendo firmas para un manifiesto en el que reclamaban una política lingüística europea y respetuosa con los principios básicos de una democracia: bilingüismo en la administración, libre elección de lengua en la enseñanza y cese del adoctrinamiento nacionalista en los colegios.

Lo hicieron a pesar de las difamaciones de los interesados en la llamada normalización y de los insultos, las amenazas y las agresiones de los fanáticos de la misma. Consiguieron reunir a más de 100.000 firmas y con cada una, con cada folleto entregado en la calle, con cada intervención en las emisoras y en los periódicos, iban generando un debate y unas adhesiones con las que esperaban animar a algún partido a incluir sus propuestas en su programa. Les daban igual las siglas del partido; esa falta de libertad era lo primero.

Pocas semanas antes de las elecciones se manifestaron en Santiago. El candidato Feijóo habría estado allí si hubieran accedido a modificar la fecha, al menos eso fue lo que les dijo cuando les pidió que la cambiaran, porque para ese 8 de febrero tenía en su agenda un viaje a Hispanoamérica. Mientras los ciudadanos se concentraban en la Alameda de Santiago para iniciar la marcha hacia la Quintana, un lugar hasta entonces feudo de sus detractores, el candidato Feijóo estaba en Buenos Aires donde el aire era más limpio. En Santiago el olor a neumáticos ardiendo en la entrada a la ciudad anunciaba una marcha amenazada. Los ciudadanos vencieron el miedo de las cartas y los carteles disuasorios de los días previos y suplieron con imaginación y esfuerzo la falta de medios para organizar la manifestación.

Jóvenes madres que habían cambiado durante dos años el bocadillo de york y queso en el parque con sus hijos al salir del trabajo por el activismo bajo una lluvia de insultos y de coacciones: se enfrentaban aquel día en Santiago a una lluvia más peligrosa. De las calles adyacentes surgían grupos de fanáticos que insultaban a los manifestantes y les arrojaban botellas rotas y piedras. La policía los llamaba preocupada porque ni había previsto una manifestación tan numerosa, ni que los fanáticos fueran tantos y tan bien organizados. Les advirtieron de que los agresores se estaban metiendo dentro de la marcha. Los ciudadanos reconocieron las caras de algunos de ellos a su espalda, respirando en su nuca, y adivinaron en las miradas de los que iban cortándoles el paso a todos aquellos que durante dos años les habían saboteado su autobús, aquellos que les habían enviado correos con amenazas de muerte, aquellos que habían entrado en un garaje por la noche para atentar contra un vehículo, o aquellos que habían elaborado el vídeo repartido en colegios e institutos con el que se animaba a los más jóvenes a emplear la violencia contra ellos, mostrándoles incluso cómo se fabrica un explosivo.

Después de los heridos y los detenidos y de la recompensa de ver a la gente llenar la Quintana coreando la palabra libertad, vieron cómo todas las cadenas de televisión mostraban a los demás ciudadanos lo que se escondía en las alcantarillas de Galicia: algo que ponía ante la opinión pública una realidad que la mayoría desconocía y que a muchos ahora ya sensibilizados con el problema de la imposición lingüística les animó a propiciar un cambio de rumbo.

Pero bajo el titular del anuncio del homenaje a los héroes del cambio, se aclara que no está dirigido ni a los votantes anónimos ni a los ciudadanos que han luchado por la libertad, se dice escuetamente: "Tendrá a Núñez Feijóo como protagonista aunque también estará Rajoy, si bien se homenajeará también hasta al último de los militantes del PPdeG que hicieron posible esta hazaña".

Los ciudadanos lo habrían celebrado igual aunque no hubieran sido invitados. Les bastaba con la satisfacción de haber conseguido la resolución de un problema importante y el convencimiento de que la sociedad civil puede cambiar las cosas, pero no tienen nada que celebrar porque nada ha cambiado, porque Feijóo, a pesar de la mayoría absoluta cosechada y el reconocimiento por parte de sus adversarios políticos –quienes tras la derrota admitieron su falta de sensibilidad ante el problema lingüístico–, ha ido paulatinamente a lo largo de este año despojándose del aura que le había hecho depositario de las ilusiones de mucha gente.

El nombramiento de uno de los más duros impositores para diseñar su política lingüística fue el primer signo del engaño. Después vendrían el mantenimiento del monolingüismo en la administración, la infame guía discriminatoria de planificación lingüística para los alumnos, la persistencia del adoctrinamiento en los centros de enseñanza –donde los fanáticos más radicales dan sus charlas y siguen empapelando con sus emblemas los tablones de anuncios–, la promoción y financiación desde la Xunta de obras de teatro que incitan al odio por razón de lengua, y al fin el nuevo decreto que convertirá la prometida elección de los padres en la limosna de una asignatura troncal en su idioma.

La archirrepetida promesa de permitir que los niños puedan utilizar los libros en su idioma no será una realidad y no habrá nada tangible que evidencie un cambio, tan sólo el permiso para hablar en su idioma en el aula, una directriz cuyo incumplimiento será muy difícilmente demostrable ante una Consellería de Educación que no ha tenido la valentía de abrir un solo expediente a quienes en las aulas han presionado a los alumnos con motivo de la realización de la encuesta a los padres y en la reciente huelga en la enseñanza.

Para negociar el borrador del decreto, Feijóo invitó a los llamados "agentes sociales" a pesar de saber que durante años ese sector se fue configurando casi en su totalidad con los más acérrimos defensores de la imposición. No se sabe si lo hizo para tener unos altavoces que ante la opinión pública justificaran una nueva imposición. Pero en cualquier caso, con ese desfile de impositores que con los argumentos más inverosímiles se afanan en negarles a los padres gallegos los derechos de que disfrutan los padres europeos que viven en comunidades con más de una lengua, Feijóo ha puesto ante los ojos de los ciudadanos la trastienda de la cultura y de la representatividad de docentes y APAS; y al verlos en manos del sector nacionalista, sin pretenderlo, ha logrado que muchas más personas comprendan la importancia de que se lleve a cabo una verdadera regeneración valiente y sin complejos.

Por eso está creciendo el movimiento a favor de la libertad, por eso se están sumando a él cada vez más personas que ahora pueden constatar la independencia de este movimiento y también muchos otros que se sienten indignados porque ahora les llama radicales, sin importarle que así los pone de nuevo en el punto de mira de sus agresores. A los ciudadanos les habría gustado no crecer sino volver a su vida cotidiana, pero seguirán trabajando por aquello en lo que creen y buscarán nuevas vías para lograrlo.

Entre el narcisismo del anuncio de homenaje se cuelan unas palabras tal vez dictadas por el subconsciente de sus promotores: "Queremos conmemorar una noche electoral en la que todos nos daban por perdedores y ganamos".

Los vuelcos electorales no se producen por los irreales programas económicos ni por las promesas de honestidad que tarde o temprano quedan en evidencia en la mayoría los partidos, sino por factores excepcionales. Es difícil aventurar si un engaño como el de Feijóo tendrá repercusiones negativas en las urnas, pero la incertidumbre de esa posibilidad pesará como una losa en su mandato; los ciudadanos en cambio no tienen nada que perder si continúan su lucha, pues ni cargos ni prebendas estaban en juego. La libertad tardará más en llegar pero llegará y tendrán algo que nadie les podrá quitar: dignidad.

Gloria Lago es presidenta de la asociación Galicia Bilingüe.

http://libertaddigital.com/opinion/gloria-lago/los-heroes-del-cambio-53549/

Gabriel Albiac, Un asesinato muy comun

Un asesinato muy común

GABRIEL ALBIAC

Lunes , 01-03-10
«EN Cuba no hay más que presos comunes», reza el dogma oficial. No miente. En Cuba no hay más que presos. Comunes. Matiz de puntuación. Cuba es el común presidio de los hermanos Castro. Gracias al cual, entre otras cosas, un puñado de empresarios turísticos españoles se embolsa una bonita pasta, sangrando mano de obra presidiaria, en hoteles robados a sus propietarios. Si alguien quiere explicarse la solidaria tolerancia española hacia esa rancia dictadura, no tiene más que hacer la lista de sus nombres, influencias y beneficios. No son tolerantes. Son cómplices. También, en el asesinato de Orlando Zapata. Aunque en sus caros trajes no salpique la sangre que mancha a los carniceros. Para la casquería, ya están los Castro. Además, les gusta.
Cuba podría ser un paraíso. Es un presidio. Ahogado en la miseria por un caudillo loco que ha tejido alrededor suyo algo que, más que un partido político -ni siquiera staliniano o nazi, que es lo que más le ajusta-, es un secta. Salvífica y supersticiosa. Que cíclicamente exige sacrificios humanos, porque sólo en la exhibida potestad de decidir quién vive y quién muere, forja el providencial brujo su mágica función de Dios en tierra. ¿Qué Dios sería Fidel Castro, si no matase? Nada me escandaliza en el puro pleonasmo de que un asesino asesine: es algo tan de suyo coherente como lo puedan ser las tormentas de agosto. Un déspota mata o muere. Es todo. Que yo lo prefiera muerto, nada cambia. Seguirá matando, mientras le quede aliento. Y mientras seguir matando le salga tan barato. Gratis, casi.
Y eso es lo horripilante, lo moralmente horripilante. No ha habido un tirano en el siglo veinte que haya gozado de una simpatía ni de lejos tan universal como la simpatía con la que Fidel Castro ha sido respaldado en cada uno de sus crímenes por España en su conjunto. Digo España, con un nudo de vergüenza en la garganta. Pero debo decirlo. Me niego a mentir. En esta vileza, no es la ciudadanía menos responsable que los dirigentes políticos; ni el pobre currante asfixiado por su hipoteca lo es menos que el multimillonario poseedor de agencias turísticas. Castro ha sido la monstruosa figura totémica en torno a la cual han ido tejiendo sus delirios todas las frustraciones españolas del siglo que siguió a 1898. Los de mi edad saben hasta qué punto era alucinatoria la fascinación del régimen franquista por aquel Fidel Castro que se decía comunista pero que recuperaba como consigna propia la del más puro fascismo español de entreguerras: «Patria o Muerte», una de las escasas publicaciones inequívocamente hitlerianas de aquellos años. En el fondo, hasta el menos letrado sabía que el iluminado sumo sacerdote laico que oficiaba en La Habana nada tenía que ver con el sobrio materialismo que viene de Marx -para eso hace falta saber leer-; la verdad, ni siquiera era un fascista en el sentido europeo del término. Era un sacrificador: un agente ejecutor de lo sagrado. Anacrónico y repugnante. Pero hay gente -y Freud nos dio los elementos para entender eso- a la que nada gusta más que lo repugnante. Aquí, fueron legión. Siguieron siéndolo, después de la dictadura. A Cuba viajó González, en busca de legitimidad abrazado al asesino y a un par de recias mulatas. Hasta cuando a un mindundi socialista le negaron la entrada, hace no demasiado, se excusó humildemente invocando el malentendido: ¿pero por qué me hacen esto a mí?, si yo no tengo la menor intención de hablar con disidentes...
Son legión. Hoy. Legión que incluye a un presidente que no se atreve siquiera a llamar dictador asesino a un dictador asesino. ¿A esto llaman un hombre?

http://www.abc.es/20100301/opinion-firmas/asesinato-comun-20100301.html

Pedro de Tena, El parol el amor y la muerte

luñes 1 de marzo de 2010
Andalucía
El paro, el amor y la muerte
Pedro de Tena
Señores oligarcas del PSOE, han tenido 30 años para hacer lo que debían y no lo han hecho. Váyanse con su régimen a otra parte.

Desde hace años hay pocas cosas que me sobrecojan. Pero un gaditano ha dicho algo recogido por The New York Times en un reportaje sobre la simbiosis entre paro y fiesta en los carnavales de Cádiz, que ha vuelto a conseguir que me recorra un escalofrío. "It’s just a fact of life, like love or death". "Es (el paro) un hecho de la vida, como el amor o la muerte". Es decir, el paro no es remediable, no es una etapa pasajera, no es una circunstancia. El paro es una esencia, un destino, una condición del ser andaluz. El paro es sencillamente un hecho, como el amor o la muerte. Aún tiemblo ante la pavorosa maldad política que es capaz de conseguir que un ciudadano llegue a decir esto y/o a sentirlo.

Sí, sí. Es absoluta perversión política la que hace confundir una mala gestión con un destino, una incapacidad de gobierno con una condición, la ineficiencia de un régimen con la esencia de un pueblo. Mediante una propaganda eficazmente dirigida al hondón de la conciencia, puede conseguirse tal monstruosidad. Repitiendo durante años que vivimos en la mejor de las Andalucías posibles, la primera, la imparable, la única, puede lograrse que los ciudadanos, al examinar su precaria situación con un paro cercano al 30 por ciento y en la cola de todas las clasificaciones desde la educación al PIB, desde los salarios a las nuevas tecnologías, concluyan que el mal está en ellos mismos, en su ser, en su vida, y no en el Gobierno que los maltrata de hecho hace 30 años.

Arturo Pérez Reverte, un enamorado del sur al que pertenece, ha dicho hace muy poco que Cádiz fue el escenario de un drama: el que, gracias a su proyecto liberal, debió llevarnos en volandas hasta la riqueza, la prosperidad, la libertad y el derecho a principios del siglo XIX y que, a causa de unos y de otros, de todos, nos detuvo en el absolutismo general, el político, el social y el mental. Y muestra su pena: "Me entristecía tanto pensar... lo que Cádiz era, lo que España tenía que haber sido y que no fue por nuestra estupidez de siempre...". Y en otro momento, añade: "Mira cómo nos estamos cargando la democracia. En cuanto se empieza a perfilar una España distinta, esa España que empieza a ser posible, la destruyen los mismos españoles...". Pero ni Pérez Reverte hubiera escrito algo como lo que expresó nuestro gaditano

Esa España, la nuestra y esa Andalucía, la nuestra, que comenzaron a esperar tras muchos años, no cuarenta de dictadura, no tres de república, no, sino desde mucho antes, desde el Cádiz de los bombardeos de 1812, tuvo un reimpulso en 1978 con la Constitución, imperfecta pero la primera constitución que no hicieron unos españoles contra otros. Consecuencia de ella, el Estatuto de Andalucía, el primero, fue un canto a la libertad y a las necesidades de riqueza y bienestar de un pueblo machacado como los ajos del gazpacho por una historia de clasismo e indiferencia de una aristocracia insoportable ante el sufrimiento de la gente.

Podría haber sido el enganche con aquella otra Andalucía, apenas esbozada en la segunda mitad del siglo XIX, rica, próspera, emprendedora y abierta. Los andaluces ni lo saben ni se lo enseñan, pero Andalucía fue la primera potencia agrícola y ganadera de la España de los siglos XVIII y XIX y fueron andaluces los que más pronto y con mayor decisión pretendieron incorporarse a la revolución industrial que triunfaba en la Europa del Norte. Hacia 1856, Andalucía era la segunda región industrial de España, superada ligeramente por Cataluña, con fuerte presencia en metalurgia, química, alimentación, cerámica, vidrio, cal y textil. Sevilla y Málaga controlaban casi toda la industria. Los curtidos y los barcos fueron para Cádiz y el papel y las artes gráficas estaban radicados en Granada.

En una fecha tan temprana como 1831 había ya un alto horno en Marbella y Andalucía, gracias sobre todo a los comerciantes de Cádiz, era hacia 1857 la primera potencia bancaria de España, por encima incluso de Cataluña. Muchas de las primeras líneas de ferrocarriles andaluces fueron construidas privadamente por empresarios andaluces como los Larios, los Heredia o los Loring y hubo empresarios dinámicos en casi todas nuestras provincias. Sin embargo, a finales del siglo XIX, todo este esfuerzo se vino abajo y hasta hoy. En ese desmoronamiento tuvo que ver, cómo no, la preferencia del Estado proteccionista por otras regiones de España, preferencia que llegó hasta la muerte de Franco y, digámoslo con claridad, la deserción de sus clases poderosas del destino de la gran región del sur de España y el sometimiento, casi lascivo, de los andaluces a la condición casi de siervos de la gleba.

Pero llegó el Estatuto y en los andaluces prendió la esperanza. Ya había llegado la hora gozosa de la libertad, unida siempre en Andalucía a la igualdad de oportunidades y la elevación de su paupérrimo nivel de vida. Durante el franquismo, el País Vasco y Cataluña disfrutaron de espléndidas autopistas mientras los andaluces sufrían calvarios para viajar desde Sevilla a Granada. A Almería, casi no se podía llegar, sencillamente.

El PSOE se apropió, indebidamente, de aquel sentimiento andalucista siempre constitucional y para nada independentista, y logró hacerse con el Gobierno autonómico y con el poder real desde 1982. Parecía ser el dueño del horizonte, el señor del futuro, el profeta de la tierra prometida. Casi treinta años después, un gaditano dice que el paro es como el amor y la muerte, un hecho más de la vida. Andalucía sigue en el furgón de cola de la nueva España democrática y un despotismo insoportable ligado a una tela de araña que va desde la economía a los medios de comunicación, de las ONGs a las adjudicaciones y contrataciones pasando por la educación, asola a la que debería ser, por condiciones naturales, unas de las regiones punteras de España y Europa. El PSOE ha fracasado. Se ha hecho con Andalucía pero no ha hecho la nueva Andalucía, una Andalucía española, libre, próspera, competitiva y audaz.

30 años después de la aprobación de aquel Estatuto sabemos que es necesario un cambio de verdad, no un bandazo. Y sabemos que es necesario cuanto antes. El cambio que conduzca desde la dependencia administrativa a la libertad, del desdén nacional e internacional a la propia estimación, desde el hedonismo barato a la cultura del esfuerzo con sentido y horizontes, desde la resignación a la actividad, desde la indolencia a la competencia, desde la "incultura gozosa" (Pérez Reverte) al conocimiento esencial de hechos e ideas, desde el paro al trabajo, desde la óptica funcionarial a la óptica empresarial, desde el subsidio al salario justo o al beneficio ganado con y por ley, desde el retraso a la prosperidad material, desde el clientelismo a la igualdad de oportunidades, desde el capricho hasta el derecho, desde la Junta a la sociedad civil y desde la tradición, conservando su esencia, a la novedad, al arte y a la creación.

Señores oligarcas del PSOE, han tenido 30 años para hacer lo que debían y no lo han hecho. Váyanse con su régimen a otra parte.

El PP, única palanca posible del cambio, debe saber cuál es su misión histórica, si un volantazo ocasional o una transformación decisiva. Los andaluces debemos darle la oportunidad de demostrar de qué pasta están hechos porque nos va la vida en ello y los populares andaluces deben correspondernos con un comportamiento a la altura de las circunstancias.

En esa nueva Andalucía, nadie debe poder decir que el paro, como el amor y la muerte, es un hecho más de la vida.

Jamás.

http://libertaddigital.com/opinion/pedro-de-tena/el-paro-el-amor-y-la-muerte-53534/

Agapito Maestre, El cristal de la politica

lunes 1 de marzo de 2010
Crisis
El cristal de la política
Agapito Maestre
La oposición de Rajoy no ilusiona. Tampoco lo pretende. A él sólo le cabe, dicen sus exegetas, esperar. Saber esperar es lo único que le importa. Rajoy es un "hombre de espera". Escucha, piensa y toma nota. ¿A qué conduciría otra cosa?

La tienda de LD2010-02-28Imprimir Enviar Corregir Comentar La casta política tiene bloqueado el sistema democrático. La desafección ciudadana es el auténtico fenómeno democrático de España. Y, sin embargo, las elites intelectuales que podrían hacer algo por descongestionar el sistema, por ejemplo, llevar a cabo una crítica más seria y contundente de lo existente, prefieren esconderse en lo privado. El pueblo vuelve a ser otra vez superior a sus cobardes "elites". Éstas han optado por colaborar ideológicamente a ocultar lo obvio: es menester reformar la Constitución para salir de la crisis. Con 17 "Estados" es imposible superar la recesión. Es menester repetir esta idea para saber que detrás de la crisis económica y financiera, hay una crisis más grave: la crisis nacional. De España.

Pero el personal "ilustrado", el demócrata de boquilla, por desgracia, no quiere enterarse de qué cosa oculta la casta política. Prefieren cerrar los ojos ante la irresponsabilidad organizada por los dos grandes partidos. No quieren reconocer que socialistas y populares han contribuido a destruir la nación y, por supuesto, están desmantelando el Estado. En esa circunstancia, bajo el arco en ruina como diría Ortega, nadie puede sorprenderse del desánimo general que cunde en la sociedad civil más desarrollada de este país.

Menos mal que el espíritu del tiempo, de estos desgraciados tiempos antidemocráticos, no ha arruinado todavía la capacidad de oposición de algunos sectores de la sociedad; así, cabe recordar que la verdadera política ha traspasado, en España, los ámbitos de los parlamentos y partidos políticos para instalarse, por un lado, en la movilización ciudadana contra determinadas leyes socialistas que deslegitiman la Constitución, y, por otro lado, algunos medios de comunicación un día sí y otro también están poniendo en evidencia que las formas institucionales existentes son inviables, o peor, están muertas para configurar una voluntad democrática de calidad.

El divorcio entre la casta política y la sociedad más desarrollada es cada vez más grande. El sistema democrático agoniza. Zapatero insiste en que "no dejará a nadie en la estacada" y Rajoy espera. Los estudios demoscópicos siguen expresando lo obvio: avanza el PP y retrocede el PSOE. Los datos son incontestables. La crisis económica hace más daño al partido del Gobierno que a la oposición. Quizá Rajoy gane las próximas elecciones. Y, sin embargo, la oposición de Rajoy no ilusiona. Tampoco lo pretende. A él sólo le cabe, dicen sus exegetas, esperar. Saber esperar es lo único que le importa. Rajoy es un "hombre de espera". Escucha, piensa y toma nota. ¿A qué conduciría otra cosa? ¿Seguir los consejos de quienes le piden un "auténtico discurso" contra la crisis, con fórmulas pedagógicas sobre los sacrificios que todos tendremos que soportar no es muy recomendable para ganar votos? Para Rajoy es suficiente con repetir la cantinela: hay que reducir el déficit y reestructurar el sistema financiero.

Eso no es suficiente. Quizá sirva para ganar unas elecciones, pero ahora se trata de otra cosa más importante: es menester entusiasmar a millones de seres humanos. Es la hora de hacer política. De tener una idea clara de Estado en una nación. Algo, en fin, capaz de ilusionar a millones de seres humanos en un proyecto común. Sin ese cristal de la política es imposible alcanzar una sociedad más civilizada.

http://libertaddigital.com/opinion/agapito-maestre/el-cristal-de-la-politica-53536/

Jose Carlos Rodriguez, TDT

lunes 1 de marzo de 2010
Desde la cofa
TDT
José Carlos Rodríguez
El hecho de que cuanto más libre ha sido la creación de medios de comunicación, más lugar haya habido para el centro derecha en España es el motivo de tanto encono de El País.

La tienda de LD2010-02-28Imprimir Enviar Corregir Comentar El diario El País tiene una relación incómoda con las sociedades abiertas y plurales. Es la incomodidad que le causa al diario su mera existencia. Resulta que no todo el mundo canta al son del periódico y ello le causa a él y a nuestra izquierda un desasosiego insoportable. El periódico de la izquierda global en español disimula lo que puede. Pero de cuando en cuando se desahoga, y si bien no puede cambiar la realidad a su gusto, aunque lo haría de buen grado, por lo menos deja bien claro lo que piensa de ella.

Lean el artículo TDT, Trinchera Digital Terrestre, de Antoni Gutiérrez-Rubí. Es un ejemplo perfecto del pensamiento de izquierdas. Identifica las ideas con los sentimientos, y por tanto para él quienes no forman parte de la grey socialdemócrata son, básicamente, malas personas cuya principal característica, en política, es el odio. Si un periodista da su opinión y es contraria al Gobierno socialista, lo que está mostrando no son ideas, sino "el odio irracional hacia el adversario". Y frente a un sentimiento total como ese, ¿cabe ejercer el pensamiento? Gutiérrez-Rubí no lo necesita, claro está. Le vale con ejercer ese recurso que concentra el 80 por ciento de la dialéctica de izquierdas de las últimas décadas, colgar el prefijo "ultra" a todo lo que se menee fuera de la izquierda. Eso, y una buena dosis del sentimiento que él achaca a la derecha.

El artículo recoge otras prácticas habituales en la izquierda. Por un lado muestra, con toda claridad, que en su opinión no ser de izquierdas es un pecado vergonzoso, una mancha en el alma que se debía curar o, al menos, esconder. Se frota los ojos cuando comprueba que hay medios de comunicación que son "abiertamente conservadores". Tolera a la derecha, nadie le acuse de lo contrario, pero a la "derecha democrática". No hay una "izquierda democrática", porque toda la izquierda es democrática, ya saben. Recuerdo los elogios de El País a Eric Honecker. Esta derecha-pero-democrática no es la que tiene presencia en los medios de comunicación y que se expresa con más libertad de la que desearían el diario y su articulista.

Hay un fondo de verdad en el artículo. Hubo un tiempo en que al grupo Prisa le bastaba sacar la chequera para comprar a sus competidores, como hizo con Antena 3 Radio. Se mueve bien en el mundo de las licencias ("no hay cojones en España para negarme una televisión"), donde se comercian favores políticos. Eso sí que es la "técnica de ocupar y expulsar" de la que habla Gutiérrez-Rubí. Con la TDT la oferta es muy amplia, mucho más de lo que desearía este experto en comunicación. Y en internet, el otro objeto de su diatriba, ni siquiera hay licencias. Tú llegas y creas un periódico sin permiso de la autoridad. Un escándalo. El hecho de que cuanto más libre ha sido la creación de medios de comunicación, más lugar haya habido para el centro derecha en España, que eso es lo que refleja el artículo, es el motivo de tanto encono.

José Carlos Rodríguez es miembro del Instituto Juan de Mariana

http://libertaddigital.com/opinion/jose-carlos-rodriguez/tdt-53540/